Escrito al margen

y no saber uno encontrarse con la gente
ir tan solo
tan sólo puro abur huir nomás
ni saber cómo decir hola
o si darle un abrazo
así cuerpo con cuerpo y sonreír

todos tan altos y tan fuertes intimidan
tan poca cosa uno
y por demás enclenque
(vergüenza del padre y ay del abuelo)
todas tan bellas tan preclaras sus personas
y uno dando lástima
tan sin qué
tan pezuña debajo de la tierra
bajar la cabeza y escarbar

alrededor todos tan ojos con miles de miradas
catalejos
microcospios y entre las brumas
todo lucidez y al pan pan y al vino vino

las palabras –vete tú a saber – las ordenan
conforme van saliendo
todas en la misma dirección
nidos de preguntas
explosión bello plumaje
y acertado por demás

y uno
tartamudo opaco tan tolondro ¿qué hacer?
sacarse del bolsillo el paquete de silencios
ponerse a fumar

© leonardo torres londoño, poemas desde el margen, 2010

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20 pensamientos en “Escrito al margen

  1. Versos de desencuentro, de soledad; la gente nos olvidamos de la necesidad de conversar, compartir y de perder el miedo añ contacto físico; hay que abrazarse, besarse, tocarse…

    Magnífico poema, Leonardo.

    Un abrazo.

  2. Deliciosa ironía de poema, eso de ver a los otros tan altos, todo ojos y todo palabras, en esa circunstancia incómoda, vale fumar varios paquetes de silencio.
    Un abrazo,

  3. “tan sin qué
    tan pezuña debajo de la tierra
    bajar la cabeza y escarbar”

    En el sin qué moramos, tan pezuña: deliciosa imagen que nos interroga y nos despierta la brecha y la letra,

    abrazo fuerte

  4. Querido Leonardo, desde el margen se hacen los mejores apuntes. Uno no teme tachar, no quiere ser grandilocuente, no esquiva lo coloquial, enhebrándolo con todo eso que pasa por la frente: anota en letra pequeña, no teme anotar sus temores, no rehúsa escribir sus huidas, hablar de lo que no sabemos y fugarse así de lo que la conciencia centra, “huir nomás”, dando lástima (en comparación a los que se representan a sí mismos desde la altura o como altura), fumándose algunos silencios.

    y uno
    tartamudo opaco tan tolondro ¿qué hacer?
    sacarse del bolsillo el paquete de silencios
    ponerse a fumar

    Es cierto que podría detenerme mucho más en este poema que no sólo me ha encantado sino que me parece excelente. Enfatizar su solidez, su aparente descuido, su ponerse a conversar con las esquinas, sus giros interrogativos…

    Lo cierto es que me ahorro todo eso ahora. Me quedo leyéndote, disfrutando esta escritura que en su balbuceo encuentra su belleza…

  5. Desencuentros. Algo que ocurre a menudo, Ernesto. Es verdad que resulta mucho mejor abrazarse, pero eso es lo que se va perdiendo, sobretodo en nuestras latitudes supuestamente “desarrolladas” et hiperurbanas.
    Un abrazo

  6. Niée, Siempre he sentido mucha empatía por aquellos que no forman parte de los círculos, de las élites, que no conocen los códigos, que tartamudean porque no están seguros de nada y que socialmente son condenados por su malhabilidad.
    Vaya un abrazo con mucha nieve hasta tu verano sureño.

  7. Pezuña, mi querido Stalker, es una palabra que ya no podré pronunciar sin pensar en ti. Y pensé en ti cuando escribí estos versos que me vienen también de la infancia cuando tuve la suerte de frecuentar las vacas cebú de origen indio que pastan en mis latitudes. Posturas que, en efecto, “despiertan la brecha y la letra”.
    Abrazos

  8. Arturo, pues, la verdad, no sé qué decir. Fíjate que me sorprende el eco del poema; nunca me esperé que suscitara reacciones como la tuya. María Tabares observaba que no es la voz usual de lo que escribo, aunque sea mi voz también. Quizás tienes razón en eso de escribir desde el margen, a lo mejor no buscamos lo suficiente allí, en nuestros propios márgenes, en los márgenes de nuestra propia escritura. Siempre me ha atraído lo coloquial donde está el verdadero ritmo de la lengua y el ritmo de la vida, con su parte borrosa, pero es verdad que no siempre logro alcanzarlo en la escritura. También debo confesar que mi lectura de Bustriazo no ha sido ajena al retorno de ciertos dejos, como si me hubiera despojado de ciertos complejos o reticencias (y eso, sin este ‘comercio’ virtual no hubiera sido posible) y porque su imposibilidad actual de decir me llega hondamente.
    Gracias por tu desenterrar, un abrazo fuerte

  9. Huidizo por la actitud del otro y por la dificultad de ser de sí mismo, más que por encierro. Poema de la exclusión diríamos. Algo con lo que nos frotamos a diario en los transportes públicos.
    Saludos Emily

  10. “Observarme en la pena, en el dolor, y construir o, simplemente, sobrevivir. Sin esa escritura, sin ese decirme desde la distancia que la escritura procura, no habría sobrevivido a tanta pérdida”. – Maillard (Husos: Notas al márgen).

  11. Te propongo un diálogo poético. Me encantaron los últimos versos. El poema total me recordó esto:

    Lo público

    Me perturba lo público, no por timidez.

    Me preocupa por su vacuidad
    ajena al cruce en una plaza
    de una mujer
    agarrándose el estómago
    como si fuera un poste
    para no caer.

    Su vacuidad ajena
    a tanta gente cuya casa es el asfalto
    cuyo oficio es dar lástima
    o perseguir la noche
    como los gatos.

    Me perturba el bullicio amplificado
    de las otras voces
    y de mi propia voz
    defectuosa siempre
    diciendo poco.

    Me perturba lo público. Sí.
    Nuestra falta de carácter.

  12. Habitar los márgenes es incómodo, sí. Y a veces no escapamos a todo el bullicio donde aprendimos desde temprano a sumergirnos y a sobrevivir. La poesía debería ser siempre el lugar de lo inconfortable.

  13. Divinisimo, ríquisimo, delicioso poema marginal, provoca fumárselo o comérselo completico

    …tan sin qué
    tan pezuña debajo de la tierra
    bajar la cabeza y escarbar….( Magnífico y preclaro verso)

    dando lástima, enclenque, tartamudo y “tolondro” con paquete de silencios incluido, me induces a un abrazo cuerpo a cuerpo y a un trágame tierra sin escapatoria, y a ponerme zurdísima y a no ver más allá de mis narices…

    besos marginales

  14. Gracias anamaría recibo el abrazo con todas tus manos zurdas. Un poema que debe algo al argentino Juan Carlos Bustriazo, una escritura que puede liberarlo a uno de ciertos temores, de ciertas censuras, algo que quisiera repetir, volver a encontrar esa trocha, ese meandro. Escarbar es una palabra que me gusta cada día más, o pezuña. No saber qué hacer, algo que me ocurre a menudo, no saber comportarse, estar, ser.
    abrazos por el margen

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