acerca de la noche (24)

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La noche, es su rutina,

desvanece con método los muebles, su memoria incluso,

el perfil irónico de los objetos.

En su lugar, la oscuridad fraudulenta que acapara el espacio

nos reta.

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leonardo torres, obra en obra, 2017

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acerca de la noche 22

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La noche me dijo:

quítale el cerrojo a tu oscuridad y vente conmigo.

Entrelazados hasta alcanzar las fronteras del alba

seré, como todo buen camino, tu compañera.

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La ciudad que ha tendido a mi sombra los hilos

donde colgar los esguinces al pasado,

afila en los zaguanes el acero de sus luces:

pronto se rasgarán las máscaras del día

y perderán su lastre y derrotero las palabras.

La sangre absorberá la levedad de otros colores.

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Es hora,

la fábula te espera

y en las marismas de ti mismo

te espera también la pesadilla.

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Los espejos ondulantes del amanecer dirán

si llegaste a ser otro, si sigues siendo el mismo.

Y el estado de los cerrojos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche (18)

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Corro los postigos y la luz del día no aparece,

pese a la desmañada figuración del sol.

Las flores abrieron, es verdad,

las gentes empujan, cansinas, su rutina pues

los relojes echaron a correr antes del alba.

Y el alba pasó y no hay luz.

« Será el invierno », me digo, mirando el calendario

y en el cielo gris lo gris de su deshoje;

« o mis ojos, quizás », cuyo horizonte boga hacia las sombras.

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Del mundo llega un eco: tal parece que

la historia no deja de nacer entre descombros,

sin lograr saciar la indiferencia.

Las ciudades se vuelven ruinas sin mediar el tiempo,

la locura aupando a la avidez y a la miseria hasta dejar solo

el cascarón del hombre, su corazón ausente.

Y muerte y luto y la orfandad preñada.

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A lo mejor, en medio de las llamas, todo es oscuridad

y la luz empieza allí donde crepita, señera, alguna voz.

Pero ¿dónde?

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

Acerca de la noche (12)

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Eran negras las sotanas,

la pólvora que oscurecía el aire de los colibríes,

y los socavones donde los dioses ocultaban las codiciadas heces,

y el hierro y el látigo,

negra la tinta voraz de sus leyes.

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A la luz que iluminaba nuestra historia la llamaron tiniebla,

a nuestros temores, infierno.

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Lo arrasaron todo.

En los glóbulos ruines de la sangre

nos legaron su laberinto de pecados,

la tentación de la bajeza,

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y al despojarnos de nuestra propia oscuridad,

nos despojaron de todas las albas.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016