La casa

ni mi casa es ya mi casa…
Federico García Lorca
« Ya no vive nadie en ella »

(canción « Las Acacias » de Vicente Medina T.)

Todo era grande en ella,
hasta los ruidos que teñían la noche
y estaba llena de los fantasmas que inventaron nuestros juegos.

En el jardín,
un joven pino donde solíamos pilotear aviones
decidió una noche recostarse para siempre en las ventanas;
las hortensias cuyo sortilegio temían mis hermanas
nadie se atrevió a arrancarlas,
y en las mañanas era bueno aspirar el vaho del césped
o el incisivo aroma que relucía en las violetas.

No es fácil recordar lo que no ha muerto
y sin embargo ya no existe:
aún me sorprendo en aquel hogar de tiza pintado en la terraza,
todavía busco el soldado atrincherado en las materas
y el Nautilus continúa atravesando el mar profundo en la bañera.

La casa era un palacio con porcelanas rotas
y sitios prohibidos que franqueó la algarabía de los sábados;
torreón donde defendimos soledad contra esperanza;
campo de honor donde se batían en duelo
el orgullo ancestral contra el apremio;
mesa que nos dio solaz…
aquella casa fue mi primer libro de historia.

Bastaba abrir un cajón para emprender la peor de las guerras
o fundar un efímero país con el último de los objetos,
y dos cachivaches mágicos para embromar al tiempo
y gravitar en la fragilidad de un mundo nuevo…
cerrando los cajones
la noche nos devolvía la voz de los adultos,
salida de su fervoroso forcejeo con la vida
para entrecortar nuestros sueños
con la ternura a veces,
a veces con la intransigencia,
modelando la primera rebeldía
que la casa vería más tarde dibujarse en sus paredes.

Todo era grande en ella,
las ventanas por donde espiábamos la rectilínea inmensidad de las calles,
el miedo, los espejos, el miedo a los espejos,
la puerta custodiada por cacerolas viejas.

Bajo el mismo maderamen que tiritaba en el alba
en que los primeros deseos sublevaron el cuerpo
y los fantasmas de la desnudez suplantaron al ángel de la guardia
despertándonos a una nueva infancia,
bajo ese mismo sonoro cielo raso
por donde trasegaban los vientos,
la muerte le cantó a la abuela su última habanera.
Fue como si el mundo descubriera, de repente, su redondez:
al otro día la casa se hizo más pequeña,
los escaparates menos altos,
un apresurado olor nos llamó desde la calle y,
por última vez,
la casa nos halló un lugar secreto para velar las armas
hurtadas en las aceras de la ciudad recóndita.

Después fue huir, dejarla:
otras embarcaciones nos esperaban,
el sueño de enfrentar nuestra propia tormenta.
La puerta quedó abierta al marcharnos:
alguien más frágil o quizás más sabio
nos prestó sus lágrimas:
a lo mejor ella también se estaba yendo…

Todo era grande en ella :
el desván donde dejamos en prenda nuestras cosas,
los patios que ya se parecían tanto a los recuerdos…
No ha muerto todavía
y sin embargo ya no existe.
Puedan las palabras
abrir de nuevo esas ventanas,
retrazar la senda de alguna travesura,
el timbre de una voz en una alcoba.
Todo era grande en ella,
¡pudieran serlo las palabras !

A mis hermano y hermanas.

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22 pensamientos en “La casa

  1. Querido Leonardo, esa casa que sigue viviendo aunque no exista tiene el don de ser inagotable, de dejarse revisitar por la memoria tantas veces. Seguirán abriéndose puertas. Espacios que se reiventan, recordos que adquieren significación, lugares secretos en los que albergamos nuestros tesoros ínfimos y preciosos, aunque se trate siempre de una casa en la que nadie es dueño, en la que no hay soberanía. Y ahí están las ventanas por las que uno se asoma a mirar la lluvia y la aventura que tejemos con los otros, esos seres queridos que mantienen viva esa casa de infancia que ya no existe y seguirá habitándonos, con sus juegos y su mundo siempre por revelar.
    Esa casa es también la del poema. LA ternura de un mundo mágico del que nunca nos fuimos.
    Un fuerte abrazo,
    Arturo

  2. Me gusta cómo van sucediéndose imáges, metáforas, personificaciones que poco a poco van relatando lo que en realidad es el entero mundo del que escribe, las cosas y seres que lo han ido conformando. Pero es, nuevamente, el paso del tiempo -la infancia, el regreso- el protagonista de ste magnífico poema. Eres muy bueno en estos registros, Leonardo, y yo me identifico mucho con lo que vas contando.

    Poema para leer (y releer) despacio, si premuras. Para degustar hallazgos múltiples, tal como “No es fácil recordar lo que no ha muerto
    y sin embargo ya no existe”, ante el que me rindo.

    Creo que si quitas la primera “y” de “y un apresurado olor…” no pasaría nada, sobra, no?

