La direccion de la infancia (12)

Hay un atrás que no es atrás
sólo geografía un antes
cascarón roto del que queda
su arenisca sola pasando sola por
el cuello estrecho de los años

aaa

cuando fuimos ojos
todo temblor y
todo ojos
y las palabras brotaban a tientas
del ramaje sediento del iris
pero seguras ya de su denuedo

aaa

antes del cómputo antes

aaa

ni siquiera el mañana cabía en la mirada
cubiertos como estábamos del pelaje azul de los cachorros

aaa

pero

aaa

mudamos
y abandonada la piel entramos en las máscaras
echándonos encima el tiempo
ataviados de por vida

aaa

hoy
pregunto
pregunto antes de dejar que la muerte selle los reencuentros
si no es este atrás otra dirección posible
y su huella un derrotero
una vigía

aaa

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2012

7 pensamientos en “La direccion de la infancia (12)

  1. desarbolar el recuerdo y rescatar para el surco el ojo y el temblor, íntimo ejercicio necesario de repensar la infancia, de recobrarla, no como ejercicio proustiano de la memoria, sino como ejercicio de hurgar en las entrañas antes de la muda y volver a deshabitar el tiempo

    “ni siquiera el mañana cabía en la mirada
    cubiertos como estábamos del pelaje azul de los cachorros” : toda intemperie, todo inicio en estas imágenes tan hondas; se puede percibir entre las palabras la respiración acelerada y frágil del cachorro.

    “y abandonada la piel entramos en las máscaras
    echándonos encima el tiempo” ,estos versos me trajeron resonancias rilkeanas (octava elegía ) ese entrar en el espacio donde “todo es distancia ”

    querido Leonardo, tu poema es piel que muda y tiembla desde esa vigía del final que invita a releerlo, a regresar al cascarón y acunar la arenisca e intentar esa otra dirección, otro atavío

    me encantó
    abrazos de pelaje azul

  2. Leonardo, cómo me ha gustado este poema y emocionado. Tiene para mí mucho sentido lo de volver atrás, como un camino también posible, en el rescate de nuestra naturaleza auténtica. Un acto épico, el gesto más heróico que podríamos tener con nosotros mismos. Esa naturaleza de cuando éramos cachorros de hombre, de cuando éramos como dices “todo temblor, todo ojos”, es como un grial.
    Un abrazo,

  3. Leonardo, es.
    ¿Conoces a Yannis Ritsos? Yo he estado leyéndolo en un libro llamado Sueño de un mediodía de verano, a propósito del tema de la infancia. Tal vez, acercarse a él te aligere como un niño en este momento.

  4. anamaría. difícil responder a tan bella y, a lo mejor, inmerecida lectura. La infancia, el conservar su inocencia, siempre me han parecido esenciales para sobrevivir. La poesía forma, sin duda, parte de ese rescate. Que su pelaje azul no mude!
    abrazos

  5. Sí, querida Niée, tenemos que beber de ese cuenco. Es una dirección que la edad adulta nos obliga tanto a borrar de nuestros portulanos! O a guardarla oculta como si fuera una terrible y vergonzosa debilidad! Nos vamos acorazando, hasta olvidarnos de esa blandura que correspondía a la blandura con la que el mundo estaba dispuesto acogernos. Blandura que es pálpito, impulso, curiosidad y, sin duda, una forma sutil de arrojo. Que prosiga el temblor!
    un abrazo

  6. He leído algunas cosas de él pero no éste que mencionas, María. Seguiré, pues, tu consejo. La levedad (en el buen sentido) nunca es mala compañía y por antónima que sea, tiene mucho de gravedad. Como los niños.
    Un abrazo

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