Circunscripción de la herida

———————————————« la herida nos precede »
————————————————— Chantal Maillard

1

la herida nos precede
dice la voz en el poema,
ya estaba allí –no
era nuestra,
ahora sí ;
le tejimos un nido, casi un capullo, con la lenta ignorancia del inocente
hemos sido sus más celosos albaceas
y un día, al fin, con el dolor al rojo
sus legatarios únicos.
Y la llamamos culpa, complejo, tara, incertidumbre…
De tanto darle nombres olvidamos que no
era nuestra,
ya estaba allí
aunque sangre ahora con nuestras propias venas.

2

No importa quién, no importa el cómo ni el porqué, no importan las preguntas,
no hay preguntas.
Ya estaba allí.
Llevarla, es todo, sólo llevarla, sin ostentación,
con el mismo silencio de los otros,
la misma venda sin emplastros.
Que no sane.
No hay cauterio.

3

El cristal de la ventana ya estaba roto al entrar,
la casa nueva,
los trozos, sin barrer, siguen cortando,
el frío de las noches se cuela y se cuela el viento,
irreparable.
Sangras y la casa es nueva.

4

la lengua ya no
sabemos lamer
ya no
la lengua es otra
olvidó el abrigo que daba su aspereza
no restaña
circunscribe
verbaliza
no toca la herida
a veces la comprende y
exhibe la disparidad de los tejidos

5

rebrujo.
los muebles de tu sala
todos patas arriba
todo boca abajo
llegaste y no había
dónde descansar

6

los otros también
cada uno también
la herida es una fluorescencia oculta
un signo de reconocimiento
tiende la mano
tú tienes tu herida
yo llevo la mía
nos mantiene en el cardumen

7

Naciste
y por un descuido,
una maldad,
una palabra cayó y fue haciendo mella,
sembrando sombra,
rebrujo :
« cernícalo » – te dijo la abuela
dando al traste con la inocencia.
La marca es profunda y sólo tuya
¡una palabra ! ¡la vida entera !

8

¿puede la palabra curar de la palabra ?

9

¿Las aguas del dolor ?
Acequias de un pasado que no es tuyo
pero en ti se estancan.
Son tu hoy cada mañana.
Eres la presa,
decantar es tu vida.
Tu muerte las agota.

10

la muerte es una sutura radical
no tiene herida el polvo

11

pero
de tu daga involuntaria
habrá nacido un corte ya
y hallado un cuenco ya
donde verterse

12

tu herida sangra en otra sangre

© leonardo torres londoño, obra en obra,  2010

23 pensamientos en “Circunscripción de la herida

  1. Versos cargados de emoción. Una magnífica reinterpretación del Matar a Platón, que toma un nuevo vigor y nos produce un profundo estremecimiento. Genial, amigo Leonardo.

    Un abrazo.

  2. Querido Leonardo:

    has escrito un texto precioso, precioso por lo que es y por cómo habla de lo que tanto nos importa, de lo que venimos conversando en este diálogo sin tiempo, sin espacio, en esta no acotada urdimbre atemporal e infinitamente recreada de los blogs.

    Percibo la interiorización de “Matar a Platón”, y también de “Escribir”: su hálito salmódico, su lenta decantación elegíaca, también están ahí. Eres un lector excepcional y eso explica esa forma de injertar en ti un texto otro que se dice a partir de ti y se transfigura completamente, sin borrar del todo sus huellas: y éste último gesto es una delicadeza y una felicidad que nos regalas.

    Hay muchos versos memorables:

    “Sangras, y la casa es nueva”

    “¿Puede la palabra curar de la palabra?”

    “La muerte es una sutura radical”

    Respondería a la segunda pregunta con un sí rotundo. Sí existe la palabra sanadora, que acompasa su ritmo al de nuestra caída; esa palabra que es grito y gesto compasivo, y que sólo unos pocos pueden desentrañar.

