Confesión en voz baja

de nuevo es necesario hablar del viento
mientras miro por sobre los tejados
la ausencia del sol en el horizonte de esta tarde
generosa con las nubes

pronto vendrá la lluvia
y ya no habrá tiempo para la quietud de este paisaje
transformado ya
por la inquebrantable esperanza de partir
que hospeda la mirada

y así como la resistente dignidad de estas casas
tantas veces rescatadas de la barbarie
es minada por la indiferencia
y ya nada
——-ni el viento ni la aventura de los hombres
puede tocarlas
no es incierto pensar
que también nuestra elocuencia y su secreta ilusión
han sido semejantes
erosionando
——-al margen de tantas calles y fachadas
——-que luego de marcharnos seguirán intactas
no pocos irreparables días de nuestra vida

© leonardo torres londoño,  bajo los párpados el horizonte (1988)

NB : este poema debe mucho a la voz del poeta zipaquireño Alvaro Rodríguez Torres, a quien leí con fervor por aquellos años.

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8 pensamientos en “Confesión en voz baja

  1. Y a pesar de que pasa el tiempo, el viento sopla sobre el mismo mundo que acaso se transforma, pero que se conserva tajantemente en su esencia.
    La vida corre a una velocidad abrumadora, y uno no sabe si correr detrás o sentarse a ver pasar todo.
    Aunque lo pienso y, quizá, ya no hay tiempo para huir.
    Gracias como siempre, Leonardo.

    Tomáz.

  2. Así, así, está Bogotá. Son tantas las nubes sobre las montañas y la ciudad, que más que agua el paisaje parece incendiado, lleno humo.
    ¿Cómo van tus poemas Bogotá 2011? Los estoy esperando…

    Abrazo

  3. Lluvia y nubes. Los aguaceros de Bogotá fueron espectaculares, como todo en la ciudad, de una manera u otra. Un viaje a Choachí, detrás de los cerros, sigue siendo un viaje maravilloso en el más literario de los sentidos, un viaje detrás de las nubes.
    En cuanto a la cosecha de Bogotá 2011, no creo que sea muy rica. A veces, ciertas cosas que vivo con intensidad, muy íntimamente, resultan intraducibles en palabras, y mis encuentros con mi ciudad van por ahí. Pero lo que salga, también saldrá por aquí.
    Un abrazo, María.

  4. Hola 🙂
    A propósito de tu comentario sobre los cerros de Bogotá, el otro día oí a una señora decirle a otra: en Bogotá si uno mira los cerros y están nublados es que va a llover. Y si uno mira los cerros y están despejados, es que ya está lloviendo.
    A mi hija y a mi nos dio mucha risa. jiji.
    Hoy hay sol y todo es azul, blanco y verde.

    Abrazo

  5. Es una excelente observación. Y prueba de que todos miramos e interrogamos a los cerros, varias veces al día, por ésta o por otras razones : allí nace el sol, la luna, la lluvia, tantas cosas. Para mí ha sido una experiencia difícil adaptarme a vivir en una ciudad donde no existen montañas para orientarse. Tenemos que inventarlas entonces en los tejados de las casas.
    Un abrazo

  6. La erosión … Que término. Si algo se estropea o se modifica, se puede rectificar, reparar, hacer el intento, al menos. Pero … ¿Qué hacer contra la erosión?

    Abrazos,

  7. A lo mejor, Celebes, se puede plantar algo que tenga raíces fuertes para detenerla. O partir. O esperar el nacimiento del desierto, simplemente.
    Un abrazo y gracias por tus retornos

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