poema del morir cotidiano

15

trae la calavera llena de sueños
José Manuel Arango

dejarlo todo
desorden en desorden
bajar raudo los peldaños
cruzar la verja
abierta como un presagio
no como costumbre

De prisa De prisa
también hoy
el reloj sus ALICATES

Correr
Siempre correr y sin tropiezos
sin olvidos

EL-TREN se ha detenido en la estación

deprisadeprisa
invisiblenelgentío

Comprar el boleto
También HOY
Débito en la cuenta
Saldo en rojo

Morir es el último salario
primas prestaciones cesantías
a destajo

El silbato del maquinista deshace los semblantes
uniforma
calaveras serenas en cada ventanilla
Cierre inminente de las puertas
correquetecorre y no y nada

Peor es no morir
Quedarse en el andén sin aire
pedir el reembolso
volverse lento y visible y solitario
Cruzar la verja que se quedó abierta
etc

a “S”-adb, abriendo puertas

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2009

Anuncios

10 pensamientos en “poema del morir cotidiano

  1. Sí, vivir de aburrimiento es igual que morir de alegría. Hoy no sé qué pasa, pero a todos nos ha dado por morirnos, de pena o no.
    Mucha enjundia en el poema, con su invisiblelgentío galopando entre los versos. Sólo sobran las mayúsculas. O no, son manías mías, que mayúsculo lo justo.
    Tiempo hacía, Leonardo.
    Y un abrazo.

  2. dioses, estimado leonardo,has pintado tan bien la velocidad de lo cotidiano, y el pasmo que nos trae sentir que somos parte de ella.
    Y las estaciones, siempre me han llenado la cabeza de inquietudes.
    un abrazo,

  3. Jose, eso de morir me pasa tan seguido que ya no sé cuándo fue la última vez y no sé cuál es mi estado. Te agradezco el comentario sobre las mayúsculas, lo esperaba, así que suprimí algunas. Yo soy como vos, “mayúsculo, lo justo”, pero aquí me deje llevar un poco porque quería, acaso artificialmente, subrayar ciertas cosas que, a todas luces, prescinden de las mayúsculas. Nunca sabemos cómo leen los otros, en realidad.
    Gracias.
    Niée: Desde niño las estaciones y los trenes me han fascinado, pues pasé mis vacaciones de infancia al lado de una carrilera y no muy lejos de la estación de “La floresta” en una línea de trenes hoy abandonada. Y ahora escucho los trenes de cercanías pasar a trescientos metros de mi casa, esos trenes que hay que tomar todos los días y donde no sabemos si se vive o se muere. Te gustará Paul Delvaux, entonces.
    Ernesto: Creo, en efecto, que la poesía podría ser como un tren, aunque no estoy seguro de subirme siempre en él. Gracias por tu mirada generosa.
    Un abrazo para todos y gracias por la compañía.

  4. Andamos invadidos de muerte, como de vida, ¿no?. Yo, como te habrás dado cuenta, llevo también un tiempo largo sintiéndola, pensándola. La veo destellar en cada cosa viva. Pero aún así, la sé (intuyo) desconocida impenetrable, innombrable, cuando de veras esté enfrente. Tren, mujer, negro, nada. ¿Nada?

    ─¿De veras esto es la muerte?
    Y respondía la voz interior:
    ─Sí, de veras es la muerte.
    ─¿Por qué, pues, estos suplicios?─preguntaba.
    Y la voz:
    ─Por qué así es, ¡por nada!

    La muerte de Iván Ilich,
    León Tolstoi

    Abrazo
    María

    PD:¿Tú no me habías dicho que tal vez venías por estas tierra en febrero?

  5. No recordaba el texto de Tolstoi. Estoy de acuerdo contigo, María, esto de la muerte seguirá siendo misterioso por fortuna (aunque sé -de eso estoy seguro, que es ausencia). Mi perspectiva es, sin duda, muy diferente de la tuya que has estado confrontada (según entiendo) a ella de a de veras. La muerte (con minúsculas) puede ser todo lo que se opone a la vida o a lo que debería ser La Vida, así con mayúsculas. La que conocemos a diario.
    Un abrazo
    PD mi viaje se posterga sine die.

  6. Cotidiana, sí, pero única a la vez. Todos tenemos billetes y vemos como, a los que les llega el turno, parten prestos. Miramos nuestro billete y … nunca marca fecha ni tren alguno, pero nos informa de que tenemos reserva hecha, sólo de ida.

  7. Celebes, sí, retomo aquí el tópico del tren de la muerte, ése que todos tomaremos algún día, como bien lo dices, sólo de ida. Hace años escribí una historia donde los pasajeros subían en un tren de cercanías que desembocaba en una estación que no era más que la muerte, pero semejante a cualquier otra estación. Así que esto siempre me ha obsesionado. No sé si se vayan tan prestos, a veces ni se dan cuenta, es lo propio de la muerte. Pero a veces no sabemos si no tomarlo es un signo de vida.
    Gracias por tu compañía,
    un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s