leyéndose a sí mismo

Leo mis poemas de otros años
¡Cuánto han envejecido !
No sabía yo que las palabras se fueran jorobando así hasta perder toda prestancia,
Avergonzadas se diría.
Entrecanas, algunas desaparecen casi
Confudidas con los grandes márgenes de deslavado blanco.
Como venidas a menos muchas,
En las esquinas de los versos
Mendigan el brillo de una acepción,
El cliqueteo sordo de una rima,
Un eco.
Las más enteras ¡Quién lo hubiera pensado!
Han perdido la luz  que pretendí haber puesto en sus miradas :
Gavieros sin catalejo,
Bitácoras sin compás.
Pero siguen allí Enlazadas,
Celosas de su rango
Y pese a la derrota,
con las cuencas de su voz responden,
Repitiendo las sílabas intactas de sus nombres.

leonardo torres, 2008

 

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4 pensamientos en “leyéndose a sí mismo

  1. Es posible que los poemas tengan algún tipo de vida que cabalgue entre lo corpóreo y lo espectral, que contengan la solidez y a la vez lo volátil, que caigan atraídos por la ley de gravedad , leviten por la ley de la Gracia, floten por la dinámica de los fluidos o tengan la sonoridad de las vibraciones y la luz de los años los alimente de un modo aún impensable. Haciendo esas reflexiones, pensé que el tiempo discurriría en ellos de diversa manera , tratándose de criaturas tan multifacéticas (por decir lo menos). Su envejecimiento podría ser una juventud lenta y callada, los versos desprendidos podrían ir a polinizar otros poemas, la joroba podría hacerlos pisar uvas en la vendimia, cuando mendigan acepciones podrían abrir cuencos para el silencio, algunas palabras podrían arrugarse tanto hasta plegarse en metáforas desconocidas, y de algunas cuencas de su voz nacerían amapolas…Nunca se sabe suficiente de la extraña vida de un poema.

    Abrazos

  2. Bello desarrollo. La vida de los poemas le pertenece a los otros, a los lectores si los hay. La relación que cada uno tiene respecto a sus propios escritos es muy diferente : seguro hay algo de ternura y de condescendencia pero son una medida del tiempo que ha pasado y por consiguiente les resulta imposible envejecer. No sé si nuestra propia lectura vea las posibles amapolas, si las hay.
    abrazo

  3. Este poema, al leerlo, me pareció que los versos no correspondían con la sintaxis, es algo en lo que he cambiado, no es que ahora correspondan más o menos, pero es diferente, algo que me suena diferente. Por eso lo estructuré nuevamente, para que “me” sonara mejor.

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