acerca de la noche – 43

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He penetrado en la noche

sin saber por dónde.

¿Fue por el aire acaso,

Confundido por artilugios de la bruma ?

¿Fue a través de las luces,

cuyo disfraz venció

la fluctuación de mis pupilas ?

¿O por las horas

que no supieron dar las siete

al cambiar por oropel sus meridianos?

¿Cómo fue que penetré en la noche

sin saberlo ?

¿Entré engañado por la lluvia,

que en el último instante abortó los arcoiris ?

¿Por su entraña, tal vez,

hipnotizado por el pulsar sediento del crepúsculo ?

¿Me tomó de la mano, me dio la llave

a través del haz lechoso de la muerte ?

¿Fue una puerta la memoria? ¿el umbral, algún presagio ?

He penetrado en la noche

Y sin saber por dónde.

Y así voy oscuro por la penumbra

Y sin saber a dónde.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

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acerca de la noche (42)

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La noche ha penetrado en mí

¿fue por los ojos

que temerosos de perder el camino

intentaban memorizar las antorchas del ocaso ?

¿Fue por la boca

que te buscaba bajo los árboles al pie de las aceras?

¿Fue por el grito ?

¿Fue acaso por los poros

abiertos al frío, abiertos al temblor carnal de la sorpresa?

¿Fue por el pecho

estremecido por el caudal creciente de sus tambores?

¿Por la espalda fue, sin miramientos, noche zaína?

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

acerca de la noche – 41

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Esta oscuridad también es mía.

Años de atesorarla con paciencia,

depositándola en mis alveolos secretos,

a veces al margen de la tarde,

gracias, a veces, a su abrigo.

 

Miel que me alimenta a solas

y distila un alcohol que me nubla

y me silencia.

 

Sabores idos, infancias ya digestas,

corolas ¿de qué jardín que heredé

y sigue siendo ajeno ?

 

Si contemplo la noche es para aprender

qué hacer con las estrellas.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

 

 

acerca de la noche – 39

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Hay días en que soy yo la noche. 

Miro alrededor: gentes endurecidas en su faena,

atareados en conservar viva la llama esquiva de su jornada

sin importarles qué sustancia de sí mismos se consume.

Las puntas aceradas del sol, del cielo azul,

imponen la ventura estival del espejismo.

Yo, torvo, ceniciento,

punzado por el desorden tenebroso de la entraña

escarbo a la sombra mis muladares.

Nadie se da cuenta.

Voy hacia mí mismo

consumiendo los leños inoportunos de la ternura.

La oscuridad abrasa.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

acerca de la noche 38

38

« y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.”

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Y llamó a la luz día

y la palabra día usurpó a la noche primogénita,   

nacida en los abismo sin dios,

su mayorazgo.

No tuvo con la mitad del todo,

quiso también la noche en encomienda,

contenerla, condenarla,

hacerse con el alba y los ocasos,

saberse dueño de las puertas que, abiertas a sus espaldas,

se adentran en el azul sutil de otros infinitos.

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Acaso el día pretende domeñar

las cuentas de la luna,

arrogarse la voz que rompe la penumbra

cuando el deseo tañe y resuena la piel,

la luz que al sol acallan las estrellas,

el aliento juguetón entre las cosas y la sombra, 

el rasguño del fantasma en los anjeos,

la cerrazón de los hombres en medio de sus sueños,

acapararlo todo 24 veces,

ser noche cuando es tan solo día,

luz plena, impudicia.

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¿Qué temía el escriba al relegarla a otros calendarios?

¿Revelaba acaso el hollín que nos tiñe? ¿la forja que nos templa?

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¿Qué dice de lo que acaso somos,

qué árbol del paraíso hunde en secreto las raíces en su entraña?

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

acerca de la noche – 37

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La noche llora cuando el alba llega,

me decían :

un llanto quedo y sin orgullo

cubierto por el ruido de los pájaros

como una despedida inútil, redundante.

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Yo salía a mirar

y en los prados me parecía ver las lágrimas

todavía frescas, todavía frágiles, enteras,

que la noche, en cada hoja, ofrecía sin pudor al vigor de la mañana.

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Y desde entonces no he dejado de pensar que de verdad llora

y es la tierra quien recoge aquel óbolo diario

que, al desvanecerse en el desdén del día,

no alcanza nunca a detener la pena,

no alcanza siquiera a detener la arremetida del desierto.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018