Un hombre soy y qué remedio…

Un hombre soy y qué remedio
pesa bajo mis pies el punto en que me hallo
la carga solventada en los caminos
hombre nací y así viajo
en medio de otros hombres
con cuyas escuadras voy trazando mis propios derroteros

si me he mirado en el humor oscuro de sus pupilas

pues
talé los bosques para levantar mi casa
(no volvieron los pájaros)
desvié el curso de los ríos para regar mi jardín
(no volvieron las aguas
y se pusieron de rodillas los barcos en el salar)
maté millones de bisontes para alcanzar fama y fortuna
vacié los cofres del subsuelo a latigazos
y no me sacio
aún quedan los océanos que se creían infinitos
los glaciares
dos o tres tigres de Bengala

¿podré mirarme en el claro de sus ojos ?

pues
allí se refugiaron los pájaros
los manantiales y los manatíes
son  grandes los veleros pequeñas sus redes
hay pueblos trashumantes que van y vienen por las praderas
manos que levantan barricadas
granos que germinan en la tierra
hombres que sueñan no venden nada
que me miran en el todo de los ojos
y me llaman como si fuesen glaciares
océanos tigres de Bengala

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010

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11 pensamientos en “Un hombre soy y qué remedio…

  1. “Miré los muros de la patria mía…”. Late el gran Quevedo en estos versos, traído al aquí, al ahora. Desde ese inicio, donde subrayas la inmanecia del hombre y su destino (… y qué remedio, espléndido), esa senda ya marcada que de forma implacable sigue cada uno por muy yo que sea; a la figura de los ojos culpables, de los ojos refugio: “y no hallé cosa en que poner los ojos”
    Sí, me ha gustado mucho este poema libérrimo que bebe del Siglo de Oro sin atragantarse.
    Un abrazo.

  2. Tan adentro de los ojos. A veces sueño que es posible perderse y no regresar. Como un glaciar. Un tigre de bengala. Un pájaro. Ser los ojos.

    Me encantó el poema Leonardo.

  3. Después de los comentarios anteriores solo puedo decir que me ha parecido un poema exquisito, como bien dice José Zuniga es puro Siglo de Oro. No quisiera ser reiterativo pero tus versos me dejan siempre fascinado.

    Un abrazo

  4. Querido Leonardo, empiezo por el final de tu primera estrofa: “con cuyas escuadras voy trazando mis propios derroteros”. De eso se trata: los otros nos ayudan a construir mapas, a trazar una ruta. Es la incalculable herencia de los demás, la refutación más pertinente del individualismo que se olvida de lo heredado. La herencia, entonces, no en nombre de algún tradicionalismo, sino en tanto condición para ser (otro). Como condición para caminar. Nadie puede hacerlo por mí. Pero no podría sin esos otros…
    A veces la sombra de esa soledad nos empaña. Y en tu poema lo que leo es mirada hacia la pérdida, el sin-retorno (los pájaros, el agua…) a pesar de la experiencia de saberse mirado por un otro que se asoma y aparece en el tránsito. Lo irreversible, quizás: lo que queda atrás cuando caminamos y el daño también (talar bosques, desviar ríos).
    En cualquier caso, conmovedor…
    Va un fuerte abrazo,
    Arturo

  5. José, no sè qué astillas se me habrán quedado del gran Quevedo, pero es de esos autores que son como aguas freàticas y, a la vez, como grandes faros, en particular en sus sonetos que habrè leìdo más de una vez, en efecto. Pero bueno, quizás adolece de cierta enumeración, versos que pueden revelar cierta tendencia al facilismo. Somos hombres y tenemos un camino común pese a todo. Es muy difícil escapar a ello, aunque se trata también de ser mejores, de no repetir los errores de quienes nos han precedido, pero hombres somos y cometeremos otros.
    Portinari, A veces hay que irse muy adentro para regresar. Pero el hombre debe aprender a mirar fuera de él, justamente.
    Ernesto, recibo siempre tus lecturas como otro presente semanal.
    Nièe, escribir es pensar, tratar de penetrar en el pensamiento de alguien más para decir lo que él también quisiera decir.
    Stalker, la tristeza es algo imposible de compartir. Aquì trato de reflexionar sobre muchas cosas que provienen de mi frecuentación de tu cueva de topos. Así como envidio tu capacidad para aprender a ser búfalo me digo que me sería muy difícil de desprenderme de lo que soy y que, lo quiera o no, tengo que asumir una herencia. A lo mejor algún día pueda acercarme de ser como un habitante de la Selva Amazónica, vivir dentro de una armonía y dejar de hacer mal alrededor de mí. Pero el camino es largo. Sin embargo creo que el poema abre la ventana y no desespera de ver germinar algo.
    Arturo, sí, la primera estrofa es eso, y con esas escuadras que no siempre son perfectas traza uno su vida, llena de imperfecciones, de errores, de crímenes que ya no podemos cambiar (todo lo que enumera la primera estrofa). Pero esto no nos impide intentar cambiar, mejorar nuestro propio destino y màs que todo, nuestra manera de sentir el mundo. Si lo hemos destruído quizás todavía sea tiempo de detener este proceso, en todo caso de tomar conciencia.
    Leyendo estos comentarios que tanto agradezco me doy cuenta de que la segunda parte parece no lograr a cabalidad su cometido (de ahí el valor de vuestras palabras que me guían y me permiten tomar conciencia del abismo que puede separar lo que creemos haber dicho de lo que, en verdad, hemos dicho). No siempre somos concientes de nuestra propia oscuridad. El mundo no está ahí para nuestro servicio, debemos aprender a que nos mire, sòlo en la medida en que nos penetre podremos empezar a cambiar, y sin dejar de ser hombres podríamos dejar de ser el primer predador y el único animal capaz de destruír su propio entorno sin miramientos.
    De nuevo gracias a todos y a cada uno, Josè, Portinari, Ernesto, Niée, Stalker, Arturo, por vuestros alientos. Un abrazo.

  6. Si escuchás ese llamado es porque quienes te llaman han sobrevivido y pueden mirarse en el todo de tus ojos, porque sos consciente del peso de los latigazos heredados y la necesidad de redimirlos de algún modo. Tu escritura vibra, es tan diáfana y tierna en su melancolía, tan implacable en su condena y tan llena de umbral, para volver a decir, a reconstruir, a empezar … Es realmente hermoso y tibio leerte en Marienbad. Te abrazo fuerte.

  7. Muy bonitos versos me gustan, pero por respeto a tu blog no me atrevo a comentar por mi ignorancia soy un vagabundo forastero que cabalgo y cabalgo, encantado de conocerte, vengo de la casa de mi amigo Ernesto con sus murales repletos de educación, saludos sinBalas,

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