    Tú eres uno de ellos

    Abrazos

  3. Me encanta la serie, Leonardo, desde el primer verso donde nos precede la herida, ese lugar que existe más allá de nosotros y de la palabra, también me gusta la forma en que la herida se sostiene a lo largo de los distintos procesos, tanto los más personales, que nacen de la intimidad más desnuda “Llevarla, es todo, sólo llevarla, sin ostentación,/con el mismo silencio de los otros,/la misma venda sin emplastros./Que no sane./No hay cauterio.”, como los de espectro más amplio o incluso externo: “los otros también/cada uno también/la herida es una fluorescencia oculta/un signo de reconocimiento”.
    Lo que más me atrapa del poema es la delicadeza que demuestra dentro de la dureza de los planteamientos, su visceral reconocimiento resulta apacible, la asimilación es dulce sin que por ello el lenguaje haya decaído en lo más mínimo a registros blandos: “la muerte es una sutura radical/no tiene herida el polvo”, llega a acariciar este contexto donde la herida y el polvo abrazan el significado de la muerte.
    No puedo dejar de destacar el contenido lírico de este verso” Sangras, y la casa es nueva”, renovarse en la herida, ser otro en la misma piel, ser nuevo en la antiguedad de las palabras que fluyen…un acierto de mucha altura, realmente trascendente dentro de un contexto que ya lo es y que posiciona el acto creativo como elemento regenerador y esencial.
    Sólo eso, amigo, que me ha encantado y me lo llevo para releer, con tu permiso siempre. 🙂

  4. Ernesto, a lo mejor mi poema se basa en una mala interpretación del verso de Chantal Maillard, pero desde que lo leí no pude olvidarlo y me ha servido de punto de partida para decir lo mío. En todo caso su poesía me ha marcado profundamente estos últimos meses, me siento muy compenetrado con su ritmo. Un abrazo.

  5. Es un eslabón doloroso lo que nos une entonces, Emily. No sé si las heridas son siempre involuntarias, pero las hay, o, las consecuencias de las heridas no son deseadas. Somos irresponsables con la palabra. Puede herir más que sanar. Un abrazo.

  6. Hallazgo tras hallazgo, imagen tras imagen nueva, vas diciendo sobre la vida, el dolor, las relaciones, los desencuentros, el amor, lo propio, lo ajeno, la palabra, su filo. Me parece un poema impecable.
    ¡Bravo!

  7. Querido Leonardo, ya el epígrafe es locuaz, además de pertinente. Introduce a ese poema-herida, una voz que se desgarra y que ni siquiera es “propia”. Impropia voz que hacemos nuestra para proseguir, tejerle nidos, hacernos sus albaceas, recoger su legado… Ya estaba allí, pero ¿cómo no preguntar? Yo pienso que la interrogación por la herida es lo único que queda. Quizás lo que no haya sean respuestas: las heridas las abren hasta hacerlas ínfimas. Pero lo desgarrado existe más allá (no de lo simbólico propiamente, pero sí de lo poético): en esos cristales rotos que cortan, en “el viento,/ irreparable.// Sangras y la casa es nueva”. A esos preciosos versos se le suman tantos otros. La lengua olvida, quiere tocar pero no siempre puede. Aún así, puede que el poema-herida siempre exija, simultáneamente, una promesa de sanación. Promesa, por definición, es algo incierto, algo nunca asegurado. Lo hacés bajo la forma de pregunta: “¿puede la palabra curar de la palabra?”. Quizás sólo en esa casa inestable podamos reinventarnos. Pero una palabra que no está escindida de quien la pronuncia. Palabras en manos de otro que nos ama, que nos devuelve o nos dona su confianza. Y su dolor es nuestro también: “tu herida sangra en otra sangre”.
    En fin, te has subido al ritmo de la herida y te has puesto a balbucear. Impropiamente, esa verdad de la herida, desnudándose en tu poema, sangra, pero es un dolor luminoso, quiero decir: alumbra un sentido de la escritura.
    Gracias por este poema que hago mío.
    Un fuerte abrazo,
    Arturo

  8. Mi entrañable Stalker, mi baquiano por la cordillera Maillard. Le decía a Ernesto que el ritmo en Chantal Maillard es algo que siento profundamente (ya sabes cómo puede impactar su forma de leer) y si hay, sin duda, sus huellas, sé que también es algo mío. Citas el poema “Escribir”, claro, ¿cómo desprenderse de un poema en el que nos miramos en cada línea? Y que nos enseña a decir el dolor y el acto de la escritura? No sé si haya asimilado, realmente, estas lecturas, (es un pensamiento denso y carezco de instrumentos de navegación) pero están en mí, me habitan, acomodados en un cojín cuyas formas los esperaban . Si esto puede leerse como un reconocimiento, pues eso es.
    Me ha llamado mucho la atención que portas tú y Sara al verso “Sangras, y la casa es nueva”. Son esos regalos inesperados de los lectores que nos hacen descubrir el otro centro de las imágenes.
    En cuanto a la pregunta, en el fondo, sinceramente, me gustaría compartir tu respuesta. A veces la he hallado y luego la he perdido. Y porque la he visto pasar, por ejemplo en tu bitácora, sigo en busca de ella, quizás algún día la desentrañe.
    Recibe un abrazo agradecido por el bálsamo que saben ser tus palabras y este diálogo tan importante para mí.

