septem verba – tetélestai

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¿padre? -nos están matando

ahora cuando el tiempo falta

pues hemos llegado al fin al

estupor afásico de la historia que nadie cuenta

el cielo se oscurece de parte a parte

henos aquí sobrecogidos sí decidme

los huracanes midiéndose con los goznes

ahora y en la hora de

volver la vista atrás de darse cuenta que

no hemos llegado a ninguna parte o

éste era el lugar y nadie espera

olvidaron poner el señuelo en la ventana

tanto esfuerzo padre tanto esfuerzo

y al final esto

un destino de trece por docena

las medallas caen del pecho como atardeceres

decirse entonces sí descansa en paz y salvo

pues dejarás de ver la llama consumiéndose,

la tierra se gastará contigo por dentro

le arrancarán de cuajo el vientre contigo por dentro

de tierra te vestirás todos los días

sin afanes ni trenes por tomar ni alternativas

irás ligero de equipaje viajarás sin cataclismos

padre nos estamos matando por vivir

es la verdad y somos felices

estaba la pájara pinta sentada en un verde limón

inventamos la velocidad y la adiestramos con gusto

adiestramos las herramientas en que viajamos como por una ventana

hasta dejar de contemplar los castos pies de la luna indiferente

a la repetición de las masacres

ahora lo sabemos casi todo ya es hora

lo minúsculo y el grito distante del universo engañando la noche

ya es hora

y el manejo de las armas y las motosierras

pero entramos en los antros donde olvidar la fetidez de los gladiolos

es verdad fue todo muy lento pero al fin y al cabo

es hora de remplazarnos a nuestra imagen y semejanza

las máquinas sí ya es hora pasadme las aceiteras

suena en el tocadiscos una canción ¿la olvidaste?

lo tenías todo lo tuviste todo al alcance por eso

matamos el hambre los sosías de la sed se saciaron viendo

escaparse el amor no su belleza así como

conjugabas la cólera y la amargura del territorio que te dieron

hice lo que pude te lo juro

seguí palmo a palmo tus consejos

pero nos pedían ser el sueño de otros subirnos a la cruz por otros

vete a la casa muchacho y me traes la carabina

nuestro fin es el vuestro

this is the end tetélestai

 

7 pensamientos en “septem verba – tetélestai

  1. Leonardo, desde que pusiste este poema lo he leido varias veces y cada vez me aparece otro poema. No sé si es que lo estás cambiando o que el propio poema tiene una cualidad caleidoscópica de autoversionarse. Es uno de esos poemas totales que cualquier poeta quisiera escribir aunque sea una sola vez en la vida. Me conmueven esas consumaciones que van cayendo del poema , así como esas “medallas que caen del pecho como atardeceres”. Los diversos referentes le dan un brillo polifónico y casi fantasmal. Es una maravilla. Te felicito
    tetélestai (…pa´mata´este gavilán que no me deja gallina…)

    Abrazo

  2. Eres una lectora generosa en extremo! a lo mejor hay cosas que escribí y que ahora ya no entiendo, o versos que fueron saliendo de los otros versos, no estoy muy seguro de su coherencia. No he querido trabajarlos demasiado, los he ido pensando y luego salen más o menos de dos o tres tirones. Quizás carecen un poco de imágenes y no sé qué tanto intervengan las dichosas siete palabras! Por fortuna estaba por ahí tu compatriota, don Simón, para venirme en auxilio, no para torcerle el cuello al cisne sino pa’ matá’ este gavilán que no nos deja gallina.

  3. Como siempre tus comentarios se me quedan sonando y me quedé pensando que (es algo que ha sido dicho miles de veces) el poema es tan sólo un rastro de algo que uno quiso decir pero luego no pudo, o las palabras no pudieron y ya no sabe uno qué fue. Lectores como tú, son capaces de seguir ese ínfimo rastro…

  4. “En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que en la página queda algo de lo no dicho.”

    Cesare Pavese

  5. Leyendo el Réquiem de Anna Ajmátova, encontré estos versos y me acordé de tus siete palabras. Un regalito, pues, de tan grande poeta para el extraordinario poeta que eres:
    (…) No llores por mí, Madre,
    Estoy en el sepulcro.

    I
    El coro de los ángeles la gran hora ha glorificado,
    Y los cielos se han fundido en fuego.
    Al padre le ha dicho: «¿Por qué me has abandonado?»
    Y a la madre: «No llores por mí.»

    [1940, Casa Fontanka]

    Un abrazo

  6. Eres muy amable. Sin duda hay muchos acercamientos a esas célebres palabras. En todo caso en la poesía de aquellos que de cerca o de lejos han tenido que apañárselas con la educación religiosa que recibieron. Pero sí, hay como la misma idea en esos dos versos. Luego, ella pone de relieve toda la duda que hay en las dichosas palabras y que los curas llevan tantos años interpretando. La difícil relación con el padre y el destete doloroso y brutal que provoca la muerte.
    un abrazo y gracias

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