mirar hacia atrás

« Y el día siguiente apenas tiene nombre »
Eliseo Diego

Es hora de mirar hacia atrás
pues se ha vuelto innecesario descifrar el rumbo :
ajeno es el mapa, sus promesas.

Otros ojos calculan el trazado de la trocha en la espesura :
el arduo desmonte del porvenir
eludiendo espinas, despeñaderos,
ha dejado de ser tarea nuestra.

Salvo que no hay atrás palpable :
del tiempo no quedan ni siquiera las cenizas,
los rastros de la andadura van acumulándose por dentro :

pesan, chascan sin tener cuenta de las horas
cuando se abre el compás de las distancias
o al poner en la romana el fardo que forma lo perdido.

Bulto que debemos arrastrar pero es él quien nos empuja,
a su paso se pandean los maderos.

Poco a poco,
aluvión memorioso,
nos derroca, nos suplanta.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2010

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13 pensamientos en “mirar hacia atrás

  1. Esta vez resalto dos aspectos: la precisión del lenguaje (aquí hay trabajo) y ese equilibrio entre estrofas, tal como el tiempo en la romana. Y sí, el tiempo es hoy. “Hoy es siempre todavía”, dijo Machado.
    Abrazo

  2. ¡El tiempo!

    “…que el ahora
    acaba de irse, el mañana
    aún no existe, que el ayer
    ya pasó.”

    ¿Qué vamos a hacer con este tiempo vertiginoso que casi ni nos deja respirar, y nos lleva arrastrando?

    Leo además en el poema, entre líneas, una postura política, una crítica a quienes hoy dominan (jóvenes o viejos) y dirigen el mundo. Una rebeldía cansanda:

    “…pues se ha vuelto innecesario descifrar el rumbo :
    ajeno es el mapa, sus promesas.

    Otros ojos calculan el trazado de la trocha en la espesura :
    ha dejado de ser tarea nuestra…”

  3. Jose, espero que no se vea demasiado el trabajo, que nunca es bueno, es como en el circo, hay que hacer el número más difícil sonriéndole al público y sin que tiemblen los músculos. Y bueno, llega un día, después del mezzo dei camini, en que el tiempo que se deja atrás se vuelve una carga. Y lo que somos es la suma de todo lo vivido, como diría el gran Vallejo.
    Gracias por tu presencia alerta.

  4. María, pienso que hay un momento en que el mundo deja de ser nuestro, porque no podemos proyectarnos en el futuro. Es el curso de las cosas. No pensé que pudiera leerse como rebeldía (tus lecturas a menudo apuntan a lo inconsciente), pero es posible que la escritura la revele; quizás es más fuerte la queja hacia sí mismo, por el tiempo que de no haberlo perdido nos hubiera podido mantener todavía en la trocha antes de entregar el relevo. No es sólo el tiempo, es nosotros en el tiempo y el tiempo en nosotros; me parece que lo que se acumula es lo no vivido, lo perdido, porque la vida -que es tiempo- pasa simplemente. El retrato que nos encontramos al final sería como nuestro ‘hueco negro’ que, ineluctable, nos devora.
    Vaya un abrazo fraternal de bitácora a bitácora.

  5. A propósito de la “queja hacia sí mismo, por el tiempo que de no haberlo perdido…” de la que hablas, recordé lo que dijo Marguerite Durás: “Muy pronto en la vida es demasiado tarde”

    Nunca había pensado lo del retrato final, como un “hueco negro” que, ineluctable, nos devora. Impresionante imagen. Impresionante en su contundencia. Valdría la pena, un poema.

    Siguiendo las huellas

    María

  6. Leonardo, parados en un punto que se mueve todo el tiempo, no sé qué es más inquietante, si tratar de prever el futuro o mirar atrás para ver lo que llevamos: gente,sentimientos,voces y palabras,paisajes,casas viejas, todo probablemente deformado por una memoria poco confiable. Ya sabes, las alforjas.
    Un abrazo y buena semana,

  7. Muy de actualidad, con el LHC en Ginebra descifrando la materia, la energía y el tiempo. 😉

    Este “Mirar hacia atrás” me ha recordado, aunque sea de forma tangencial, alguna escena de una película de Luis Buñuel -esa de “El perro andaluz” en la que una persona arrastra pesadas cargas: cadáveres, monjes, un piano …- No sé porqué, pero así es.

