de la noche y de los ríos (21) poema completo

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Yo sé de ríos negros

por los que viaja la noche,

de arenas grises donde tiende al sol

su secreta lascivia;

he sentido sus peces,

plata oscura,

dormir bajo las piedras

y abrazados a ella ignorar la muerte;

he cruzado a vado

la corriente que trastorna

el gris del viento y adormece las brújulas

que buscan en la diagonal triste de la orilla un horizonte,

los remolinos donde la noche se recrea

y baila y se inventa con el barro nuevos avatares.

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Yo sé de ríos negros que la noche disfraza con sus aguas letales

mientras las lluvias golpean en el fastidio hipnótico de los ribereños

la tosudez de sus miserias.

En un instante se echan encima,

secuaces de una infame fechoría,

horda mineral de dragones hambrientos,

ni madre ni dios,

hinchándose el torrente de barro,

hinchándose la noche, insaciables,

destrozan los límites,

arrasan estribos y sementeras,

arrastran las cunas con su llanto adentro,

los gemidos, los rezos impotentes,

todo en un instante de fango y agua letal y piedras,

que deja en el limo de las orillas aleladas

y de gentes lelas,

la costra vieja de la vieja indiferencia.

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acerca de la noche 21 (ríos y noche) sexta y última

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Yo bebí de un manantial

donde nació también, confusa, el ansia de la palabra.

Un manantial de piedra y de penumbra,

de presagios envueltos en la humedad de los helechos.

La luz descendía hasta allí en forma clandestina,

brillaba el pozo al contacto de sus labios.

La oscuridad, en ese entonces, la esperaba en las arenas.

De aquella cañada ¿qué queda?

Solo el aguacero, dicen, acude a revivirla.

Y si sé de ríos por donde corre con opacidad la muerte,

de las aguas negras de agonía,

de una incierta convalescencia,

yo sé también de ríos que van y vienen,

que van y vienen

bajo el sol, bajo cuantiosas lunas,

y que fuera de mi voz

desembocan en el olvido.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

acerca de la noche 21 (comienzo)

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Yo sé de ríos negros

por los que viaja la noche,

de arenas grises donde tiende al sol

su secreta lascivia;

he sentido sus peces,

plata oscura,

dormir bajo las piedras

y abrazados a ella ignorar la muerte;

he cruzado a vado

la corriente que trastorna

el gris del viento y adormece las brújulas

que buscan en la diagonal triste de la orilla un horizonte,

los remolinos donde la noche se recrea

y baila y se inventa con el barro nuevos avatares.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017