acerca de la noche 21 (tercera estrofa)

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Me han dicho,

y acaso lo vi

pues persiste en mis sueños,

que en los ríos nocturnos se va de la muerte a la muerte.

Entre el ocaso y el alba bajan al garete los muertos de aguas arriba

raspando las piedras con sus relojes inútiles,

al son del tic tac sin fin de las sombras.

Los pescadores los dejan bogar en paz

sin darle a nadie el recado sellado en sus labios

(si te vi no me acuerdo,

pues el río es río y la noche es noche).

Y es que eran ya como botijas,

disueltas las almas y la ropa y los cuerpos

y la traza oscura, que creímos indeleble, de sus asesinos;

Bajaron… siguen bajando aunque salga la luna,

indígenas sin oro de la noche castellana,

negros rebeldes a la noche impune de la esclavitud,

campesinos despojados por la ruleta negra de la codicia,

portavoces de la esperanza mutilados en sus sueños.

Otro amanecer, aguas abajo, los verá

salir del lecho nictálope sin importar qué

aves sin aguero limpien sus huesos.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

acerca de la noche 6

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Primero estaba La Noche insoslayable,

todo en ella vértigo, todo

córnea constelada.

Era tan fácil perderse

sin cenit alguno en las estrellas.

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Había otra noche debajo del almendro,

menos alta,

atada por un sendero de hormigas a la presencia terca de las raíces.

Hojas en lugar de astros.

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Y otra más,

bajo los pliegues de las sábanas:

íntima,

necesaria;

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un abrigo.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

pulpa de papel

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Mi abuelo tuvo sueños y caballos :

Uno de ellos lo mató pero murió en sus cafetales.

Mi padre colgó naranjas de los árboles creyéndolas de oro,

Plantó caña dulce, luego café como si fuera un refugio.

Lo perdió todo, la Muerte lo dejó llorar antes de llevárselo.

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Yo que no heredé tierrra alguna,

Sólo sombras, sueños,

Siembro en estas páginas mis únicas semillas.

Este cuaderno es todo mi terruño.

Paso el arado, podo, transplanto.

Abono el surco con el cieno de los días.

El sol reverbera en él, quema mi sudor, mi frente.

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De los frutos que cosecho

algunos son de sabor amargo y brunos,

como golpeados por la resaca del  mundo.

Otros maduran a favor de los astros

O de los colibríes.

Tienen la textura de mis años y del corazón un dejo.

Son susurros, llamadas, quejas, gritos.

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¿A quién le gustaría morderlos ? ¿A quién, que no sea el eco ?

Si no van de boca en boca, ¿para qué los quiero?

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Leonardo Torres Londoño, (poemas del cajón), Diciembre 2008 / Febrero 2009

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A labranza inútil, oportuna tala.

Gabo ( 1927- 2014)

Gabo

“Pero se iba tranquilo a las praderas de la muerte definitiva, porque Aureliano tenía tiempo de aprender el sánscrito en los años que faltaban para que los pergaminos cumplieran un siglo y pudieran ser descifrados”.

Gabriel García Márquez

(Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927, Ciudad de México, 17 de abril de 2014)

Homenaje a José Luis Zuñiga

José Luis Zúñiga falleció este domingo tres de abril. La poesía fue lo que nos permitió encontrarnos y la que alimentó dos años de intercambios y lecturas mutuas, que fueron para mi algo enriquecedor. Su blog : tiempo a destiempo era un poco como su taller de escritura para esos “poemables”, como él los llamaba, que iba colgando casi a diario, intensamente, cuando no nos proponía recordar, juguetonamente, algunos metros de la poética castellana, o colgaba textos que le habían gustado en sus visitas a otras bitácoras.

Como sé que a la vez que las amaba, desconfiaba de las palabras, no quiero extenderme aquí, sólo diré que hemos perdido uno de los buenos y que hay un poco más de silencio hoy.

Dejo un par de sus poemables que había guardado hace algunos meses :

paisajes perdidos
.
En las tierras del norte estará lloviznando.
En las tierras del norte el sol derrama astillas
mientras un cotidiano paraguas se pasea
ensimismado en nubes de nostalgia.
Sobre el salitre amigo de rocas que negrean
un sollozo distante recuerda a los ausentes.
Sólo un destello verde ilumina las noches
en las tierras del norte.

Hoy, sin asombro, porque nada ha pasado,
tu gente aspirará gotas de yerba
y verá transitar por las veredas una yunta de bueyes
camino de la cuadra, ajenos por completo a los romanos.

(Una estrella se posa sobre la espuma del acantilado.
Heráclito contempla perplejo el panorama
sin encontrar ni rastro de su lejana Éfeso.
Artemisa sonríe. El sacerdote humilla la cabeza
ante la mismidad clara del paisaje al cabo de los siglos.
Una humedad repleta de palomas da cobijo al maestro:
“Afirmo, amigos míos, que el río cuyas límpidas corrientes
contemplé es hoy el mismo río. Afirmo más: es un estanque inmóvil en el que se refleja la sombra de un camino. Mas todo permanece. Nada fluye”.

El cielo encapotado brinda la muerte al genio.
Einstein también recoge su melena ante el descubrimiento
de que el tiempo y la luz son absolutos, quietos,
en el norte).

Alberto guarda un deje de tristeza ante las matemáticas
y Heráclito destruye la dialéctica a cambio de un paisaje,
mientras tú te consumes entre tesis y antítesis perdidas
y tu corazón sueña un imposible vuelo de retorno.

Hoy, que adivinas lluvias en el norte,
el sol derrama azufre donde habitas.

Un haiku

Hay muchos huecos.

Habito una mansión de cuatro tenedores, diecisiete ventanas, doce puertas, catorce chimeneas y un par de aldabas tiesas que no sé cómo usar. Tiro de la cadena cada día. Tengo dos carcamales y una reja.

No vivo solo.

José Luis Zúñiga (1949-2011)