de la noche y de los ríos (21) poema completo

000

Yo sé de ríos negros

por los que viaja la noche,

de arenas grises donde tiende al sol

su secreta lascivia;

he sentido sus peces,

plata oscura,

dormir bajo las piedras

y abrazados a ella ignorar la muerte;

he cruzado a vado

la corriente que trastorna

el gris del viento y adormece las brújulas

que buscan en la diagonal triste de la orilla un horizonte,

los remolinos donde la noche se recrea

y baila y se inventa con el barro nuevos avatares.

000

Yo sé de ríos negros que la noche disfraza con sus aguas letales

mientras las lluvias golpean en el fastidio hipnótico de los ribereños

la tosudez de sus miserias.

En un instante se echan encima,

secuaces de una infame fechoría,

horda mineral de dragones hambrientos,

ni madre ni dios,

hinchándose el torrente de barro,

hinchándose la noche, insaciables,

destrozan los límites,

arrasan estribos y sementeras,

arrastran las cunas con su llanto adentro,

los gemidos, los rezos impotentes,

todo en un instante de fango y agua letal y piedras,

que deja en el limo de las orillas aleladas

y de gentes lelas,

la costra vieja de la vieja indiferencia.

000

Me han dicho,

y acaso lo vi

pues persiste en mis sueños,

que en los ríos nocturnos se va de la muerte a la muerte.

Entre el ocaso y el alba bajan al garete los muertos de otras aguas

raspando las piedras con sus relojes inútiles,

al son de las sombras.

Los pescadores los dejan bogar en paz

sin darle a nadie el recado.

Y es que eran ya como botijas,

disueltas las almas y la ropa y los cuerpos

y la traza oscura, que creímos indeleble, de sus asesinos;

Bajaron… siguen bajando aunque salga la luna,

indígenas decapitados por la noche castellana,

negros rebeldes a la noche impune de la esclavitud,

campesinos despojados por la ruleta negra de la codicia,

portavoces de la esperanza mutilados en sus sueños.

Otro amanecer, aguas abajo, los verá

salir del lecho nictálope sin importar

qué historia los olvide ni qué

aves sin aguero limpien sus huesos.

000

Y he visto desde los puentes ríos de alquitrán

en cuyo limo

el vientre de la tierra constata su agonía,

encinta de una cerrazón sin horizontes.

No hay peces en sus aguas moribundas,

solo corrupción, heces,

fruto de nuestro yerro voraz, infatigable.

He cruzado puentes inútiles sobre esqueletos de ríos, inmóviles en sus

lechos falsos donde la espuma ni siquiera es un recuerdo.

He escuchado cómo aúllan por debajo de la ciudad

ríos fantasmas condenados en la oscuridad de las cloacas

a su auto de fé cotidiano.

Por las cascadas baja un orín lento

que las piedras sorben sedientas detrás de las neblinas.

Se oxidan en las orillas las bateas narcóticas,

ya no hay oro ni dioses,

por la corriente turbia solo azogue y pestilencia.

000

Yo supe alguna vez de la niñez al borde de los ríos…

Los domingos se demoraban alrededor del brasero

o contando los rebotes, todavía mágicos, de los guijarros sobre las aguas,

prohibidas a la sed,

donde algún arroyo venía a morir, abandonando en el torrente

la brevedad de su transparencia…

La luz huía también, pero no lo sabíamos:

tras el recodo que servía de horizonte

el río retornaba a su imposible monotonía

cargado de oscuridad y

un cansancio de otra edad se insinuaba

en el carbón tibio de la memoria.

Por las trochas de la cordillera bajaban

en tropel las sombras.

000

Yo bebí de un manantial

donde nació también, confusa, el ansia de la palabra.

Un manantial de piedra y de penumbra,

de presagios envueltos en la humedad de los helechos.

La luz descendía hasta allí en forma clandestina,

brillaba el pozo al contacto de sus labios.

La oscuridad, en ese entonces, la esperaba en las arenas.

De aquella cañada ¿qué queda?

Solo el aguacero, dicen, acude a revivirla.

Y si sé de ríos por donde corre con opacidad la muerte,

de las aguas negras de agonía,

de una incierta convalescencia,

yo sé también de ríos que van y vienen,

que van y vienen

bajo el sol, bajo cuantiosas lunas,

y que fuera de mi voz

desembocan en el olvido.

000

leonardo torres londoño, obra en obras, 2018

Pido perdón a los lectores que ya hayan leído las diferentes estrofas que he ido publicando. Me pareció importante publicar la totalidad del texto, ahora que he llegado al final (aunque seguro quedan muchas cosas por retocar o suprimir)

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