acerca de la noche (24)

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La noche, es su rutina,

desvanece con método los muebles, su memoria incluso,

el perfil irónico de los objetos.

En su lugar, la oscuridad fraudulenta que acapara el espacio

nos reta.

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leonardo torres, obra en obra, 2017

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acerca de la noche 21 (comienzo)

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Yo sé de ríos negros

por los que viaja la noche,

de arenas grises donde tiende al sol

su secreta lascivia;

he sentido sus peces,

plata oscura,

dormir bajo las piedras

y abrazados a ella ignorar la muerte;

he cruzado a vado

la corriente que trastorna

el gris del viento y adormece las brújulas

que buscan en la diagonal triste de la orilla un horizonte,

los remolinos donde la noche se recrea

y baila y se inventa con el barro nuevos avatares.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche 22

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La noche me dijo:

quítale el cerrojo a tu oscuridad y vente conmigo.

Entrelazados hasta alcanzar las fronteras del alba

seré, como todo buen camino, tu compañera.

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La ciudad que ha tendido a mi sombra los hilos

donde colgar los esguinces al pasado,

afila en los zaguanes el acero de sus luces:

pronto se rasgarán las máscaras del día

y perderán su lastre y derrotero las palabras.

La sangre absorberá la levedad de otros colores.

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Es hora,

la fábula te espera

y en las marismas de ti mismo

te espera también la pesadilla.

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Los espejos ondulantes del amanecer dirán

si llegaste a ser otro, si sigues siendo el mismo.

Y el estado de los cerrojos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche 16 (criaturas nocturnas)

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Sorprendentes mariposas nocturnas,

polillas

que todos espantan y aborrecen.

La belleza bronca de sus alas ¿quién la aprecia, quién la adivina siquiera?

En su organismo, todo prescinde del sol,

nacen para reinar en la oscuridad.

¿Cómo entenderlas?

De espaldas a la noche

que les brinda sus cielos

donde riñen estrellas y luciérnagas,

enloquecidas,

se agotan hasta morir

a los pies de un impertinente bombillo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

acerca de la noche (15)

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Si fueron tus ojos no lo sé,

tu boca dijo algo

prohibido,

murmuraban las salivas,

y alertó los senos que te nacieron en mis manos;

tus manos ¿qué buscaban?

tu piel se desplegó,

tu vientre,

¡cuántos caminos!

Me incliné hacia tu sombra

para abrir tus labios nuevos:

dejaron de sonar las horas,

mi lengua lamía

tus cuencas húmedas.

¿Dónde los puntos cardinales? no lo sé,

pero tus muslos conocían  mi destino,

arrastraban mi cuerpo todo hasta tu entraña.

En tu sexo una vegetación ignota,

ya madura,

impelía mi sexo con

su oscuridad señera.

Dejábamos de ser nosotros

para saber quiénes éramos

arrancándole a la noche

que gemía en tu garganta

algún oráculo…

tu feminidad, mi hombría.

¿Cuál fue tu nombre? No lo sé, pero guarda

a cambio del peligro triste y fugaz de mi simiente

el temblor definitivo

que devolvía el alba a su inocencia.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

Acerca de la noche – 14

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Después de las doce, la noche se ponía sus máscaras:

los hombres sumaban su propia oscuridad

00000000000000000000a la oscuridad tramposa de las calles.

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Frío el aire del acero, y el añil cortante,

falsos los silencios al pie de la cuesta.

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De pie, detrás de cada árbol, los peligros hacían temblar

la incertidumbre en la cara de todas las monedas, pero

la edad de los indultos que nos guiaba nos llevaba de vuelta a casa,

indemnes,

ahítos,

el ánimo despierto, hecho un rebrujo.

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Entendíamos así que aquella oscuridad que empollaba el día,

empollaba también su luz,

0000nuestras laceraciones,

00000000todos los anhelos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

Acerca de la noche (12)

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Eran negras las sotanas,

la pólvora que oscurecía el aire de los colibríes,

y los socavones donde los dioses ocultaban las codiciadas heces,

y el hierro y el látigo,

negra la tinta voraz de sus leyes.

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A la luz que iluminaba nuestra historia la llamaron tiniebla,

a nuestros temores, infierno.

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Lo arrasaron todo.

En los glóbulos ruines de la sangre

nos legaron su laberinto de pecados,

la tentación de la bajeza,

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y al despojarnos de nuestra propia oscuridad,

nos despojaron de todas las albas.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016