Poema de la llegada

Un día sabes que has llegado
porque conocías el nombre de las cosas y
la sombra inerte de tus padres se confunde, en adelante, con la tuya.
¿Cuáles fueron tus hazañas, tus conquistas ?
Nada sabes de ti pero aun cuando los muebles han perdido su color
se ahorman en un instante a tus fatigas y
en cada punto cardinal hay algo como un viso de ti mismo,
la reliquia que fuiste tanto tiempo mientras fuiste ausencia,
atento a tu mirada.
No tienes por qué llamar a nadie, dar voces,
sólo es sentarte en la cocina y escuchar el canto cotidiano de las ollas sobre el fuego,
la leche derramándose,
sentir el olor del maiz crepitando en la parrilla como si quisiera
pronunciar un nombre que algún día supo decir  y ahora,
con la paciencia del calor, repite sus sílabas de repente familiares.

Y quisieras contar cómo es el mundo allá donde logran disiparse los caminos,
las orillas de esos ríos por donde subía antaño nuestro oro,
los palacios,
o jactarte de los labios que dejaron en los tuyos el sabor salino de las piedras viejas…
pero tu memoria ya lacró los cromos y las vistas,
no queda sino el rostro de otros hombres entre los cuales te perdiste,
viandantes sin penates y sin lengua,
y cómo contar el llanto si no es llorando,
porque es de veras lo que quieres, llorarlo todo de una vez,
vaciarte del viajero
para dejar que ocupe su lugar, por fin,
el hombre que había en ti cuando eras niño.

Poco importa entonces que hayan cambiado tu ciudad, que sea otra,
que en los patios rotos de las casas nacieran edificios de oficinas
por donde circula un aire sin traza alguna de tus muertos.
Poco importa que se halle a miles de distancias.
Lo que no sabías al partir el regreso te lo enseña
cuando dejas que los otros, también sobrevivientes,
también desconocidos,
se reconozcan en ese olor a herrumbre de herramientas que despides
a pesar de mares y Mistrales,
mientras van quitándote los antifaces, deshaciéndote los nudos, desnudándote,
abriéndote las puertas de sus ojos
para que veas en ellos, porque sólo en ellos se refleja,
la llegada a ti mismo que esperabas.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010

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16 pensamientos en “Poema de la llegada

  1. Detenidamente lo he leído. Detenidamente. Y por dos veces llego a la conclusión de que este es un poema para quedarse. Es un poema sin artilugios, lúcido, sincero. Me sonó a Brines al principio. Y a algunos poemas del regreso que rondan por mi cabeza sin querer (el regreso es un tema que me atrapa). Pero el ritmo, el verso largo encabalgado, la propia voz que late en los versos va a ser que son tuyos, propios, de un tal Leonardo.
    Y entonces pienso que estoy ante un poeta. Y eso es serio, amigo.
    Si es caso, yo cambiaría “su color se horman” por “su color se ahorman”. Por aquello de la sinalefa, no por el diccionario.

    Abrazo

  2. José: Ser leído detenidamente (con el énfasis y todo) en este tiempo de prisas, de zapping, de hiperenlaces es mucho más que hermoso regalo. No sé cómo decirte gracias porque ha de ser algo a lo que todos aspiramos algún día.
    El regreso también es algo que me atrapa, quizás porque para mí el regreso es una imposibilidad y sólo tengo el poema para tratar de interrogarme al respecto y saber de qué se trata no sólo en mí sino en el hombre, en general. Regresar, llegar.
    Gracias por la corrección. No se me ocurrió la forma ahormar por no conocerla. Me parece importante tratar de emplear palabras que no nos vienen con frecuencia, (y horma me gustaba pero no tenía el verbo). Como lo haces tú con tanto aliento (todavía tengo pendiente el uso de ‘estaribel’ que conocí en tu bitácora y me parece bellísima).
    Recibe un abrazo caluroso y entrañado.

  3. Leonardo,
    a mí también me ha ocurrido como a José Zuniga…es un poema que de forma intuitiva se lee despacio…interiorizándolo.
    Es una poesía honda y de una melancolía que se extiende y se expande por dentro. Habla del paraíso perdido, que uno sabe, ha perdido para siempre. Ese es el dolor que irradia el poema. La escritura es diáfana, repleta de palabras que nos van cayendo dentro y nos llenan de esa casa, de esa cocina y “de los labios que dejaron en los tuyos el sabor salino de las piedras viejas…”

    “y cómo contar el llanto si no es llorando”

    Un abrazo

  4. Say, bienvenida, y te agradezco por tu comentario detenido. Me alegra saber que el poema pueda llegar a otros. A lo mejor es como un acto mágico que quisiera atraer ese paraíso perdido. A lo mejor es una manera de decirse a uno mismo que debemos encontrar en nosotros ese paraíso perdido. En cuanto al dolor y la melancolía… cosas de uno, cosas de todos.
    Gracias nuevamente,
    un abrazo

  5. Coincido en que son versos para saborear, poema para leer y releer, dejándose llevar por las sensaciones que de él se desprenden, y a la vez por la cadencia de su lectura. Personalmente, desde mi punto de vista profano, creo que el inicio del poema, “Un día sabes que has llegado porque conocías el nombre de las cosas…”, ya marca el sentido y la evolución que seguirá después. Ya ves que la crítica literaria no es mi fuerte pero lo único aue si tengo perfectamente claro es que me ha encantado tu creación.

    Un fuerte abrazo, Leonardo.

  6. Ernesto, si es verdad que me interesa el punto de vista crítico acerca de mis poemas, la lectura profana que ha podido generar esta bitácora es lo que justifica que siga escribiendo. Hay quienes desean escribir para otros escritores porque consideran que sólo ellos pueden comprenderlos y que están en una competencia entre unos y otros. Para mí, el poema debe ser capaz de llegar a quien se acerque.
    Gracias, un abrazo fuerte.

  7. Permitime quedarme con este comienzo:

    – Un día sabes que has llegado
    porque conocías el nombre de las cosas y
    la sombra inerte de tus padres se confunde, en adelante, con la tuya –

    Tan solo este fragmento ya es un poema,

    un abrazo,

  8. Y claro que puedes quedarte con él. He aprendido a conocer tu sensibilidad acerca de esto del regreso o del imposible regreso. Si el comienzo te ha gustado, entonces sé que he dicho algo válido.
    Gracias por tu lectura.
    Un abrazo

  9. Te vuelvo a leer de a pocos. Así como de a pocos vuelvo a Bogotá, a mi casa, a mi gente, si es que volver es posible, o más bien sabiendo que nunca lo es.
    Ya te leeré otra vez, más a fondo, para encontrarte.
    Este poema se siente grande.

    Abrazo
    María

  10. Como siempre, la deliciosa danza que une en giros y vaivenes palabras y sentimientos -¿o debo decir mejor pensamientos?-. Me niego a comentar nada concreto de este poema, pues son muchas concreciones a comentar y demasiadas alabanzas para un sólo comentario.

    Felicidades, gracias y abrazos.

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