poema de las lluvias de invierno

llueve
llueve
no cabe otra cosa
no cabe sino la lluvia
cae la lluvia
y no su pausado silabeo
no caben más arroyos en los ríos
los afluentes reencarnan fuera de sus lechos
están fuera de sí las alcantarillas
corren histéricas las aguas por debajo de las cuestas
corren por encima de las cuestas
refluyen
llevándose a cuestas los sembrados las casas junto a
los sembrados las vacas mugiendo con
terror en el torrente
las mascotas los hombres que
duermen soñando con cosechas la capa vegetal
de los mañanas
llueve y
llueve
perdieron el sur las nubes trashumantes
se les enfrió el pacífico mar de sus abriles
adónde ir ¿qué hacer con su carga ?
llueve
llueve entonces porque es el orden de las cosas
el tiempo de la tierra no es el tiempo de los
hombres atrapados en su agobio cotidiano
corriendo aquí y allá para tapar goteras
para huir a tiempo de sus ranchos
amontonando los enseres
calafetando para no llorar el desaliento
mujeres que cruzan desorientadas las calles por donde
vuelven los ríos de su exilio en las cloacas
los ríos que echaron a correr sin ton ni son por las llanuras
al hallar los humedales de su infancia muertos
borrando feligresías municipios barrios levantados por la codicia
desaparecieron las aceras las calzadas bajo las cuales
yacen
las branquias sabias de la tierra
ya no quedan puentes huyeron las orillas
no quedan campos huertas ignorantes de su bastardía
sólo llueve
los caminos ya no existen
¿a dónde ir ? ¿por dónde ?
las plegarias se ahogan en las bocas
llueve y llueve y
la muerte
después de desguazar de un tirón las montañas
las ruinas de sus páramos donde iban a dormir antes de los hombres los aguaceros
luego de silbar como un señuelo en la desolación de las crecientes
se ha puesto a flotar por todas partes
semioculta entre las lluvias
a hinchar los vientres y el desamparo fértil
de los muertos que hemos de contar el día que escampe
que empezamos a contar aunque no escampe.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011

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14 pensamientos en “poema de las lluvias de invierno

  1. suena la lluvia caer sin parar en tu poema. El agua se escucha correr. El miedo y la desolación también.
    Te abrazo

  2. No sonará, María, tanto como la que cae en los tejados y calles y campos colombianos, pero, es obvio, que quería evocar a través de la repetición su persistencia arrasadora. Un poema no sirve para nada pero nos hace sentir que las lluvias también caen sobre nosotros.
    Gusto de leerte siempre
    un abrazo

  3. Leonardo, qué cantidad de agua, sale por todos los flancos del poema, si bien la desmesura tiene su tragedia, también encanta al oído.
    Hay un poema del chileno Miguel Arteche que canta a una lluvia tan desmesurada como la tuya, si no lo conoces ahí va un fragmento:

    A media noche desperté.
    Toda la casa navegaba.
    Era la lluvia con la lluvia
    de la postrera madrugada.
    Toda la casa era silencio,
    y eran silencio las montañas
    de aquella noche. No se oía
    sino caer el agua.

    Un abrazo,

  4. Debería prohibirse el hecho de buscar la belleza en la tragedia. ¿qué queda entonces de lo que queremos transmitir? No sé si los artistas puedan algún día resolver esa paradoja. Hace un momento pensaba si no faltaba algo en estos versos, pero veo, en todo caso, que no les falta el agua. A lo menos eso lo he logrado, pero era lo más fácil. Siempre he tenido una inclinación perversa por las repeticiones, abusiva, perjudiciable a la larga.
    Gracias por el poema que no conocía. Me parece un hermoso logro sentir el silencio de las otras cosas porque presupone que suelen sonar y nuestra imaginación puede irse por ahí; también apunta a la sensación de omnipotencia de la lluvia, capaz de ocultarlo todo, de apagarlo todo, de ocuparlo todo, ocupando el aire que respiramos.
    Te mando mi abrazo igualmente por la pérdida de Gonzalo Rojas.
    Cariños

  5. Sí, si cabe otra cosa: decirte que tu lluvia ha calado hondo en mi mente, y aunque en el lugar en el que vivo desde hace tiempo sólo llueve un poco, recuerdo los feroces aguaceros de mi ciudad natal y puedo entender la desesperación del que pierde todo en el correr de las aguas, así como la de quien se muere de ganas por que caigan unas gotas en la tierra yerma.

    Me ha gustado mucho tu sitio, vendré a él seguido.
    Saludos

  6. Sí señor, es aterradora la cosa.
    Nadie sabe qué hacer, y menos todavía el gobierno.
    Mientras tanto, aprrovechan para pasar oscuros proyectos de ley,
    robarse la plata de la salud -billones y billones-
    robarse la plata de infraestructura,
    y todavía queda para solidarizarse con las víctimas del invierno,
    pero esa plata no llega.

    ¿Cómo le parece este poema? jajajaja. Yo de bardo definitivamente poco, pero la sensibilidad sí latengo y me duele en el alma todo esto que sucede. Sobre todo que se aproveche esta catástrofe para mover este país en la dirección de sieempre, con menos ojos vigilantes. En esta temporada deberían inhabilitar al congreso de presentar proyectos de ley que no tengan que ver con la solución del problema invernal, porque duele ver cómo todos los proyectos de ley polémicos van “viento en popa”, navegando tranquilos sin veedores.

    El poema es verdaderamente conmovedor, comparto esa sensación.

    Saludos,

    Tomáz.

  7. Siempre tengo muchas dudas acerca de estos poemas un tanto o un mucho oportunistas, de circunstancia. Por lo general lo evito salvo cuando las palabras suben solitas. Tuve la ocasión de “asistir” a algunos de esos aguaceros y de hablar con campesinos y bueno, eso conjugado a la distancia, a la necesidad culpable y vergonzante de estar allí, de compatir, hizo surgir el texto. Lo ideal sería leerlo bajo la lluvia, a ver si hay, de veras, conmoción.
    Saludos y gracias

  8. Persistencia, esa palabra me viene la primera cuando pienso en el poema. La persistente lluvia y la persistente presencia de las rías, de los barrancos por donde, aún después de mucho tiempo, volverán a pasar las riadas.

    Y la segunda palabra sería desesperanza. Ver como la lluvia, ver como el torrente se lo lleva todo: tu trabajo, tu casa, tu salud.

    Esas palabras me sugieren.

    Persistente desesperanza.

    Abrazos,

  9. de verdad yo me quedo sin palabra e incluso yo estoy impresionado por esta obra que acabo de leer y quiero decir a todo el mundo que la lluvia es una riqueza inagotable y no es una maldición como algunos suelen pensar

  10. Gracias. Claro, amazirgh, tiene usted razón, las lluvias de invierno forman parte del todo que es este planeta y sin ellas no viviríamos, pero tal parece que el hombre ha logrado desestabilizar el clima, alterar las lluvias, y esas aguas excesivas que la naturaleza, si siguiera su propio ritmo, enviaría al océano pacífico, vienen a perturbar la vida y las costumbres, y a arruinar los campos, porque son lluvias que no deberían ser si no hubiéramos abusado tanto de esta tierra que habitamos. También evoco la forma como los antiguos sabían protegerse de ciertos fenómenos, pero el exceso de asfalto de nuestra civilización olvidó todas esas sabidurías. A lo mejor el poema hubiera debido aludir a las buenas lluvias (que incluso pueden ser excesivas pero que forman parte del todo), es cierto, pero respondía a una urgencia, la de sentir que esa lluvia también afectaba a mis palabras.
    Gracias por el comentario

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