acerca de la noche – 28

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Uno se pone a contar sus noches,

como de niño contaba los botones del gabán,

uno a uno, temiendo equivocarse.

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La lista es larga

de oscuridades donde pusimos el fervor de la luz hasta apagarnos,

de barcas que yacen en el fondo oscuro por el agua que dejamos de achicar,

y de esmaltes deshechos en el peltre gris de las palabras

cuando la espalda fue más fuerte que la frente,

cuando el dolor del otro se quedó del otro

lado de las tapias.

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Aún quedan ojales por engarzar mientras todo se cierra:

tanto empeño en la miopía, se dice uno,

tantas derrotas frente a la penumbra,

el yugo de su sosiego por consuelo.

Cómo olvidar los falsos escondites,

las mentiras,

las metas que los calambres alejaron…

las distancias por dentro.

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se pone uno a contar sus noches

como una forma de buscar la luz,

y se nos va la vista en la tarea

de alcanzar nuestra propia mansedumbre.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

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acerca de la noche (26)

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La noche que lo cubre todo

nos deja al descubierto:

se desvanecen los abrigos,

todo es desnudez de luna,

lunar,

ojo inclemente.

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El blanco de las cicatrices parece luz de lumbre

y restallan en el aire los olvidos.

Las máscaras se deshacen a la intemperie

y si acaso un sueño desliza su sombra por el descampado

en que la oscuridad nos revierte,

el sueño llega a tiempo

y la barre y lo borra.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche 23

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La cañada quiebra la rectitud del agua.

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Insólito y distante, efigie del pasado,

el gallo canta, se acaba la noche.

Algún fulgor ha delatado a la mañana.

Los sueños vuelven a sus madrigueras,

la oscuridad, donde anida quizás la luz, se adentra.

Si no cantara, ¿qué pasaría?

Y en el fondo del valle

la cañada quiebra la rectitud del agua.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche 21 (tercera estrofa)

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Me han dicho,

y acaso lo vi

pues persiste en mis sueños,

que en los ríos nocturnos se va de la muerte a la muerte.

Entre el ocaso y el alba bajan al garete los muertos de aguas arriba

raspando las piedras con sus relojes inútiles,

al son del tic tac sin fin de las sombras.

Los pescadores los dejan bogar en paz

sin darle a nadie el recado sellado en sus labios

(si te vi no me acuerdo,

pues el río es río y la noche es noche).

Y es que eran ya como botijas,

disueltas las almas y la ropa y los cuerpos

y la traza oscura, que creímos indeleble, de sus asesinos;

Bajaron… siguen bajando aunque salga la luna,

indígenas sin oro de la noche castellana,

negros rebeldes a la noche impune de la esclavitud,

campesinos despojados por la ruleta negra de la codicia,

portavoces de la esperanza mutilados en sus sueños.

Otro amanecer, aguas abajo, los verá

salir del lecho nictálope sin importar qué

aves sin aguero limpien sus huesos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche 6

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Primero estaba La Noche insoslayable,

todo en ella vértigo, todo

córnea constelada.

Era tan fácil perderse

sin cenit alguno en las estrellas.

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Había otra noche debajo del almendro,

menos alta,

atada por un sendero de hormigas a la presencia terca de las raíces.

Hojas en lugar de astros.

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Y otra más,

bajo los pliegues de las sábanas:

íntima,

necesaria;

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un abrigo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

pulpa de papel

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Mi abuelo tuvo sueños y caballos :

Uno de ellos lo mató pero murió en sus cafetales.

Mi padre colgó naranjas de los árboles creyéndolas de oro,

Plantó caña dulce, luego café como si fuera un refugio.

Lo perdió todo, la Muerte lo dejó llorar antes de llevárselo.

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Yo que no heredé tierrra alguna,

Sólo sombras, sueños,

Siembro en estas páginas mis únicas semillas.

Este cuaderno es todo mi terruño.

Paso el arado, podo, transplanto.

Abono el surco con el cieno de los días.

El sol reverbera en él, quema mi sudor, mi frente.

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De los frutos que cosecho

algunos son de sabor amargo y brunos,

como golpeados por la resaca del  mundo.

Otros maduran a favor de los astros

O de los colibríes.

Tienen la textura de mis años y del corazón un dejo.

Son susurros, llamadas, quejas, gritos.

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¿A quién le gustaría morderlos ? ¿A quién, que no sea el eco ?

Si no van de boca en boca, ¿para qué los quiero?

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Leonardo Torres Londoño, (poemas del cajón), Diciembre 2008 / Febrero 2009

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A labranza inútil, oportuna tala.