    Abras con citas. Yo cierro este comentario con una extraída del poemario “Agenda”, de José Hierro, que se titula precisamente “La casa”:

    “Esta casa no es la que era”

    Me lo recordó tu poema y hoy lo he vuelto a leer. Recomendable.

    Abrazo

  3. ¿Cómo agradecer la lectura atenta con la que siempre me regalas? Poco conozco a José Hierro pero me lo vas descubriendo así que lo tendré en cuenta para mi próxima visita en librerías y la cita podría acompañar a Lorca y la canción; citas que se grabaron en mí mucho antes de que abandonara la casa paterna, como si hubiera presentido que algún día me harían falta.
    Con respecto a la Y, he hecho la enmienda y te lo agradezco. Siempre ha sido uno de mis combates pues tiendo a abusar de ella y en este poema que ya tiene sus años y en el que a veces me gustaría intervenir de nuevo con alguna corrección, me parece que sobran unas cuantas. Me parece que es importante lograr una articulación “mayor” que la que alcanzan ciertas conjunciones o preposiciones.
    Por lo que es de cierta identificación, pues me alegra que te halles en algunos de mis poemas como yo en los tuyos. Y lo del registro nostálgico, pues sí, creo que si debiera utilizar una palabra para resumir todo lo que escribo sería “pérdida”.
    Gracias y vaya un abrazo

  4. Coincido con José Zuñiga en que es un poema para releer despacio,deteniéndose en cada uno de sus versos, y así apreciar no sólo hasta los últimos rincones de la casa, sino las vivencias, los recuerdos, la calidez con la que revives tu estancia en ella.
    A mi también me ha hecho pensar en el poema de Pepe Hierro, uno de mis poetas preferidos, y por eso mismo quiero dejarte los últimos versos de dicho poema:

    Esta casa no es la que era.
    Compasivamente, en la noche,
    sigue acunándonos.

    Un abrazo Leonardo, tu poema es hermoso realmente.

  5. De tus palabras, que entiendo sinceras, se deduce que tuviste una infancia, en alguna manera, feliz.
    Todo cambia, lo bueno de esto es que hasta lo malo pasa.
    Bien hallado. PAQUITA

  6. Leonardo, esta es una visita muy especial, que hago en puntas de pies, porque es tu casa y me cuesta entrar en la intimidad de las personas. Por otra parte, sé que no podría entrar si estuviese emplazada, así como es descrita, en alguna calle. Sólo puedo hacerlo comprendiendo que yo, como muchos, también llevo una conmigo, una que no podría tocar aunque quisiera, que no pienso, sólo puedo sentirla. Lo más curioso es que si aguzamos el oído, aún podemos oír en ella nuestros pasos.

    Recibe un abrazo agradecido,

  7. Leonardo, me parece, y parece que no soy la única, que “No es fácil recordar lo que no ha muerto y sin embargo ya no existe” es un gran hallazgo.
    También, luego de la muerte de la abuela, la redondez que de repente toma el mundo y así, todo empequeñece en consecuencia.

    Tu casa, la imaginé por aquí cerca. A ver si me das la dirección y así puedo pasar a visitarla, así sólo sea el jardín.

  8. Esto me gustó también mucho:

    “…y los fantasmas de la desnudez suplantaron al ángel de la guardia
    despertándonos a una nueva infancia,…”

  9. Leonardo,este poema es un cosmos, leve gravita, crea y se recrea, las imágenes son fiat lux, esa casa que es tuya , mía, nuestra,que siempre respira en los sueños, a la que regresamos puntual al juego de escondidas, siempre la muerte de una abuela que deja estrecha el alma y los armarios, siempre el rincón que se ensancha para recibirnos de algún miedo, siempre un patio donde se descubre la belleza, imágenes que crean imágenes que crean imágenes, que se preñan de sí mismas en voluptuosa redondez, la casa que, como la infancia, no muere, que no existe, pero cuya existencia en expansión nos alcanza, la casa que me llega con un hilito de dolor conocido encima del ombligo, ¡Dios mío, voy a llorar!
    Este es un poema-casa hecho con nervadura de fantasmas, fragancia de angelesdelaguarda, vaho de juguetes perdidos, dulce compañía, se escuchan la niebla de los pasos…
    hay que volver a este poema como se regresa a la Casa
    un abrazo grande como ella
    anamaría

  10. Anamaría, tu lectura entra por los corredores de esta casa que, al fin y al cabo, salvando algún detalle, es la de todos. Yo me pregunto, a menudo, si alguna vez salí de ella, hay tantas cosas que se forjaron allí, buenas o malas. Como bien lo dices, estas cosas (casas) tienen una “existencia en expansión que nos alcanza”, no podemos huir, es ella quien escribe el poema que no hace más que evocarla como si las palabras fueran la niebla que le envuelve.
    Es un poema que tardé años en escribir, como si hubiera tenido que esperar a alejarme totalmente de ella antes de poder volver así, como si hubiera debido esperar a que los dos nos convirtiéramos en verdaderos fantasmas…
    Un abrazo

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