acrílico con chiquilla (poemas urbanos)

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1

Frente al paso peatonal, al borde de la acera

una pequeña niña espera la luz verde.

No hay coches,

y aunque todo en ella revela desparpajo y porfía,

en su interior, la voz terminante de sus padres

serpentea entre sus sienes al compás de la libertad.

.

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2

Frente al paso de cebra una chiquilla espera,

atenta a la silueta verde del semáforo.

Yo la miro desde el otro andén.

Si nadie conoce el dictado de su imaginación,

su tensión revela la inminencia de alguna hazaña.

Yo me preparo también

preguntándome cuándo empecé a morir.

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leonardo torres londoño, poemas a la manera norteamericana, 2017

acerca de la noche (18)

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Corro los postigos y la luz del día no aparece,

pese a la desmañada figuración sol.

Las flores abrieron, es verdad,

las gentes empujan, cansinas, su rutina pues

los relojes echaron a correr antes del alba.

Y el alba pasó y no hay luz.

« Será el invierno », me digo, mirando el calendario

y en el cielo gris lo gris de su deshoje;

« o mis ojos, quizás », cuyo horizonte boga hacia las sombras.

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Del mundo llega un eco: tal parece que

la historia no deja de nacer entre descombros,

sin lograr saciar la indiferencia.

Las ciudades se vuelven ruinas sin mediar el tiempo,

la locura aupando a la avidez y a la miseria hasta dejar solo

el cascarón del hombre, su corazón ausente.

Y muerte y luto y la orfandad preñada.

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A lo mejor, en medio de las llamas, todo es oscuridad

y la luz empieza allí donde crepita, señera, alguna voz.

Pero ¿dónde?

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

buitres y poesía

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De niño,

en la finca paterna donde íbamos a veranear

(Villeta, Cundinamarca),

pasaba mucho tiempo contemplando en el cielo el círculo paciente de los gallinazos.

Cuando se reunían tres o cuatro en torno a alguna corriente de aire,

la imaginación, acicateada por los westerns del cinematógrafo,

esbozaba reses muertas, alguna mula arrastrada por la corriente del río.

Nunca la probable realidad de una iguana, alguna comadreja, un ratón muerto.

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Por ese entonces las palabras solían imitar el vuelo de los buitres,

trazando círculos invisibles alrededor de una frase que nacía con dificultad,

antes de descender o desaparecer simplemente sin más huella.

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Nunca supe porqué la fascinación que me procuraba la majestad irónica de aquellas aves carroñeras

no se detenía allí, sin más, y

conducía, cada vez, a la poesía.

Tampoco sé qué traducía de aquella realidad banal,

ni recuerdo qué decía la emoción cristalizada en las primicias del lenguaje.

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Ahora

las palabras repiten, solas, aquella ceremonia

y suelen caerle a picotazos a mis poemas muertos.

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leonardo torres londoño, 23 de diciembre de 2016 (a la manera nortemericana)

poema inspirado en la bella película « Paterson » de Jim Jarmusch

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SEGUNDA VERSION

De niño,

en la finca paterna donde íbamos a veranear,

(Villeta, Cundinamarca)

pasaba largos minutos contemplando en el cielo el círculo paciente de los gallinazos.

Cuando se reunían tres o cuatro en torno a alguna corriente de aire,

la imaginación, acicateada por los westerns del cinematógrafo,

esbozaba reses muertas, alguna mula arrastrada por la corriente del río.

Nunca la escueta realidad de una iguana, alguna comadreja, un ratón muerto.

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Por ese entonces las palabras solían imitar el vuelo de los buitres,

trazando círculos invisibles alrededor de una frase que nacía con dificultad,

antes de desaparecer sin más huella.

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Nunca supe porqué la fascinación que me procuraba la majestad irónica de aquellas aves carroñeras

no se detenía allí, sin más, y

conducía, en cambio, cada vez, a la poesía.

Tampoco sé qué traducía de aquella realidad banal,

ni recuerdo qué decía la emoción cristalizada en las primicias del lenguaje.

