acerca de la noche 16 (criaturas nocturnas)

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Sorprendentes mariposas nocturnas,

polillas

que todos espantan y aborrecen.

La belleza bronca de sus alas ¿quién la aprecia, quién la adivina siquiera?

En su organismo, todo prescinde del sol,

nacen para reinar en la oscuridad.

¿Cómo entenderlas?

De espaldas a la noche

que les brinda sus cielos

donde riñen estrellas y luciérnagas,

enloquecidas,

se agotan hasta morir

a los pies de un impertinente bombillo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

acerca de la noche (15)

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Si fueron tus ojos no lo sé,

tu boca dijo algo

prohibido,

murmuraban las salivas,

y alertó los senos que te nacieron en mis manos;

tus manos ¿qué buscaban?

tu piel se desplegó,

tu vientre,

¡cuántos caminos!

Me incliné hacia tu sombra

para abrir tus labios nuevos:

dejaron de sonar las horas,

mi lengua lamía

tus cuencas húmedas.

¿Dónde los puntos cardinales? no lo sé,

pero tus muslos conocían  mi destino,

arrastraban mi cuerpo todo hasta tu entraña.

En tu sexo una vegetación ignota,

ya madura,

impelía mi sexo con

su oscuridad señera.

Dejábamos de ser nosotros

para saber quiénes éramos

arrancándole a la noche

que gemía en tu garganta

algún oráculo…

tu feminidad, mi hombría.

¿Cuál fue tu nombre? No lo sé, pero guarda

a cambio del peligro triste y fugaz de mi simiente

el temblor definitivo

que devolvía el alba a su inocencia.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

Acerca de la noche – 14

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Después de las doce, la noche se ponía sus máscaras:

los hombres sumaban su propia oscuridad

00000000000000000000a la oscuridad tramposa de las calles.

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Frío el aire del acero, y el añil cortante,

falsos los silencios al pie de la cuesta.

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De pie, detrás de cada árbol, los peligros hacían temblar

la incertidumbre en la cara de todas las monedas, pero

la edad de los indultos que nos guiaba nos llevaba de vuelta a casa,

indemnes,

ahítos,

el ánimo despierto, hecho un rebrujo.

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Entendíamos así que aquella oscuridad que empollaba el día,

empollaba también su luz,

0000nuestras laceraciones,

00000000todos los anhelos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

acerca de la noche (13)

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Para entonces la medianoche era una hendija por donde desaparecían las horas,

un cenit latente que saldaba la cuenta del tiempo.

Era también una ilusión y una pregunta,

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pues éramos niños, sí,

y las doce campanadas sonaban solo por el ojo oscuro de los sueños.

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Crecer, crecer,

echar abajo los tabúes, las fronteras.

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Si por aquella brecha alimentaban nuestra inocencia

con el óbolo enmascarado que custodia las infancias

¿qué regalaba la medianoche a los adultos?

¿de qué batallas o ebriedades era el campo?

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¿Era una puerta

por donde la oscuridad brindaba otra luz,

un hito en que los cuerpos quebraban su medida,

un grito acaso?

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La medianoche nos llamaba

y desde su infinito de afueras nos sacudía por dentro,

como un badajo, la imminente adolescencia.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

Acerca de la noche (12)

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Eran negras las sotanas,

la pólvora que oscurecía el aire de los colibríes,

y los socavones donde los dioses ocultaban las codiciadas heces,

y el hierro y el látigo,

negra la tinta voraz de sus leyes.

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A la luz que iluminaba nuestra historia la llamaron tiniebla,

a nuestros temores, infierno.

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Lo arrasaron todo.

En los glóbulos ruines de la sangre

nos legaron su laberinto de pecados,

la tentación de la bajeza,

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y al despojarnos de nuestra propia oscuridad,

nos despojaron de todas las albas.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

acerca de la noche (11)

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A veces era urgente la fabricación de la noche:

trepar en lo alto de los clóseres,

sumergirse en el canasto redondo de la ropa

y encerrar con los ojos la penumbra,

contravenirla.

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Una noche

cuyo infinito sometido a nuestro antojo

se volvía manso, efímero como un escondite.

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Una infracción tan solo,

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mientras la noche, apretando sus escamas,

trenzaba a solas la oscuridad de su arcón.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016