acerca de la noche – 32

000

El suelo de la sabana es negro.

Los muertos que deshacen sus huesos

envueltos en lo negro de sus celdas,

todas hechas de raicillas y de sílices amorfos,

encuentran allí un rellano hacia el olvido.

000

(Tú lo sabes, madre).

000

La noche y la muerte comparten,

culpables,

una misma oscuridad,

el mismo veto.

000

Llega la noche,

se restriega.

En el subsuelo oscuro

de antiguas lagunas y cenizas,

las materias orgánicas fermentan su simiente,

000

y

como vástagos bastardos,

se alzan con el sol

líquenes, chusques,

ciudades y mortiños,

arcoiris de asfalto y hojarasca

que cubren con un festón

lo turbio de su origen.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

Anuncios

acerca de la noche 31

000

Se mueven con la noche que llevan por dentro,

se esquivan en las sombras

esquivando la luna, su reflejo en las charcas.

Grumos de sangre los empujan,

no dejan rastro,

salvo la muerte

que enmudece el aliento.

000

Los precede un rumor,

la urgencia de huir pero ¿cuándo?,

casas desiertas por el camino,

los gatos pardos,

y un silencio que mide las distancias

como un degüello.

000

Desde la oscuridad los guían,

les amañan la víspera,

les cubren las espaldas, los encubren,

calculan

el filo del machete,

les cargan la pólvora.

000

A nada le temen,

¿qué miran sus ojos?

van plantando sus cruces

sembrando necrosis.

Los campos se callan,

no hay gritos,

y el llanto que se oye a lo lejos, solo a lo lejos,

desde su sorda cerrazón nocherniega,

los cañones vacíos, la hoja enromada.

000

Viudas las viudas,

las casas desiertas,

todo en su sitio,

y los muertos muertos.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

acerca de la noche (30)

000

Mientras hablábamos

La noche era el árbol de la palabra.

Mientras hablábamos

como al abrigo de un frondoso y sabio mamoncillo,

Inmenso, como solo la noche sabe ser inmensa.

000

Bajo sus ramas incandescentes

sólo contaban

la exaltación de los verbos,

las piruetas que los adjetivos ensayaban

una y otra vez en el aire invisible,

ansiosos de impresionar

los nombres de las cosas que exhalaban,

como por descuido, su aliento más íntimo

para nombrar el mundo.

000

Plática donde todo era tensión y vértigo,

encanto o consentimiento.

Ebriedad sumada a la ebriedad.

000

Voces que entrelazadas

secretaban, al margen del bullicio,

estos hilos que remonto en cada pérdida,

en busca de un tejido germinal

donde intentar regenerar el camino.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

000

acerca de la noche – 29

000

La mañana se despliega por el cuarto,

Y en el estruendo matutino,

Con el último silbo del sereno, se va la noche.

Abres los ojos,

El oído se vuelve indiferente a la minucia,

Como si las hojas dejaran de caer

Y dejaran de crujir las maderas y las sábanas,

Y cesara el goteo de la verdad

Confinado en el insomnio.

El día nos hace sordos.

Todo lo invade, autoritaria, la mirada.

No hay más forma de saber del otro,

De saber si un eco responde alrededor.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

de la noche y de los ríos (21) poema completo

000

Yo sé de ríos negros

por los que viaja la noche,

de arenas grises donde tiende al sol

su secreta lascivia;

he sentido sus peces,

plata oscura,

dormir bajo las piedras

y abrazados a ella ignorar la muerte;

he cruzado a vado

la corriente que trastorna

el gris del viento y adormece las brújulas

que buscan en la diagonal triste de la orilla un horizonte,

los remolinos donde la noche se recrea

y baila y se inventa con el barro nuevos avatares.

000

Yo sé de ríos negros que la noche disfraza con sus aguas letales

mientras las lluvias golpean en el fastidio hipnótico de los ribereños

la tosudez de sus miserias.

En un instante se echan encima,

secuaces de una infame fechoría,

horda mineral de dragones hambrientos,

ni madre ni dios,

hinchándose el torrente de barro,

hinchándose la noche, insaciables,

destrozan los límites,

arrasan estribos y sementeras,

arrastran las cunas con su llanto adentro,

los gemidos, los rezos impotentes,

todo en un instante de fango y agua letal y piedras,

que deja en el limo de las orillas aleladas

y de gentes lelas,

la costra vieja de la vieja indiferencia.

000 Sigue leyendo

acerca de la noche 21 (ríos y noche) sexta y última

000

Yo bebí de un manantial

donde nació también, confusa, el ansia de la palabra.

Un manantial de piedra y de penumbra,

de presagios envueltos en la humedad de los helechos.

La luz descendía hasta allí en forma clandestina,

brillaba el pozo al contacto de sus labios.

La oscuridad, en ese entonces, la esperaba en las arenas.

De aquella cañada ¿qué queda?

Solo el aguacero, dicen, acude a revivirla.

Y si sé de ríos por donde corre con opacidad la muerte,

de las aguas negras de agonía,

de una incierta convalescencia,

yo sé también de ríos que van y vienen,

que van y vienen

bajo el sol, bajo cuantiosas lunas,

y que fuera de mi voz

desembocan en el olvido.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

acerca de la noche 21 (los ríos y la noche – quinta)

000

Yo supe alguna vez de la niñez al borde de los ríos…

Los domingos se demoraban alrededor del brasero

o contando los rebotes, todavía mágicos, de los guijarros sobre las aguas,

prohibidas a la sed,

donde algún arroyo venía a morir, abandonando en el torrente

la brevedad de su transparencia…

La luz huía también, pero no lo sabíamos:

tras el recodo que servía de horizonte

el río retornaba a su imposible monotonía

cargado de oscuridad y

un cansancio de otra edad se insinuaba

en el carbón tibio de la memoria.

Por las trochas de la cordillera bajaban

en tropel las sombras.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018