acerca de la noche 21 (ríos y noche) sexta y última

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Yo bebí de un manantial

donde nació también, confusa, el ansia de la palabra.

Un manantial de piedra y de penumbra,

de presagios envueltos en la humedad de los helechos.

La luz descendía hasta allí en forma clandestina,

brillaba el pozo al contacto de sus labios.

La oscuridad, en ese entonces, la esperaba en las arenas.

De aquella cañada ¿qué queda?

Solo el aguacero, dicen, acude a revivirla.

Y si sé de ríos por donde corre con opacidad la muerte,

de las aguas negras de agonía,

de una incierta convalescencia,

yo sé también de ríos que van y vienen,

que van y vienen

bajo el sol, bajo cuantiosas lunas,

y que fuera de mi voz

desembocan en el olvido.

000

leonardo torres londoño, obra en obra, 2018

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4 pensamientos en “acerca de la noche 21 (ríos y noche) sexta y última

  1. Tus noches que parecen ser un estado contínuo, una vida donde el tiempo no pasa, o por lo menos el tiempo tiene una presencia particular, como un estado de la materia, ¿líquido, sólido o gaseoso? No. Otro estado. La infancia permanece con los mismos miedos. No eres un hombre que recuerda la infancia, ni siquiera que la revive, eres un niño insistiendo en la adultez, recordando el presente que no llega. Un niño nocturno, envuelto en fulgores y recodos. Aguas arriba, tiempo corriendo en direcciones imposibles. Otro estado donde el tiempo marca fechas en los calendarios, donde se cumplen años y derivas, aniversarios, fechas patrias, desembarco en Normandia o la llegada feliz de los aliados; y sin embargo, el niño insiste y avanza, se asusta de los ruidos de la noche y nada en ese estado oleoso del tiempo, o tal vez estado diluyente o flotante, poroso, un tiempo que hace huecos en un pecho a distancia. Un tiempo enredadera que cumple aniversarios mientras un niño bebe del manantial y mete el dedo en la palabra, y hurga buscando el centro donde invertir la huida o el olvido, que es lo mismo.

    Abrazos

  2. Anamaría, tal parece que estos poemas saben y dicen más de lo que dicen o de lo que quise decir… y ante lectora tan avezada poco tienen qué ocultar. ¿Escribimos para decir o para ocultar? La noche es ese estado que muestra y oculta (me dirás, también lo hace el día). No se ven ciertas cosas pero se adivinan… la escritura es una noche, una de las formas de la noche, en ella nos ocultamos pero tal parece que nos ocultamos con el alma y el cuerpo desnudos…

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