acerca de la noche (42)

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La noche ha penetrado en mí

¿fue por los ojos

que temerosos de perder el camino

intentaban memorizar las antorchas del ocaso ?

¿Fue por la boca

que te buscaba bajo los árboles al pie de las aceras?

¿Fue por el grito ?

¿Fue acaso por los poros

abiertos al frío, abiertos al temblor carnal de la sorpresa?

¿Fue por el pecho

estremecido por el caudal creciente de sus tambores?

¿Por la espalda fue, sin miramientos, noche zaína?

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

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5 pensamientos en “acerca de la noche (42)

  1. El último verso insiste en ser pregunta, pero está estructurado como una respuesta, hay una contundencia en oposición a los anteriores, dejas caer lo artero de la noche, del asalto del cual es imposible huir o salvarse. Me parece un poema muy bello, lo siento en esa cadencia nocturna que manejas tan bien, como quien escucha una sonata al claro de la luna. Termino creyendo que la noche te ha penetrado por todos lados.
    abrazos nocturnos

  2. El poeta Vicente Gerbasi dice que ” venimos de la noche y hacia la noche vamos.”.. pero hay destellos posibles.

  3. Ese verso de Gerbasi está incluido en un poema largo llamado MI padre, el inmigrante. Te copio una de sus partes:

    Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
    Los pasos en el polvo, el fuego de la sangre,
    el sudor de la frente, la mano sobre el hombro,
    el llanto en la memoria,
    todo queda cerrado por anillos de sombra.
    Con címbalos antiguos el tiempo nos levanta.
    Con címbalos, con vino, con ramos de laureles.
    Mas en el alma caen acordes penumbrosos.
    La pesadumbre cava con pezuñas de lobo.
    Escuchad hacia adentro los ecos infinitos,
    los cornos del enigma en vuestras lejanías.
    En el hierro oxidado hay brillos en que el alma
    desesperada cae,
    y piedras que han pasado por la mano del hombre,
    y arenas solitarias,
    y lamentos de agua en cauces penumbrosos.
    ¡Reclamad, gritando hacia el abismo,
    el mirar interior que hacia la muerte avanza!
    En nuestras horas yacen reflejos de heliotropos,
    manos apasionadas, relámpagos del sueño.
    ¡Venid a los desiertos y escuchad vuestra voz!
    ¡Venid a los desiertos y gritad a los cielos!
    El corazón es una serena soledad.
    Sólo el amor descansa entre dos manos,
    y baja en la simiente con un rumor oscuro,
    como torrente negro, como aerolito azul,
    con temblor de luciérnagas volando en un espejo,
    o con gritos de bestias que se rompen las venas
    en las calientes noches de insomnes soledades.

  4. Tal parece que lo que hay entre la noche de la que salimos y la noche a la que nos dirigimos no es muy luminoso…
    En Colombia, durante muchos años, un cura tuvo un programa muy famoso en la televisión que se llamaba “El minuto de Dios”, que debía de ser hacia las siete o siete y media de la noche. Siempre terminaba con una frase que se volvió mítica : En tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega”… la noche siempre aparece como un futuro seguro…

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