escrituras 2

.

Cuando escribo

cierro las puertas, 

aseguro los postigos.

No quiero que las palabras vean 

lo que soy por dentro

porque lo dirían si me vieran

cuando escribo.

.

Me dan miedo las palabras,

bogando siempre entre verdad y mentira,

salameras correvediles

metiéndose allí donde no las llaman,

capaces de sacarle a uno los cueros al sol

si uno las deja.

.

Yo bajo las persianas

y escribo con las penumbras del silencio.

En cada verso me callo,

me escondo detrás de sus bambalinas retóricas.

Me callo y espero.

.

Y es que me dan miedo las palabras

porque son como mías;

si las pusiera en el poema

me quedaría a la intemperie

mirándome el pellejo inerte,

.

y ya no tendría cómo cubrir

verdades con mentiras,

se me cerrarían las falsas puertas,

los apartados,

.

y lo peor,

sería tanta la bulla

que no me quedaría ni el silencio.

.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2020

interludio marino (poemas al mar)

MAREA

000

volví al mar y el mar se retiraba

y tras el mar

algo que ya no era el mar

ni playa ni fondo marino

000

arenas huérfanas apenas

donde ningún astro buscaría su reflejo

moluscos azorados

algas

cabos de cáñamo convictos

000

pero el mar regresó

y yo le di la espalda

000

mareas

mareas que van y vienen

are000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2016

A veces, cuando me acerco al mar, incapaz de traducir lo que él ya ha dicho a tantos otros, cometo otro poema en su nombre.

contra el silencio

Y del vacío que ayer colgaba aquí ¿quién se acuerda?

Tampoco recordarán mañana el cacareo de estas palabras;

era ejemplar, no obstante, en imitar al silencio
y nadie sabía de él siquiera:
hacía falta asomarse, tender el oído,
mirar, incluso -para convencerse, la logorrea del pasado.
Luego, nada,
algo pendiente, por venir…

para que pudieran
arrepentirse las palabras.

leonardo torres londoño, escrito a lápiz, 2014

Circunscripción de la herida

———————————————« la herida nos precede »
————————————————— Chantal Maillard

1

la herida nos precede
dice la voz en el poema,
ya estaba allí –no
era nuestra,
ahora sí ;
le tejimos un nido, casi un capullo, con la lenta ignorancia del inocente
hemos sido sus más celosos albaceas
y un día, al fin, con el dolor al rojo
sus legatarios únicos.
Y la llamamos culpa, complejo, tara, incertidumbre…
De tanto darle nombres olvidamos que no
era nuestra,
ya estaba allí
aunque sangre ahora con nuestras propias venas.

2

No importa quién, no importa el cómo ni el porqué, no importan las preguntas,
no hay preguntas.
Ya estaba allí.
Llevarla, es todo, sólo llevarla, sin ostentación,
con el mismo silencio de los otros,
la misma venda sin emplastros.
Que no sane.
No hay cauterio.
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retahíla

(divertimento)

Que otros tomen la palabra
se la disputen
que se peleen por hablar primero
los que tienen el don de la palabra
y que peroren
y al final la escupan
y un auditorio insulso se la beba
que vengan los otros se sienten en ella
y luego de palabrearla y manosearla
que cualquiera –el más tonto-
diga la última palabra
masticándola
que haga gárgaras con ella
y que se escuche
que se les dé la ocasión a los que no sueltan ni media
y a los de pocas palabras
que la tuerzan unos y otros la truequen
o la empeñen
que se la corten mutuamente la entrecorten
y se la quiten de la boca
de la punta de la lengua
y la midan o la pesen la sopesen
y la tiren por los aires
que todos hagan  uso en fin
hasta gastarla
pero eso sí que nadie se quede sin su tiempo de palabra
que nadie las ahorre
si no son más que palabras
huecas vanas o sentidas
grandes o insulsas
claras y hasta oscuras
las que lo dicen todo
en una
en dos
en cuatro palabras
las que no dicen nada
las encubiertas
las omitidas
y si se agotan pamplinas y vituperios
y cuando ya no queden sino medias palabras
que echen cháchara y lancen ajos
y todo sea dicho
y por fin se vayan sin decir palabra.

© leonardo torres londoño, « la parte de la sombra »