Entre las cuatro y las cinco

—————————————————« Peut-on savoir l’heure qu’il est
—————————————————-Aucune limite n’est fixeé »

————————————————————Pierre Reverdy

Entre las cuatro y las cinco
cuando el frío ha sumado los colores
y se tumba ebrio de lo blanco

Ni a las cuatro ni a las cinco
cuando el poema ataca el rebaño
y mugen las palabras más indefensas

Después de las cuatro
la oscuridad maúlla
antes de las cinco

faltan tres cuartas vueltas para la muerte

en algún otro lugar es el alba

Cómo crujen los segundos subiendo los escalones
pesa en el balde la leche de las estrellas

¿Con qué voces arrullar a los fantasmas?
Es hora

colgad vuestro esqueleto de los cielos

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010

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15 pensamientos en “Entre las cuatro y las cinco

  1. Leonardo, esa imagen “pesa en el balde la leche de las estrellas” me ha gustado, yo la bebería.
    Un abrazo,

  2. Se siente cómo oprime ese tiempo que se escurre. Estas imágenes surrealistas me han deslumbrado. Abrazo.

  3. Imagen que vino del cielo… leche de la que poco se bebe en estos inviernos y en estas latitudes oscurecidas por el exceso de luz artificial y cielos contaminados de los que colgamos como marionetas. Pero, de cualquier modo, podemos brindar.
    Un abrazo de norte a sur

  4. Que hacen mucha bulla los fantasmas y a veces ni siquiera basta con ponerse de pie bien despierto y a la luz del sol para acallarlos. El poema es la rendija por la cual, a veces, podemos comunicar con ellos.
    Gracias por tu visita, Emily.

  5. Heraldo, bienvenido a este espacio y muchas gracias por tu lectura generosa. Entre las cuatro y las cinco siempre habrá algo más que sesenta minutos, que 3600 segundos… muchas brechas por donde colarse…
    amistades

  6. Extraordinario poema, de belleza apenas soportable, hay que leerlo con cuidado, de soslayo.
    Te envío unos cuantos versos que alguna vez escribí y que me los invocaste

    los fantasmas asustados transitan la penumbra
    tropiezan inocentes contra los sillones
    algunos se deslizan por las escaleras
    se escurren torpes y caen a través de las ventanas
    en la noche algún fulgor repentino anuncia su llegada

    amo los fantasmas agujereados
    con vestigios de trampas en su piel comestible
    soporto su candidez
    su blandura indecente
    la sangre transparente que fluye de sus cauces

    amo los fantasmas que se pasean
    todavía con frío
    por los rincones tibios de la casa
    arrastran sus jirones como carros de feria
    son tímidos ,amargos.
    disimulan su muerte entre las sábanas

    abrazo para después de las cuatro,
    anamaría

  7. ¿Qué decir anamaría? Poco es lo que le arrancamos al escurridizo tiempo, a veces sólo alcanzamos a percibir lo que se nos pierde en alguna de sus trampas, en alguna de esas horas que no existen.
    Me gusta mucho la “blandura indecente” de tus fantasmas, los siento, los veo también, asustados, “todavía con frío”, tan parecidos a nosotros, errando por los corredores de alguna vieja casona. Gracias por dejarlo. A su vez tu poema me devuelve un poema que escribí para la muerte de mi madre, en el que había un verso que decía : “es su ausencia quien divaga por el pasillo”.
    Gracias, un abrazo

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