    Saludos,

  8. María, es muy agradable saber que nos siguen las huellas y que este espacio de comentarios no es sólo un espacio de soliloquios. Para mí es un alimento esencial que me permite avanzar a partir de lo que los otros piensan y leen y aunque no estoy seguro de que siempre leáis mis respuestas, pues lo hago cada vez con el mismo entusiasmo que lo haría alrededor de un “tinto”. Volviendo a lo nuestro, pues no le faltaba razón a la Duras. El todo es vivirla, no a cien por hora, que es sólo cuestión de afanes, sino a mil por segundo, que es un asunto de intensidad. Lo que no ha sido mi caso y ahora sí que es demasiado tarde, pero me parece que es algo en lo que no pocos podrían reconocerse.
    Lo del hueco negro, en efecto, ayer pensé que podría ser un sujeto de poema, pero sé que ya lo he leído en alguna parte y yo, cuando trato de desarrollar alguna tesis en poesía, por lo general es una catástrofe! Pero, a ver, si cae en forma de verso, por qué no.
    Abrazote

  9. Niée, el presente, no te olvides del presente, sólo hay presente : presente del ayer, presente del hoy, presente del mañana. Vivir por eso mismo, porque no sabemos, parados en este espinazo semoviente o en esta tierra que deshacemos a ojos vistas. Y en las alforjas (palabra que amo tanto) pues lo más grave son los espacios donde la memoria (poco confiable, es verdad) no encuentra nada qué guardar. Es lo que me aterra a mí y que he querido evocar. Hallar las alforjas vacías y, sin embargo, pesadas; puede ser una variante del viejo tópico de los sueños rotos.
    Vaya un abrazo hoy, en el grado más alto de la escala de abrazos.

  10. Sí, Celebes, y creando, quizás, minúsculos huecos negros… El hombre y su manía de tratar de entenderlo todo antes de ponerlo todo en tela de juicio y volver a empezar (sin olvidar el costo de tales enigmas, más interesantes, sin duda, que resolver el problema del hambre en el mundo). El tiempo es algo extraño, simple como un calendario y extraño e inquietante al mismo tiempo. Fíjate la obsesión del hombre con él, desde siempre.
    Recuerdas a Buñuel, sí, es probable que el paso de la vida nos deje cargas tan pesadas como esas, los famosos fantasmas del pasado. Hay otra escena del cine, en la película “La Misión” de Roland Joffé, donde un ex-conquistador y cazador de indios que después de matar a su hermano por celos entra en la Orden de los Jesuitas, escala las cascadas de Iguazú (que simbolizaban la separación entre el mundo conquistado por los europeos y el mundo ‘inocente’ de los Guaraníes) cargando, como penitencia, un saco con todos sus antiguos atributos, hasta que llega arriba y un indio corta la cuerda. Probablemente escenas que presiden inconscientemente algunos versos. Gracias pues, por las asociaciones.
    Saludos

  11. Creo que es importante no perder el bagaje acumulado en el camino, llevarlo con nosotros por muy duro que sea, y tal vez, quién sabe si servirá para los que ya nos preceden hoy.

    Poema de enorme calidad que nos hace reflexionar sobre la vida y su memoria.

    Un abrazo, Leonardo.

  12. Sí, hay maletas que pesan más que otras, Ernesto. Y claro, ¡qué horrible sería que nos lo borraran todo! En cuanto a la transmisión es algo que me pregunto a diario, ¿que dejamos a nuestros hijos? La verdad, en mi caso, me temo que muy poco. La civilización urbana ha hecho desaparecer gran parte de aquella memoria que es indispensable transmitir allí donde reina aún la naturaleza.
    Un abrazo

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