acerca de la noche (33 – la Historia)

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Cuando vimos el color de su piel,

su manera sarcástica de diluírse en la sombra,

pensamos de inmediato en los terrores de la noche

y nos dijimos que aquellos seres tan semejantes a nuestra humanidad

solo podían venir de las tinieblas:

creaturas apócrifas,

malditas.

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Entonces,

en el modo de protegernos y purificarnos de su vista

añadimos maldición a la maldición:

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destruímos sus naciones,

despojándolos de sus raíces y de su cielo;

los arrojamos, del otro lado de la mar océana,

a la profundidad de las minas;

los mutilamos y los perseguimos y los mutilamos otra vez;

en guisa de frutos, colgamos sus cuerpos mutilados de los árboles;

regateamos su descendencia en los mercados,

pusimos precio a sus máscaras rituales;

les prohibimos llamar a la puerta de nuestros hostales

y cuando lo hicieron decapitamos a sus heraldos y profetas;

jamás alcanzarán nuestro bienestar sagrado.

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En ello nos empeñamos cada día

escuchando las melodías que su dolor compone.

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Y su historia es una noche que no halla término

y es también la nuestra.

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Suena el tambor.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

3 pensamientos en “acerca de la noche (33 – la Historia)

  1. Este poema evoca (es la segunda vez que utilizo el mismo procedimiento) la “crónica de Indias” del gran José Emilio Pacheco:

    CRÓNICA DE INDIAS
    …porque como los hombres no somos todos muy buenos…
    Bernal Díaz del Castillo
    Después de mucho navegar
    por el oscuro océano amenazante, encontramos
    tierras bullentes en metales, ciudades
    que la imaginación nunca ha descrito, riquezas,
    hombres sin arcabuces ni caballos.
    Con objeto de propagar la fe
    y arrancarlos de su inhumana vida salvaje,
    arrasamos los templos, dimos muerte
    a cuanto natural se nos opuso.
    Para evitarles tentaciones
    confiscamos su oro.
    Para hacerlos humildes
    los marcamos a fuego y aherrojamos.

    Dios bendiga esta empresa
    hecha en Su Nombre.

    Igualmente, el lector lo habrá visto y las itálicas quieren subrayarlo, retoma el verso del poema de Abel Meeropol cantado por Billie Holiday en 1939.

  2. ¡Qué no alberga la noche! Ha sido un problema en la escritura de esta serie de poemas, en realidad. El no optar por una visión unívoca de la noche, abre, quizás, demasiadas perspectivas, haciendo de la noche lo que, finalmente, es : inabarcable.

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