  9. Sara, ¡qué alegría tenerte por aquí! Aunque es, en efecto, una serie de estrofas o de versos, me gustaría que se leyese como un texto único, algo como una montaña por cuya cresta caminas y vas alcanzando picos diferentes, pero es la misma montaña. A veces ocurre, y estoy seguro de que ya has vivido esta experiencia, de que el acercamiento de otros a nuestros textos nos sorprendan, y nos abran caminos. Es conmovedor porque nos descubren los secretos de las palabras. Fíjate que tengo yo una lectura más pesimista de muchas de las lecturas que se proponen aquí (la imagen de la casa), pero quizás sea eso algo de lo importante, que las palabras, más allá de nosotros mismos, se las arreglan para decir la abrir la ventana, para tratar de curar y que siguen diciéndonos como a escondidas nuestras, re-velándonos.Y que te lo lleves para releerlo es un hermoso regalo.
    Un abrazo

  10. ¿Será, María, que, de verdad, digo tantas cosas? Yo pensaba en una sola, una única cosa: la herida. Cosas del poema. Queda siempre algo por limar, pero me parece que siempre hay que tender hacia lo impecable, ¿verdad?
    Un abrazo

  11. Arturo, gracias por adentrarte aquí. La voz ajena es esencial, porque es la génesis de todo. Es verdad que lo primero sería interrogar, pero digamos que para mí, el proceso de maduración hacia la pregunta es largo, durante mucho tiempo podemos padecer la herida sin saber que no es nuestra, y nos parecería impertinente (o a los otros, a aquellos que la sembraron y que están ahí) hacerlo. La interrogación es, a menudo, tardía, creo. Veo que compartes con Stalker la sanación por la palabra. Bueno, el poema no creo que lo sea, el poema se sitúa, para mí, en la interrogación, no en la cura. La palabra del otro, no “escindida de quien la pronuncia”, sí, a lo mejor, un poco, la lengua que lame. Las heridas, me parece, nunca desaparecen. Decía, en la respuesta a Sara, que la lectura por los otros nos sorprende, y ya ves, tu comentario también le pone luces a un texto que yo creía oscuro, y sois vosotros, quienes me dan el sentido y encienden la luz del lejano faro.
    Vaya un abrazo y un signo de herida a herida.

  12. Leonardo, encuentro como siempre un rotundo poema,esta vez sobre la arquitectura del dolor,su origen y la herencia. Todo indica que la gran culpable es la palabra, pero como todo tiene sus contrastes, también creo en su poder terapéutico.
    Un abrazo,

  13. Niée; veo que el inicio del verano del sur no te aleja por completo de la pantalla. Yo no diría que la palabra es la culpable, no quisiera que se entendiera así. Es el vehículo, el instrumento involuntario, pues la palabra no existe por sí sola. Y claro, también es bálsamo, sin duda (tanto la palabra que sale de sí mismo como la que viene del otro), pero no estoy seguro de su poder absoluto de curación, de ahí que el verso que alude a esto sea una pregunta.
    Un abrazo de sol y flor

  14. Succinct and beautiful, as usual. The intensity goes beyond the words to connect readers with a feeling we all experience, hurt. The structure is perfect for what it conveys and your word choice is superb. I wish you the best in all your poetic journeys, it is always a pleasure to read you.

  15. Bueno, Celebes, no sé qué puede simbolizar aquí el oxígeno, pero creo que en general la herida (a la que intenta circunscribir el poema, en todo caso) no nos consume, está ahí, permanente, ni más grande ni más pequeña, ni más o menos grave. Pero siempre es posible que se ‘infecte’ en un terreno más frágil, o porque se le añaden otras heridas.
    Un abrazo

  16. Demasiado figurativamente me explico a veces, lo que provoca que no me explique.

    Había unido este poema con el anterior, y, concretamente con ese verso que nos dice:
    “las palabras caen y se empozan
    se empozoñan
    crece el quiste
    .

    Un abrazo,

  17. En efecto, el poema anterior, parece ir más allá, porque se refiere a ‘las palabras’ en general. A las heridas que podemos hacer con ellas, o que pueden hacernos. La palabra provoca muertes lentas. En este último quería reducirme a la herida que se transmite, involuntaria, que es herencia y que queda ahí.
    Gracias por tu lectura, un abrazo

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