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Ahora

las palabras repiten, solas, aquella ceremonia,

pero solo el silencio desciende

para caerle a picotazos a mis emociones muertas.

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leonardo torres londoño, poemas a la manera norteamericana, 2016

poema inspirado en la bella película « Paterson » de Jim Jarmusch

3 de Octubre (el día del no)

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« el gallo pinto se durmió,

esta mañana no cantó,

todo el mundo espera su cocoricó,

el sol no salió porque no lo oyó ».

canción infantil

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Las frutas amanecieron amargas en las ramas:

hay niebla en su pulpa,

resaca de cenizas es su almendra.

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Estaban listos los costales, las agujas de enfardelar, las enjalmas.

Desde el sueño las manos madrugaban febriles a la cosecha.

Por el aire siete aromas.

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Era la víspera y nadie más cantaba en las subastas de la muerte.

Los frutos esperaban cumplir su promesa en la amnesia de los paladares.

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¿Con qué tinieblas se nutrió el rocío

para amputarle a la aurora sus colores?

¿para acibarar toda dulzura?

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La misma vieja hiel,

racha de hielo,

torva, bruna hasta los huesos,

la bilis que agasaja el cañón y los puñales,

la misma vieja larva agazapada en las pepitas.

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El odio llamó a rebato,

Por el aire las alertas.

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Se amilanó la savia

¡ni un paso más! Un, dos, tres ¡estatua!

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Los tazones mañaneros arrecian de amargura

y es que no cesa la noche y todo está suspenso

y no hay canto ni fruto ni mañana que regrese.

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Leonardo Torres Londoño, obra en obra, 2016

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Poema escrito pensando en la paz

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VERSION 3

Yo no tengo banderas para poner en mi ventana;

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desde aquí contemplo la majestad indiferente de los paisajes; escrutando un poco más reconozco,

su propensión al ensueño,

sus pesadillas.

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Hasta ayer llegaba su tumulto

amenazante y también el olvido.

Distinguía los ruidos que hace el odio al revelarse,

el crepitar inflamable del dolor,

su prole. La guerra.

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Hoy hay algo que se mueve:

han de ser los hombres que aprisionaban el paisaje,

dejando en paz, por fin, los nidos de los pájaros.

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Yo sé que tengo que abrir mi ventana,

darles señas para encontrar el camino y,

deshacerse de su letal impedimenta.

Que vengan a enterrar la muerte que sirvieron.

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Como no tengo bandera

pondré un cuenco en el alféizar

con aguas duras del páramo

para quitarse tanto horror de las manos, y

después de envolver en un pañuelo mi temor y mis cuchillos,

levantar la vista y esperar que un paisaje se dibuje de nuevo.

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PRIMERA VERSION

Yo no tengo banderas para poner en mi ventana;

desde aquí contemplo los paisajes que me enseñaron a mirar

y envolvieron mis palabras con sus voces;

escrutando un poco más reconozco su majestad indiferente,

su propensión al ensueño.

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Llega un tumulto también

que me amenaza y luego olvido.

Distingo los ruidos que hace el odio al expresarse,

el crepitar inflamable del dolor,

su prole.

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Han de ser los hombres que aprisionaban los paisajes,

mis hermanos,

dejando en paz, por fin, los nidos de los pájaros.

Y sé que tengo que abrir mi ventana,

a lo mejor darles señas para encontrar el camino y,

como no tengo bandera,

buscar un cuenco para, antes de abrazarnos,

quitarnos tanto horror de las manos y la cara.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

2 de octubre de 2016 : plebiscito por los acuerdos de paz en Colombia

acerca de la noche 16 (criaturas nocturnas)

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Sorprendentes mariposas nocturnas,

polillas

que todos espantan y aborrecen.

La belleza bronca de sus alas ¿quién la aprecia, quién la adivina siquiera?

En su organismo, todo prescinde del sol,

nacen para reinar en la oscuridad.

¿Cómo entenderlas?

De espaldas a la noche

que les brinda sus cielos

donde riñen estrellas y luciérnagas,

enloquecidas,

se agotan hasta morir

a los pies de un impertinente bombillo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016