acerca de la noche (13)

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Para entonces la medianoche era una hendija por donde desaparecían las horas,

un cenit latente que saldaba la cuenta del tiempo.

Era también una ilusión y una pregunta,

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pues éramos niños, sí,

y las doce campanadas sonaban solo por el ojo oscuro de los sueños.

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Crecer, crecer,

echar abajo los tabúes, los fronteras.

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Si por aquella brecha alimentaban nuestra inocencia

¿qué regalaba la medianoche a los adultos?

¿de qué batallas o ebriedades era el campo?

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¿Era una puerta

por donde la oscuridad brindaba otra luz,

un hito en que los cuerpos quebraban su medida,

un grito acaso?

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La medianoche nos llamaba

y desde su infinito de afueras nos sacudía por dentro,

como un badajo, la imminente adolescencia.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

Acerca de la noche (12)

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Eran negras las sotanas,

la pólvora que oscurecía el aire de los colibríes,

y los socavones donde los dioses ocultaban las codiciadas heces,

y el hierro y el látigo,

negra la tinta voraz de sus leyes.

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A la luz que iluminaba nuestra historia la llamaron tiniebla,

a nuestros temores, infierno.

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Lo arrasaron todo.

En los glóbulos ruines de la sangre

nos legaron su laberinto de pecados,

la tentación de la bajeza,

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y al despojarnos de nuestra propia oscuridad,

nos despojaron de todas las albas.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

acerca de la noche (11)

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A veces era urgente la fabricación de la noche:

trepar en lo alto de los clóseres,

sumergirse en el canasto redondo de la ropa

y encerrar con los ojos la penumbra,

contravenirla.

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Una noche

cuyo infinito sometido a nuestro antojo

se volvía manso, efímero como un escondite.

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Una infracción tan solo,

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mientras la noche, apretando sus escamas,

trenzaba a solas la oscuridad de su arcón.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

individuación

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Al bajar del tren de cercanías,

la muchedumbre, el andén estrecho,

en cada reloj la inmediatez de la hora.

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Entono en mi mente una tonada:

el llano responde, lejos.

y aunque no pueda oírlo,

(esto sí lo sé)

yo soy el único que la canta.

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leonardo torres londoño, obra en obra (lo que cae del cielo), 2016