acerca de la noche (21) fragmento

ooo

Mocoa (Colombia)

 

 

 

 

 

 

 

Yo sé de ríos negros que la noche disfraza con sus aguas letales

mientras las lluvias golpean en el fastidio hipnótico de los ribereños

la tosudez de sus miserias.

En un instante se echan encima,

secuaces de una infame fechoría,

horda mineral de dragones hambrientos,

ni madre ni dios,

hinchándose el torrente de barro,

hinchándose la noche, insaciables,

destrozan los límites,

arrasan estribos y sementeras,

arrastran las cunas con su llanto adentro,

los gemidos, los rezos impotentes,

todo en un instante de fango y agua letal y piedras,

que deja en el limo de las orillas aleladas

y de gentes lelas,

la costra vieja de la vieja indiferencia.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

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acerca de la noche (20)

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Aquí está, la noche grande, aquí

en el cañón del río,

bajo el silbo inconsciente de los pájaros

y al abrigo del cielo:

cocuyos y no estrellas,

negras las hojas, el camino de piedra.

Aquí está la noche, digo, lo romo del silencio,

la noche que perdí

en la costumbre equívoca de las ciudades,

que se fue perdiendo en la persecución del día.

Espejismos aquí, laberintos allá.

No somos nadie

sin el filo de sus sombras

cuando el rumbo se hace instinto,

soledad señera,

y el yugo de la luz es mero temor, mero recuerdo.

La noche está aquí

moviendo entre las hojas sus abanicos,

me lo dicen mis pies inseguros,

la costumbre de dar pasos en falso.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

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Nota Bene : Si desea entrar en contacto con el autor del blog, sírvase dejar un comentario, que me permitirá escribirle.

acerca de la noche 19 (hombre lobo)

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La luna parece más intensa esta noche.

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En algún lugar

(no sabemos dónde, no sabemos cuándo)

un hombre la mira,

sale a su ventana y se pone a gritar.

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El miedo es de los otros.

El relato hirsuto también.

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Y a mi, que he dado la espalda a lunas más cercanas

y espero en la oscuridad del cielo un signo

para exhumar mi ansiedad,

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nadie me teme ni me escucha.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

llamado

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Este no es un poema,

no es más que un llamado de auxilio a las palabras,

un pedido de refuerzos contra las escaramuzas del silencio.

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Contemplo en el paisaje el cañón del río, sus mármoles,

el amarillo virtuoso de los pájaros.

Por las calles empedradas que recorro

el pasado va desocupando, sin más, las casas.

Me miro entre la gente,

disuelto casi, esperando oír mi nombre.

Aquí conviven infiernos y paraísos

que dejaron de ser y siguen siendo míos.

Acuden por fin, con el dolor y la sorpresa,

unas palabras apenas,

nacidas de la pena y la memoria.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

dos de enero (poemas urbanos)

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Dos de enero.

Esqueletos de pinos invaden las aceras:

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despojados de toda prestancia

esperan los recolectores de basura.

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Ni un solo rastro de sus atavíos navideños;

y hasta las más fieles de las hojas del bosque los han abandonado.

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No hace mucho fueron árboles. Ayer tan solo

eran el centro de la luz y de la dádiva.

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Pero es hoy, reyes depuestos que el fuego espera,

cuando exhiben aquello que aprendieron en compañía de los hombres.

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Solo que ya no queremos ni mirarlos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acrílico con chiquilla (poemas urbanos)

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1

Frente al paso peatonal, al borde de la acera

una pequeña niña espera la luz verde.

No hay coches,

y aunque todo en ella revela desparpajo y porfía,

en su interior, la voz terminante de sus padres

serpentea entre sus sienes al compás de la libertad.

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2

Frente al paso de cebra una chiquilla espera,

atenta a la silueta verde del semáforo.

Yo la miro desde el otro andén.

Si nadie conoce el dictado de su imaginación,

su tensión revela la inminencia de alguna hazaña.

Yo me preparo también

preguntándome cuándo empecé a morir.

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leonardo torres londoño, poemas a la manera norteamericana, 2017

acerca de la noche (18)

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Corro los postigos y la luz del día no aparece,

pese a la desmañada figuración del sol.

Las flores abrieron, es verdad,

las gentes empujan, cansinas, su rutina pues

los relojes echaron a correr antes del alba.

Y el alba pasó y no hay luz.

« Será el invierno », me digo, mirando el calendario

y en el cielo gris lo gris de su deshoje;

« o mis ojos, quizás », cuyo horizonte boga hacia las sombras.

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Del mundo llega un eco: tal parece que

la historia no deja de nacer entre descombros,

sin lograr saciar la indiferencia.

Las ciudades se vuelven ruinas sin mediar el tiempo,

la locura aupando a la avidez y a la miseria hasta dejar solo

el cascarón del hombre, su corazón ausente.

Y muerte y luto y la orfandad preñada.

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A lo mejor, en medio de las llamas, todo es oscuridad

y la luz empieza allí donde crepita, señera, alguna voz.

Pero ¿dónde?

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016