poema del camino viejo

Todavía empieza allí, al terminar la calle,
y a espaldas de las últimas huertas
finge que se aleja.

Quizás cuente aún con el ojo de los viejos
para iniciar la trashumancia
con un rebaño de helechos
y de tiempos idos ;

pero más arriba la carretera muerde, voraz,
el flanco arisco de la montaña,

y el camino
que llevaba a paso de hombre a los pastajes,
a otros pueblos,
se enrosca con las zarzas alrededor del cementerio.

© leonardo torres londoño, alforjas de sombra, 2001

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13 pensamientos en “poema del camino viejo

  1. Leonardo, este camino nos lleva directo a reflexionar sobre el progreso, sobre la forma en que cosas, personas y costumbres desaparecen sin que nadie parezca darse cuenta, nadie excepto el poeta.
    Un abrazo cariñoso,

  2. Camino truncado, peligros que acechan el discurrir de la vida, siempre en movimiento, sin parase apenas, tan sólo en su fin, en el cementerio. Cómo bien apunta nuestra amiga Niée, los versos invitan a la reflexión. Siempre hay que escuchar la explicación del poeta.

    Un abrazo, Leonardo.

  3. De mi sangre nacerán pájaros

    beberán tus ojos de agua
    de allí volarán tus ríos
    hasta tu pecho
    queriendo picarte el corazón.

  4. Ese camino…

    Que uno ve tan recto y que se va torciendo,
    Y se va torciendo,
    Y más.

    Y entonces nos damos cuenta que es una curva,
    Y otra curva,
    Y más.

    Entonces yo digo:
    ¡Esto como que parece una espiral!

    Un abrazo,

    Tomáz.

  5. Niée, El progreso que cada día nos lleva hacia no sabemos dónde! Seguro hay nostalgia de los viejos caminos por donde se puede caminar en paz y consumen el tiempo de otra forma, pero que las carreteras han condenado definitivamente.
    Un abrazo

  6. Ernesto, sí y el poema viene simplemente de la observación de un camino de mulas en un pueblo de Córcega que fue tragado por las zarzamoras desde que se construyó la carretera. Esperemos que todavía logremos nosotros llegar a alguna parte.
    Un abrazo

  7. Si señor! El viejo camino, tortuoso, retorcido, el que aprovecha las formas del terreno sin romperlas, sin horadarlas violentamente, el que poco a poco desaparece por el desuso, merecía un poema. Uno como éste. Porque ese camino era parte del paisaje, las nuevas vías ni lo conocen ni lo quieren conocer.

    Abrazos,

  8. Eso es, Celebes. Algo que me gusta mucho de esos caminos que van desapareciendo a medida que el auto se introduce por todas partes, es su utilidad, su estrecha relaciôn con la vida del hombre. Hoy, los caminos utilizados por los senderistas que, muchas veces, rescatan antiguas trochas (caminos de aduana, de bandoleros y contrabandistas, de ronda, caminos reales), no llevan a ‘ninguna parte’; existen para la contemplaciôn del paisaje. Su esencia es radicalmente diferente y quizâs hay algo muerto en ellos.
    Gracias por tu visita.
    Un abrazo

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