el amor de la poesía (divertimento)

Después de amarte

salí a las calles

con las palabras

que me dijiste.

000

Las fui gritando

por el camino,

eran tan libres,

tan descarriadas.

000

Allí va el loco

de las palabras,

decían las gentes 

muy circunspectas.

000

Después cerraban

todas las puertas

y repetían

cada palabra.

000

Me persiguieron,

me denunciaron,

vinieron jueces,

autoridades.

000

No hallaron culpas,

ningún delito.

Unos a otros

se cuchilleaban.

000

Vino el loquero

del manicomio :

rayos, centellas

entre mis sienes.

000

Volví ya tarde,

loco, reloco,

con mil ausencias

en mi cabeza.

000

Tú me esperabas,

tu cuerpo abierto

y te inventaste

nuevas palabras.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2021

Como un eco de Jotamario, resuena en mi memoria Simona Coral

ruiseñor

Entre la estación y mi casa

hay un pequeño sendero

rodeado de jardines.

Esta mañana

un ruiseñor cantaba

pero la gente siguió su camino, 

indiferente a su improvisación.

¿A quién le interesa el canto de un ruiseñor

una mañana de trabajo?

Yo me detuve.

Quiero pensar que fui su único auditorio.

¿Tenía algo que decirme

a sabiendas que no podría interpretarlo?

Lo escuché,

indiferente a los trenes y a los coches

y a la rutina imperiosa.

No puedo decir el motivo 

de su trino tan variado.

A lo mejor sólo afirmaba

que los ruiseñores cantan todavía

aunque nadie los escuche.

Y me sentí obligado a repetirlo

aunque nadie me lea.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

Homenaje a Samuel Paty

Era uno de los nuestros,

ayer estaba entre nosotros, 

era uno más en medio de nosotros.

Dio un paso, su saber frágil por delante,

en sus manos llevaba semillas de libertad.

El combate que libramos

no necesita otras armas.

.

Una lluvia de flechas envenenadas por el odio

cayó a sus pies.

Luego, la cimitarra asesina surgió

de la vaina ciega de la estulticia.

.

Y cayó.

Él, que era uno de los nuestros.

.

No hay que equivocarse:

su muerte no es una lección:

Debemos coger las semillas dispersas

y continuar, rectos, en la luz,

nuestra siembra imprescindible.

.

A la memoria de Samuel Paty, profesor asesinado y decapitado en Francia por un fanático islamista.

.

(versión original del poema)

Il était l’un des nôtres,

hier il était parmi nous, un parmi nous autres.

Il s’était avancé, son savoir fragile en avant,

quelques graines de liberté dans ses mains.

Le combat que nous menons

n’a pas besoin d’autres armes.

.

Une pluie de flèches haineuses

est tombé à ses pieds.

Puis, le cimeterre assassin est sorti

de l’aveugle fourreau de la sottise.

.

Et il est tombé.

Lui, qui était l’un des nôtres.

.

Il ne faut pas se méprendre :

sa mort n’est pas une leçon :

Nous devons cueillir les graines éparpillées

et poursuivre, droits, dans la lumière, 

nos semailles imprescriptibles.

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Leonardo Torres Londoño, obra en obra, 2020

Señor de las tinieblas

.

El señor de nuestras tinieblas está sentado en su hacienda

contemplando sus bestias.

Los amansadores van y vienen bajo su mirada escrutadora,

experta.

Los caballos pasan por el picadero exhibiendo su pelaje, su brío,

su paso fino.

.

El señor de nuestra tiniebla no tiene preocupaciones,

Sólo de vez en cuando una mosca zumba en sus oídos,

y entonces parpadea,

y cuando parpadea, alguien en algún lugar de nuestro vasto territorio cae,

hay un disparo en la montaña,

se abre una fosa secreta,

hay llanto

y mucho mucho silencio.

.

Las cosechas de sus sembradíos

alimentan con osarios sin nombre

cementerios ignotos.

Sus esbirros hacen alarde del odio que tienen por bandera

y en su bandera llevan la metralla.

.

Nuestra tiniebla es espesa,

sin perdón,

no para de crecer.

Cuando alguien, un hombre, una mujer

cansados,

alzan los brazos, dicen basta,

no tienen tiempo de gritar,

la tiniebla se hace cargo

enviando a sus jinete despiadados,

no perdona.

.

Nuestro señor de la tiniebla

calla,

él ama el silencio,

los trinos,

y el relincho de sus bestias.

.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

escrituras 2

.

Cuando escribo

cierro las puertas, 

aseguro los postigos.

No quiero que las palabras vean 

lo que soy por dentro

porque lo dirían si me vieran

cuando escribo.

.

Me dan miedo las palabras,

bogando siempre entre verdad y mentira,

salameras correvediles

metiéndose allí donde no las llaman,

capaces de sacarle a uno los cueros al sol

si uno las deja.

.

Yo bajo las persianas

y escribo con las penumbras del silencio.

