buitres y poesía

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De niño,

en la finca paterna donde íbamos a veranear

(Villeta, Cundinamarca),

pasaba mucho tiempo contemplando en el cielo el círculo paciente de los gallinazos.

Cuando se reunían tres o cuatro en torno a alguna corriente de aire,

la imaginación, acicateada por los westerns del cinematógrafo,

esbozaba reses muertas, alguna mula arrastrada por la corriente del río.

Nunca la probable realidad de una iguana, alguna comadreja, un ratón muerto.

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Por ese entonces las palabras solían imitar el vuelo de los buitres,

trazando círculos invisibles alrededor de una frase que nacía con dificultad,

antes de descender o desaparecer simplemente sin más huella.

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Nunca supe porqué la fascinación que me procuraba la majestad irónica de aquellas aves carroñeras

no se detenía allí, sin más, y

conducía, cada vez, a la poesía.

Tampoco sé qué traducía de aquella realidad banal,

ni recuerdo qué decía la emoción cristalizada en las primicias del lenguaje.

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Ahora

las palabras repiten, solas, aquella ceremonia

y suelen caerle a picotazos a mis poemas muertos.

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leonardo torres londoño, 23 de diciembre de 2016 (a la manera nortemericana)

poema inspirado en la bella película « Paterson » de Jim Jarmusch

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SEGUNDA VERSION

De niño,

en la finca paterna donde íbamos a veranear,

(Villeta, Cundinamarca)

pasaba largos minutos contemplando en el cielo el círculo paciente de los gallinazos.

Cuando se reunían tres o cuatro en torno a alguna corriente de aire,

la imaginación, acicateada por los westerns del cinematógrafo,

esbozaba reses muertas, alguna mula arrastrada por la corriente del río.

Nunca la escueta realidad de una iguana, alguna comadreja, un ratón muerto.

000

Por ese entonces las palabras solían imitar el vuelo de los buitres,

trazando círculos invisibles alrededor de una frase que nacía con dificultad,

antes de desaparecer sin más huella.

000

Nunca supe porqué la fascinación que me procuraba la majestad irónica de aquellas aves carroñeras

no se detenía allí, sin más, y

conducía, en cambio, cada vez, a la poesía.

Tampoco sé qué traducía de aquella realidad banal,

ni recuerdo qué decía la emoción cristalizada en las primicias del lenguaje.

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Ahora

las palabras repiten, solas, aquella ceremonia,

pero solo el silencio desciende

para caerle a picotazos a mis emociones muertas.

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leonardo torres londoño, poemas a la manera norteamericana, 2016

poema inspirado en la bella película « Paterson » de Jim Jarmusch

poéticas pretenciosas 13

Un poema, digo, es una forma arborescente, empecinada del mirar :

cuando el mirar no alcanza,
cuando algo así como la niebla aniebla,
apiñando sus bártulos en torno a la vigía
las palabras alinean un nuevo palimpsesto:

El barco aproa entonces hacia una embriaguez ignota,
la luna se alela en el lucernario,
se enlazan las sombras enlazadas bajo la luz de las luciérnagas;
la lluvia salva las materias agrias del pasado,
el extranjero teje y desteje su fábula sin avistar el paraíso,
allá donde las turbulencias del infinito enredan las golondrinas.
¿Y abril ? Abril se vuelve cruel,
gime el acero y el poeta llorando se aleja de sí mismo:
se pregunta si no puso sin querer alguna palabra en la nada
al mirarse en el sigiloso teatro del espejo,
el corazón oblicuo,
a cuestas su fracaso.

Usurpaciones a Arthur Rimbaud, León de Greiff, Pierre Reverdy, José Asunción Silva, Alvaro Mutis, Giovanni Quessep, Henri Michaux,  Vicente Huidobro, T.S. Elliot, Antonio Gamoneda, Roberto Juarroz, Jorge Luis Borges, Chantal Maillard, Rafael Cadenas.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2015

poéticas pretenciosas (3)

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Encontrar en cada palabra el carcaj de sus saetas
y al mestizaje errático de sus huellas encontrarle
un lugar propicio para la novedad de sus desvelos

que el poema entonces
busque
escarbe
hurgue
como un sabueso

en el estruendo de las osamentas

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leonardo torres londño, obra en obra, 2015