poema de los escarabajos

Los escarabajos de noviembre

En noviembre llegaban los escarabajos :
al caer la tarde su vuelo torpe circuía, por lo alto de los postes, la luz de las bombillas ;
y si era un deber fascinante el desafío de atraparlos,
nunca supimos qué anuncio traían sus hélitros
ni porqué al cogerlos nos prensaban, una a una, las líneas de la mano,
como queriendo abolir los yerros y asperezas de su trazo irreparable.

Quiromantes taciturnos,
diáspora de dioses de un Egipto Antiguo
que cada año volvía con su bordón secreto
a la ciudad de mi niñez profana ;
hoy  comprendo, al estimar mi camino,
¡qué breve prisión tuvieron en mi puño !

© leonardo torres londoño, alforjas de sombra, 2004

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15 pensamientos en “poema de los escarabajos

  1. Esta vez tu objeto es indiscutiblemente mágico, misterioso, simbólico, y la observación del hablante es acertada, rara vez volvemos a asir el misterio como en la infancia, aun cuando hubiese sido sólo un instante. Sabiendo que ahora disponemos de más códigos para descifrar, algunos nunca claudicamos.
    Un abrazo,

  2. Leyendo tus versos uno se retrae a un pasado lejano de sueños infantiles, a otro ambiente, a otra época, al mundo de la ensoñación. Un lujo sentir con tus poemas. Un fuerte abrazo.

  3. Yo los recuerdo (a los cucarrones) al bajarme de bus de colegio, volando rasantes el pasto, esa porción de verde que tenían todos los andenes de Bogotá antes de que se convirtieran en puro aslfato.
    Me parece muy interesante la alusión que haces a su andar pesado sobre la mano. Eso es lindo.

    “…ni porqué al cogerlos nos prensaban, una a una, las líneas de la mano,
    como queriendo abolir los yerros y asperezas de su trazo irreparable.”

    A propósito, acabo de buscar la palabra cucarrón en el diccionario de la Real Academia y qué sorpresa: ¡no existen! Hum. ¡¿Qué los cucarrones no existen?! ¡Será porque no los han visto!

    Seguro ya aparecerá en los nuevos diccionarios de la lengua castellana que están o acaban de salir, y que incluyen todos los americanismos. Que así sea para que definitivamente no se extingan los cucarrones.

    Abrazo
    María

    Abrazo

  4. A veces he pensado que tan misterioso como la muerte es el lugar y el cómo me nacen los poemas. Siento que es totalmente ajeno a mi voluntad, pues sólo aguanta la voluntad de escribirlos y la voluntad de esperar a que vengan. Muchas veces quiero escribir sobre ciertos temas que me duelen o me alegran, quiero ser más crítica, denunciara más, no sé, o por ejemplo escribirles a mis hijas, pero es en vano. Escribo sobre algo que alguien en mi me dicta (ese es el alma, ese ser que desconozco y no sé ni siquiera si existe, al que hago referencia en uno de los poemas de hace poco). Es un impulso desde adentro hacia afuera, que podría ser equivalente, sin hacer un juicio estético, al vómito. Igual de contundente y claro llega a mi mente, a mis dedos, el primer verso y la necesidad de sacarlo de mí. Otra cosa es ya el trabajo, que es harto y palabra por palabra. Y otra cosa, por supuesto, el que el poema sea un gran poema, y sé que son pocos, pocos, pocos, y más probablemente de todos los que he escrito ninguno lo sea.
    Pero sí, el poema viene a fin de cuentas, y desde algún lugar muy adentro e impredecible.
    Y ya sé, ya sé, que viene un poema y vendrá otro tarde o temprano, ya tantos han venido.
    Pero como dices, cada que se termina un poema el vacío está enfrente.
    Pienso que es el silencio del mismo poema; el canto que sigue. En ese silencio hay que continuar la partitura. A veces poco tiempo, a veces el suficiente para que nos parezca una eternidad.
    Y aunque voy ganando confianza, siempre me cuesta. Pero voy aprendiendo a tener paciencia.

    Abrazo abrazo
    María

  5. A pesar de las complicaciones técnicas (ordenador estropeado) e intelectuales (salgo agotada mentalmente de un proceso vírico), sigue siendo un placer leerte. Los escarabajos (los escarabajos!), la magia, la niñez… compone un todo que encaja de tal forma que nada sería lo mismo sin lo otro, y lo devuelve para crecerlo. Me ha gustado mucho! Un abrazo.

  6. Niée, ya quisiera, pese a poseer más códigos, poder desentrañar el mensaje de estas líneas. Es verdad que no debemos claudicar, pero andamos (o ando yo) a tientas por la vida. ¿Era eso lo que decían mis manos?
    Un abrazo

  7. María, espero que puedas verlos por estos días, si todavía vuelven, que acaso son, como tantas otras cosas, sólo un recuerdo más de mi ciudad natal. Sí, qué tristes las aceras sin la banda de césped de antes, ya perdí la costumbre de esto, pero veo que por allá también.
    En cuanto a la palabra cucarrón, pues sí, imagínate que es un colombianismo, y muy curiosamente, en el diccionario de americanismos (o de colombianismos, sería más exacto) del Caro y Cuervo, las dos primeras acepciones no son las de escarabajo, que me parece la más común. Ni siquiera en mi diccionario de americanismos figura. Escarabajo es una palabra muy hermosa, preferible a cucarrón (más juguetona), llena de cierto misterio.
    En cuanto a nuestra discusión sobre el nacimiento del poema, pues aquí estoy esperando…

  8. Leonardo, y ¿quién nos atrapa a nosotros, que somos los otros escarabajos? ¿En qué puño languidecemos?

    ¿Puede el poema abrir ese puño?

    abrazos

  9. Stalker, perspectiva borgiana la que propones. Y tu pregunta incluye la respuesta. En efecto, sôlo la literatura puede abrir ese puño, despertar el soñador que nos sueña. La diferencia está en que los escarabajos de mi infancia no formaban parte de mi vida, el puño que nos retiene es el mundo, nuestra propia historia, leer las líneas dibujadas en su palma es revelarnos a nosotros mismos. Y dicha revelación puede ser nuestro propio fin.
    Gracias por tu visita y tu lectura

  10. Es precioso Leonardo! Muchas gracias por enseñármelo.
    Encima es noviembre. El mes que más me gusta, el más poético a mi parecer.

    Me ha gustado mucho el verso de “como queriendo abolir los yerros…”

    Un beso.

  11. Bueno, pues me alegra mucho que te haya gustado. Hablo de noviembre porque así era en mi infancia bogotana, llegaban como a fines de octubre y duraba unas pocas semanas el fenómeno. No será el mismo noviembre tuyo, claro, para mí es un mes que tiene (tenía) ya un regusto a vacaciones en las tierras calientes del trópico -todo lo contrario del otoño-, pero eso poco importa.
    Gracias por tu lectura,
    un abrazo

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