En cada verso me callo,

me escondo detrás de sus bambalinas retóricas.

Me callo y espero.

.

Y es que me dan miedo las palabras

porque son como mías;

si las pusiera en el poema

me quedaría a la intemperie

mirándome el pellejo inerte,

.

y ya no tendría cómo cubrir

verdades con mentiras,

se me cerrarían las falsas puertas,

los apartados,

.

y lo peor,

sería tanta la bulla

que no me quedaría ni el silencio.

.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

escrituras 1

Quisiera escribir como si no se conocieran las palabras,

como si nadie las hubiera distinguido aún de la materia

indiferente de las cosas, del paso de los días, de lo hecho,

de los cuatro elementos, como si fueran parte inseparable 

del amor, del frío, de los hierros del recuerdo.

.

Habría que atacarlo todo, a golpes, aprender de los mineros,

sería necesario trillarlo todo en el molino,

ablandar la consistencia de todos los entornos,

masticar la médula hasta danzar en el mosto de los huesos.

.

Y amasar, amasar, amasar.

.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

poema de fin de fiesta

Descolgué los festones de la fiesta, 
descoloridos por la lluvia, por el sol puntual del verano. 
El jardín ha vuelto a su desorden:
Ya nada lo engalana a no ser 
las hojas secas o alguna flor desorientada. 

La euforia retornó a su cauce discreto 
al apagarse los últimos faroles. 
Quedan voces, risas, instantáneas… 
la memoria irá poniendo algún destello en los relatos. 

Pues no sabemos nunca lo que queda  
hasta que un día las palabras,
hechas del humus de las cosas

y de la fértil ceniza que deja

la madera sutil de la alegría,

acuden a contarlo. 

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

dependencias (2a versión)

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Por la noche a mi casa le crecen extrañas dependencias.

Cuando el silencio ahuyenta cada decibel impropio y la vigilia cede al cabo de varios cabeceos, el sueño, celoso cancerbero, se entrega a su tarea.

Abre una puerta aquí, allá una ventana, ablanda en un instante las paredes que descorre como velos de cortinas…

yo lo sigo, penetro en espacios que siendo familiares desconozco.

Alcanzo a oír a un yo distante hacerse alguna vana y lógica pregunta

pero prosigo, de aposento en aposento,

con mis labores sonámbulas de las que poco entiendo,

como el público que sirve de comparsa incauta al prestidigitador astuto…

Yo sé que es mi casa,

aunque acudan siluetas sin que yo las invite.

Hay algo mío aquí,

lo sé, 

aunque no sepa ni qué ni cuándo,

en lo borroso de esos como espejos,

en el extraño y lento y semoviente mobiliario. 

Soy yo el que ocupa, intermitente, estas habitaciones que no pueden estar en las palabras.

Las piezas secretas de mi casa, abiertas al azar de los sueños,

caprichosas, habladoras,

espacios cuya luz no depende del ciclo de los astros,

donde hay algún enigma por resolver,

algo que buscar, ¡quién sabe!

y no sabemos o no queremos encontrarlo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

dependencias

.

Por la noche a mi casa le crecen extrañas dependencias.

Cuando el silencio ahuyenta cada decibel impropio

y la vigilia cede al cabo de varios cabeceos,

el sueño, celoso cancerbero, se entrega a su tarea.

Abre una puerta aquí, allá una ventana,

ablanda en un instante las paredes que descorre

como velos de cortinas…

yo lo sigo, penetro en lugares

que siendo familiares desconozco.

Alcanzo a oir un yo distante, 

maravillado por la superficie,

hacerse alguna vana y lógica pregunta,

antes de quedarse rezagado.

Pero yo sigo, de aposento en aposento,

con mis labores sonámbulas, 

de las que poco entiendo,

como el público que sirve de comparsa incauta

al prestidigitador astuto…

Yo sé que es mi casa,

aunque acudan siluetas

sin que yo las invite.

Soy yo el que ocupa esos espacios

que no pueden estar en las palabras.

Hay algo mío en ellos,

lo sé, 

en esos como espejos,

en el extraño mobiliario

que el onirismo rige.

O soy yo de otra manera,

o alguno de mis sueños verdaderos…

Espacios cuya luz no depende

del ciclo de los astros,

donde hay algo que buscar

y no sabemos encontrarlo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

poema del desarraigo 2bis

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Ahora puedes sopesar cuán ligero fuiste

al constatar que por aquellas trochas 

desamparadas por la distancia

se colaron tantos muertos…

aquellos que te dieron la sangre sin que tú la devolvieras,

y los otros, los que pones en el ojal de tu escritura,

tan ajenos a tu vida,

o los hilos que dejaste sueltos, sin raíces,

y crecen dentro de ti como las uñas bajo la tierra.

Todo aquello que 

en los calendarios tornasolados de tu indiferencia

muere,

haciendo que la luna de la orfandad

gire y gire a tu alrededor 

como un antiguo reclamo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2020