llamado

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Este no es un poema,

no es más que un llamado de auxilio a las palabras,

un pedido de refuerzos contra las escaramuzas del silencio.

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Contemplo en el paisaje el cañón del río, sus mármoles,

el amarillo virtuoso de los pájaros.

Por las calles empedradas que recorro

el pasado va desocupando, sin más, las casas.

Me miro entre la gente,

disuelto casi, esperando oír mi nombre.

Aquí conviven infiernos y paraísos

que dejaron de ser y siguen siendo míos.

Acuden por fin, con el dolor y la sorpresa,

unas palabras apenas,

nacidas de la pena y la memoria.

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leonardo torres londoño, obra en obra, 2017

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7 pensamientos en “llamado

  1. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos. no es lo que vemos, sino lo que somos.” Decía Pessoa. Ahora me evocas sus palabras con las tuyas nacidas de ese viaje a ti mismo. Eres la calle empedrada y el amarillo virtuoso de los pájaros, junto al hombre que dejaste de ser y el que persiste . Tus escaramuzas de silencio y tu llamado de auxilio. Regresas a tu Ítaca, ¿te reconoces ? ¿ te vas de nuevo? Algunos autores, no tan piadosos como Homero, llevan a Ulises a ser un exiliado de por vida y no dejan que termine sus días en Ítaca. Kazantzakis, por ejemplo, lo lleva a morir al polo sur, bajo esa ” álgebra de estrellas ignorada”, como supondría Borges. ¿ La pena y la memoria acecharían a Ulises al regreso? El hilo de los viajes es la memoria, ¿será por eso que Pessoa dice lo que dice?

    De todas maneras, es un poema, y muy bueno.

    Abrazo

  2. Te comparto dos poemas de Borges, que me resuenan con el tuyo:

    Reliquias
    El hemisferio austral. Bajo su álgebra
    de estrellas ignoradas por Ulises,
    un hombre busca y seguirá buscando
    las reliquias de aquella epifanía
    que le fue dada, hace ya tantos años,
    del otro lado de una numerada
    puerta de hotel, junto al perpetuo Támesis,
    que fluye como fluye ese otro río,
    el tenue tiempo elemental. La carne
    olvida sus pesares y sus dichas.
    El hombre espera y sueña. Vagamente
    rescata unas triviales circunstancias.
    Un nombre de mujer, una blancura,
    un cuerpo ya sin cara, la penumbra
    de una tarde sin fecha, la llovizna,
    unas flores de cera sobre un mármol
    y las paredes, color rosa pálido.

    SON LOS RÍOS

    Somos el tiempo. Somos la famosa
    parábola de Heráclito el Oscuro.
    Somos el agua, no el diamante duro,
    la que se pierde, no la que reposa.
    Somos el río y somos aquel griego
    que se mira en el río. Su reflejo
    cambia en el agua del cambiante espejo,
    en el cristal que cambia como el fuego.
    Somos el vano río prefijado,
    rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
    Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
    La memoria no acuña su moneda.
    Y sin embargo hay algo que se queda
    y sin embargo hay algo que se queja.

  3. El regreso (que es una de las formas del viaje) es algo demasiado complejo. La literatura, fíjate, lleva milenios explorándolo. Es un acto que acumula las preguntas -existenciales, ontológicas. Nos “devuelve” a sí mismos, pero a ¿cuál sí mismo? Quizás la única solución es ser el viaje, en efecto.

  4. Creo que es algo, Atomo, contra lo que hay que luchar de manera determinada. El apetito viene comiendo, como dicen los franceses. Nulla dies sine linea, decían los latinos que sabían ya tantas cosas! Hay que trazar o escribir líneas y líneas hasta que algo aparezca y va tomando forma…
    Animos y gracias por pasar

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