acerca de la noche – 43

000

He penetrado en la noche

sin saber por dónde.

¿Fue por el aire acaso,

Confundido por artilugios de la bruma ?

¿Fue a través de las luces,

cuyo disfraz venció

la fluctuación de mis pupilas ?

¿O por las horas

que no supieron dar las siete

al cambiar por oropel sus meridianos?

¿Cómo fue que penetré en la noche

sin saberlo ?

¿Entré engañado por la lluvia,

que en el último instante abortó los arcoiris ?

¿Por su entraña, tal vez,

hipnotizado por el pulsar sediento del crepúsculo ?

¿Me tomó de la mano, me dio la llave

a través del haz lechoso de la muerte ?

¿Fue una puerta la memoria? ¿el umbral, algún presagio ?

He penetrado en la noche

Y sin saber por dónde.

Y así voy oscuro por la penumbra

Y sin saber a dónde.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

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6 pensamientos en “acerca de la noche – 43

  1. En este ir y venir tuyo hacia la noche y de ella hacia ti, me hiciste recordar a San Juan de la Cruz y su noche oscura. Otra manera de asumir nuestra noche como un viaje a un encuentro que ilumina, “noche más amable que la alborada” “noche dichosa”

    En una noche oscura,

    con ansias, en amores inflamada,

    ¡oh, dichosa ventura!,

    salí sin ser notada,

    estando ya mi casa sosegada.
    (…)

    En la noche dichosa,

    en secreto, que nadie me veía,

    ni yo miraba cosa,

    sin otra luz y guía,

    sino la que en el corazón ardía.
    (…)

    ¡Oh noche más amable que la alborada!

    ¡Oh noche que juntaste,

    Amado con amada,

    amada en el Amado transformada!

    Ya sea que fuiste atrapado por la noche, o que confundido caiste en ella, engañado y sin saber a dónde vas, me atrae la idea de un fatum, de una especie de necesidad, donde no hay escapatoria. En las posibilidades que das en el poema, dejas ver que cualquier resquicio es una entrada a la noche. Y eso me gusta. Tal vez ese “haz lechoso de la muerte” sea también una guía en la penumbra, una señal en el camino. Pero sé que somos demasiado modernos para pensar como Juan de la Cruz; nuestro deambular en la noche oscura parece no llevarnos a ninguna parte, la modernidad nos deja a la intemperie y errantes, no hay manera de abandonar el cuidado “entre las azucenas olvidado”. Alguien me comentó que nos espera la ultramodernidad, cierto retorno y quizá, entonces, recobremos algún indicio en la noche, ya tú mismo en poemas anteriores dejabas ver alguna lumbre.
    Abrazo y gracias por las preguntas

  2. Ahora, de repente, en mitad de la noche
    ha regresado la lluvia sobre los cafetales
    y entre el vocerío vegetal de las aguas
    me llega la intacta materia de otros días
    salvada del ajeno trabajo de los años.

    Álvaro Mutis

  3. Es un poema que siempre llevo en mente. A lo mejor porque conozco la lluvia nocturna en los cafetales.
    Lo que me preocupa con mi serie acerca de la noche es que los no logran tener tal alcance. El conjunto mismo se queda corto frente a la tarea. Estos versos de Mutis engloban tantas cosas en unas pocas palabras: la personificación de la naturaleza, el desgaste del tiempo, el trabajo de la memoria, la abolición temporal que ejerce de repente la lluvia, cuántos interrogantes! Es la “madeleine” de Mutis. Y el lenguaje mismo, lluvioso que nos empapa en cada lectura o repetición.

  4. Me inclino a pensar en que vivimos tiempos oscuros, quizás tenebrosos, por la acumulación de ciertos signos agoreros. Pero el hombre ¿no ha ido siempre por la oscuridad, como ya lo decía Virgilio? Las diferentes civilizaciones que han aparecido en el mundo a lo largo de milenios, ¿no dejaron también a millones de individuos en la oscuridad? ¿no han avanzado a ciegas? Quizás la noche siga incluyendo una esperanza, es su condición. Y pese a todo tiene su propia luz. Sin duda es necesario encontrarla, aunque sigamos sin saber a dónde ir o a dónde vamos.

  5. Te copié los versos de Mutis porque unen noche, lluvia y memoria sensible. Me diera la impresión que la luz solar desgasta un poco las cosas y los recuerdos, mientras que la noche los perfila, les extrae la sustancia, pues nos pone frente a nosotros mismos, quizá como fuimos al principio, solos, a oscuras y con un rumor líquido cubriéndonos. El vocerío vegetal de las aguas, inmediatamente lo transporta a uno. Es una madeleine más abarcante y primigenia que la de Proust.

  6. Tienes toda la razón. La luz del día impone de autoridad el presente, empañando el pasado, y como bien lo dices, desgastándolo. La noche, en la medida en que el entorno desaparece, nos brinda una profundidad paradójica en la que se precipita la memoria: cuanto más lejos llega, cuanto más pasado abarca, más íntimo es. La lluvia, creo, y es lo que nos recuerda Mutis, tiene el mismo efecto. Como si cada vez que la realidad presente se desvaneciera, fuera urgente volver a un estado primigenio dónde buscar un abrigo.

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