poema del mal inmigrante

años atrás todo fue extraño
subir en aquel tren
la línea de los álamos por la ventanilla
el cercado de la lengua
en la parada desconocida
años después
los vagones no han cambiado
la misma toponimia
el peaje diario de las palabras
todo íntimo
aún ajeno

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010.

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16 pensamientos en “poema del mal inmigrante

  1. Otro poema del retorno. No sé si es bueno volver, pero tus versos dejan ese poso de quien busca raíces y al tiempo las arranca.

  2. Han pasado años y nada ha cambiado.

    Efectivamente, es tiempo más que suficiente para que se hubiese producido una aceptación, una integración, una adaptación … pero se ve que no es problema de tiempo.

    Un abrazo,

  3. Distingo integración de adaptación. Una es social, la otra es íntima. Quizás como lo dices, el problema puede situarse a nivel de la aceptación. La migración suscita muchísimos sentimientos encontrados. Algún día, a lo mejor, escriba sobre la otra versión del emigrante. Y como dice un poema francés : le temps ne fait rien à l’affaire, que podría traducirse por algo como : el tiempo no resuelve nada.

  4. Leonardo, siempre he admirado a las personas que van a hacer una vida en otro país, creo que ensayan el gran viaje, el desapego. Sólo puedo imaginar estadías breves, observar, tomar nota, y después volver a mi paisaje, aliviada y contenta. Creo que es inquietante eso de sentirse tan cómodo, demasiado arraigado en una estación.
    Se agradece el poema y el sentimiento que compartes,

  5. Sin duda, Niée, hay trayectorias impresionantes. Yo también ‘envidio’ a esas personas capaces del desapego indispensable para lograr una vida lejos del terruño, sin nostalgias, sin mirar hacia atrás. El poema apunta hacia las otras, claro.
    un abrazo y gracias por tu lectura

  6. El adios de la marcha, la esperanza de la tierra abandonada, que no perdida ni olvidada, al revés, siempre querida. Magnificos versos, Leonardo. Un abrazo enorme.

  7. Lindo poema. Pequeño, sorprendente en su giro de la lengua (sexo, palabra), en el que percibo está el corazón del poema. Lo nuevo, luego la costumbre, pero lo de siempre, siempre y cada vez misteriosamente ajeno, nuevo, extraño.
    Lindo, otra vez.

    Abrazo desde el mar.

  8. Cuesta mucho, lo sé, hasta que deja de costar y ya no te sientes de ninguna parte, un visitante entre tus propios huesos, entre tus cosas..quizás también extrañas. El regreso es el único lugar que siempre queda intacto, el más nuestro al fin.

  9. Emily, no sé, la verdad, no sé qué tan distintos sean. Digamos que lo son y no lo son. Reverdy que nunca viajó y Michaux que viajó mucho constatan lo mismo : aquí o allá, todo es igual. Claro, podríamos decir que el aquí y el allá son diferentes pero que aquí y allá todo es igual. Sin embargo, tengo la impresión de que allá (si nunca hubiera dejado de ser aquí) no habría este aquí cotidiano tan embarazoso a ratos. Nuestro allá y nuestro aquí deberían coincidir. Nuestro aquí debería ser nuestro mejor allá y viceversa.
    Un abrazo

  10. Lo dices todo, Sara. “visitante entre tus propios huesos”, “el regreso es el único lugar que queda intacto”. Nada que añadir a la precisión intensa de tus palabras. Gracias.
    Un abrazo entero

  11. Te estoy leyendo. Te comento en este porque no pude evitar leerlo una, dos, tres, cuatro…veces y más. Algo de mí se engancha en él.

    Gracias por tu visita en mi blog. Creo que estaré por aquí dando vueltas de cuando en vez y de vez en cuando.

    Abrazos.

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