fragmento ocho (muerte por la calle)

Suena un disparo
oírlos no puede ser una costumbre
el hombre que dobló la esquina no volverá
tampoco el asesino
¿quién de los dos?

Por las calles señorea el camuflaje,
son pardos todos los colores, lo es el día;
encontrar bajo los visos la piel verídica de los seres y las cosas,
desvelar la membrana letal en sus pupilas
exige abandonar los miedos,
la incertidumbre de la noche próxima,
estar atento a los espacios, sólo a los espacios:
es el lapso que nos separa de la muerte.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011

10 pensamientos en “fragmento ocho (muerte por la calle)

  1. me parece que este poema muestra algo, mostrando otra cosa, hay que traspasar su membrana letal para encontrarlo.
    Ese “hombre que dobló la esquina no volverá” parece una verdad ontológica,
    “tampoco el asesino”, una certeza antropológica
    ” ¿quién de los dos?” una duda mística y poética
    Luego el desarrollo del tema, amerita “…abandonar los miedos”
    y la coda final

    “el lapso que nos separa de la muerte” reafirma el tema inicial de aquel que no volverá

    inquietante visión en esa poesía de la calle

    un abrazo sin camuflaje

  2. ¡Ups! tengo que verificar lo que es una verdad ontológica, anamaría. Es un fragmento que todavía no ha encontrado su ritmo, creo, no lo escucho aún, algo falta o no ha hallado su lugar, pero podría situarlo de manera precisa, no sé muy bien porqué evoca ese lugar, digamos en la carrera séptima con calle 24 en Bogotá. Digamos que puede ser una zona que entre las ocho y las nueve de la noche -pero también puede ser el día- se transforma en un pantanal, una marisma donde vienen a solayarse criaturas reptileanas de toda calaña en medio de otras criaturas inocentes. El disparo, el mordisco, puede venir en cualquier momento. No sabemos quién es el otro, quién va a nuestro lado, sólo podemos ver la membrana que recubre su mirada al sumergirse… El poema debe bajar allí donde todo es confusión, camuflaje, debe instalarse en ese espacio antes de no volver, de no poder volver. Aún no estoy seguro de ciertas imágenes (abandonar los miedos, la incertidumbre de la noche próxima) que, sin embargo reflejan lo que un transeúnte puede sentir al pasar por ese lugar, o lo que un poeta puede sentir si baja de veras hasta el poema si ese poema está a la altura de la muerte. Entonces sí, a lo mejor quisiera mostrar algo mostrando otra cosa, o son tus palabras las que vienen a actuar como un tajalápiz feliz?
    Mirada sin membranas y toda llena de reconocimiento y perplejidad
    Un abrazo

  3. Precisamente, querido Leonardo, el poema muestra en un primer rostro , esa calle puntual, el hecho criminal, “la vida te da sorpresas…” Sin embargo, “Ahí, pero dónde , cómo”, citando a Cortázar, se me aparece otra cosa, y sí, el poema desciende a la altura de la muerte, a la verdad “ontológica”, con la duda poética, quizá lo que no ha hallado lugar ,sea esa otra mirada, se te escapa en esos dos versos indispensables (abandonar los miedos, incertidumbre de la noche próxima), Ya no es la calle 24 o cualquier otra calle de afuera, es el disparo que siempre,ineluctable, nos da caza, a pesar del camuflaje, en nuestros territorios , siempre una noche nos espera, la oscura del alma, o la noche-noche. Venimos de la noche y hacia la noche vamos, como diría el poeta Vicente Gerbasi. Atentos, sin miedos
    ..
    Discúlpeme el tajalápiz
    otro abrazo

  4. Leonardo, ¿a qué hora del día escribes? ¿Con qué luz? ¿Cómo te abres al poema?

    De pronto, al leer estos últimos textos tuyos me puse a imaginar cómo los compones (me da felicidad hacerlo) y así sin más te pregunto por el con-texto de tu escritura y tu disposición anímica y “material” para abordarla…

    Quizá no es posible responder de un único modo, quizá la respuesta se nos niegue o nos niegue su fruto último,

    me perdonarás esta entrañablel inquisición,

    un abrazo fuerte

  5. A lo mejor le falta un poco de noche, o de proximidad de la noche, de miedo quizás, de calles peligrosas, de correr el riesgo, de ser poema.
    La lectura del otro siempre es un estimulante, los lápices son para tajarlos.
    Abrazos

  6. Querido Stalker, ya sabes que desde mi encuentro con tu Marienbad eres un stalker en mucho de lo que pienso y hago, y que tus visitas delicadas a esta casita son motivo de gozo pequeñito, redondo, adentro. ¡Ninguna inquisición puede venir de tu parte! Ya lo anuncias, la respuesta final, ese fruto último, siempre se nos negará. Mi respuesta no puede ser sino algo muy banal. ¿Qué decir que no pueda parecer pretencioso? A veces, cuando busco un poco en el aire me asalta el sueño y no sé qué ocurre, otras veces me asalta un verso antes de dormir y pasa la noche conmigo y a veces se despierta conmigo o a veces paso la mañana buscándolo entre dos cosas por hacer. A veces paso días antes de anotarlo en alguna parte, como si esperara su plena madurez. Cuando me compro un cuaderno por lo general queda vacío o casi. Escribo en el ordenador, cuando puedo, de preferencia sin música. Cuando tengo algo muy urgente que hacer escribo, huyéndole a las obligaciones. Creo que los textos se van componiendo mental y lentamente, nacen, crecen se corrigen y a veces mueren, abandonados o se van, se cansarán de estar conmigo; a veces me acompañan varios días antes de encontrar la forma que suele aparecer, “como por encanto” en el momento de escribir, a veces; a veces la encuentro mentalmente en el momento menos pensado y cuando puedo la escribo, cuando puedo, cuando tengo algo que hacer y no hago, cuando se vuelve urgente, cuando temo perderla, cuando puedo estar un momento tranquilo como ahora que te contesto la pregunta al atardecer, después de darle vueltas al asunto durante dos días y dos noches.
    Un abrazo

  7. Hola Leonardo, qué bueno volver a leerle de nuevo, hace tiempo no pasaba por la Web.

    Y llego y me encuentro con este texto, como reflejo de algunas historias que he tenido que presenciar en estos días, en un trabajo que estuve haciendo en un barrio de esos jodidos, en Medellín. La muerte como costumbre, como desayuno y cena. Lugares y mentes que se resisten a que los sueños sigan llegando hasta la próxima bala.

    Agridulce sensación volver por su casa. Un saludo,

    Tomáz.

  8. ¡Qué cosa terrible! y ¡qué azar que venga por aquí teniendo aún esa experiencia fresca! Es obvio que la realidad que subyace en este texto es la nuestra, ¿cómo escapar pese a todo? se sigue caminando y las balas en el aire!
    Gracias por el no olvido, suerte!

  9. Te leo y pienso, me pregunto, por estos días qué te inquieta, qué te enfurece, qué te duele. Qué te inspira.
    La impunidad de la barbarie tan presente, pienso, siento.

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