A la memoria de indígenas asesinados

Ayer me dieron muerte

“Cuántas veces me mataron, cuántas veces me morí”
María Elena Walsh

Ayer me dieron muerte una vez más, Quinientos años llevan emboscados.
Me llamaba Edwin,
Y caí bajo las balas de este ejército que, dicen, es el de mi patria.
Antes me llamé Hatuey, Aquimín, Lautaro,
Y morí por la lanza codiciosa del porquero.
Llevo todos los nombres, conozco todas las muertes, los engaños :

El gastado cuento de Dios, su ruido de cascabeles ;
Las vasijas plásticas, la tienda de raya,
Las laderas rotas del resguardo.
Me sé Los trampantojos de la ley al pie de la letra :
La firman hombres que por oro empeñan su Palabra.
Una y otra vez quieren la tierra, su manto, la vega fértil, los bisontes, la última veta de las minas, dragar los ríos, vaciar lagunas,
sacarle, a chorros, lágrimas al fango ;
no se sacian.
Y diezmarnos, entrar a saco, reducir lo reducido.

Mañana me matarán otra vez, llevaré por nombre Claudio, Ernesto,
Me matará otro ejército que también se dice patrio.
Y habrá mentiras y más decretos para exportar artesanías.
Quinientos años llevan y yo
Vuelvo, me levanto, sigo aquí, de pie
Pegado a las enaguas de la Tierra, guardián de sus secretos.
Somos cada día más pocos, es verdad,
Pero alzamos la voz,
y más dignos, (en nuestra sangre ahogamos la esperanza).
Sólo por eso
vuelven a emboscarse.

+++

Cuando escribía este poema pensé que era un abuso la licencia “poética” de atribuirme la primera persona. Por eso escribí una segunda versión donde el punto de vista es el de los asesinos. Me inspiré, como lo sugiere el epígrafe, en el bello poema de José Emilio Pacheco y en una estela de Victor Segalen.

+++

Ayer lo matamos otra vez

“Dimos muerte
a cuanto natural se nos opuso”

José Emilio Pacheco

Ayer lo matamos otra vez, Quinientos años llevamos emboscados.
Se llamaba Edwin,
Y cayó bajo nuestras balas de ejército patriota.
Antes se llamó Hatuey, Aquimín, Lautaro,
Poco importa, para nosotros en aquel entonces carecía de nombre
Y del nombre que le dimos hicimos un insulto.
Lo atravesó nuestra lanza aventurera de porquero.
Gracias a nosotros conoce todos los cielos y, aunque de poco le sirve, intuye todos los engaños :

El gastado cuento de Dios, su ruido de cascabeles;
Las vasijas plásticas, la tienda de raya,
La ladera estéril del resguardo.
Aprendieron a leer los trampantojos en el papel de nuestra Ley:
Nos saben dispuestos a empeñar por oro nuestra Palabra.
Una y otra vez reclamamos la tierra, su manto, la vega fértil, los bisontes, la última veta de las minas, la arena dorada de los ríos, el fondo de sus lagunas,
Los escupitajos de oro del subsuelo.
Nada puede saciarnos.
Es nuestro deber diezmarlos, entrar a saco, reducir lo reducido.

Mañana lo mataremos otra vez, Dirán que se llamaba Claudio, Ernesto,
Poco importa,
Morirá a manos de otro ejército que también se dice patrio.
Y habrá mentiras y más decretos para exportar artesanías.
Quinientos años que duran ya nuestras andanzas, sin embargo
Vuelve, se levanta, sigue allí, de pie
Pegado a las enaguas de la Tierra
Sabedor de sus secretos.
Nos alienta el ver que cada día son más pocos, es verdad,
Pero alzan la voz,
y hasta parecen más dignos, como si fuera imposible ahogarles en su sangre la esperanza.
Sólo por eso
Debemos emboscarnos.

A la memoria de los indígenas asesinados en Colombia : Edwin Legarda, asesinado por el ejército colombiano. Ernesto Jiménez y Claudio Nastacuás (entre otros 17), indígenas Awá asesinados por las farc

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7 pensamientos en “A la memoria de indígenas asesinados

  1. Gracias, dobles además, por la fuerza y calidad de tus versos, doble poema cantado a dos voces, valiente, denunciando siempre; y gracias por agitar nuestras conciencias haciendo, al menos a muchos de nosotros, que nos lleve el deseo de saber a conocer aspectos que no suelen ser muy destacados en los medios de comnicación generalistas. Y así, nos movemos intentando saber más, conocer aspectos de esa realidad trágica y dolorosa. Gracias de nuevo, y qe nunca ese tajalápiz deje de afilar la mina que nos informa.

    Un abrazo

  2. Pingback: Poema a la muerte de un indígena « Tajalápiz

  3. Leonardo: Has escrito un gran poema, si me inclinara hacia el elogio fácil y barato no agregaría nada más.

    Por respeto, sé que debo ir más allá. Una de las cualidades de la buena poesía es “evocar”. Evocar el mundo a través de las palabras. Evocar, también, la voz de los demás, de los que no hablan. O de “aquello” que no habla, pero dice: como el viento, el sol o el agua. O la voz de los muertos, los asesinados, e incluso de los suicidas. Y tú has evocado con este poema esa voz, la de los que no han podido hablar sino con su muerte, con su tristeza, con su lucha inmemorial, con sus cantos –que muchas veces ni siquiera están hechos palabras– precisamente porque su lenguaje está corformado de algo más verdadero. Tú, aquí, lo has descubierto.

    Saludos

  4. Ernesto y Tonatiuh: Gracias por los comentarios y la lectura. Personalmente yo desconfío mucho de los textos de circunstancia (y más aún de los míos), es bien sabido que los buenos sentimientos no hacen buena literatura, pero creo que la literatura puede acompañar algunos momentos, porque la gente a veces busca en las palabras de los poetas una especie de empatía y quizás algún consuelo. Lo ideal sería hacer llegar estos textos a aquellos que padecen las circunstancias, pero eso es un sueño solamente, lo ideal sería que de entre los indígenas del continente americano surgieran grandes poetas y grandes textos que tendrían un verdadero valor. Dicho esto, debo confesar que como son temas que me interesan, pues no logro reprimir los deseos de escribir alguna cosa porque sé, además, que tengo lectores sensibles y muy magnánimos y generosos. Gracias.

  5. ¡Disiento! Los buenos sentimientos, los malos y todos los sentimientos hacen la buena literatura. De ellos está hecha. Me gustó tu poema: además de la denuncia, “…sacarle, a chorros, lágrimas al fango;/ no se sacian.”
    “Vuelvo, me levanto, sigo aquí, de pie/ Pegado a las enaguas de la Tierra, guardián de sus secretos.”.

    Me gusta mucho más la primera versión, con el sentimiento desnudo, sin ocultaciones racionales artificiosas.

    Saludo
    María

  6. El problema, María, en efecto, reside en hacer literatura, es lo que debe primar a la hora de escribir, y no el propósito de hacer una “buena acción”. Si esto prima, la obra, en tanto que literatura, no funciona. Para mí, es la calidad “literaria” (poética) de un texto lo que garantiza la transmisión del contenido. Por eso siempre me gustó el poema de Pacheco, por la distancia, porque no hay lección ni compasión, sólo un poema que por su belleza intrínseca nos permite comprender la abominación que fue la Conquista española. Es lo que traté de hacer en la segunda versión. Al fin y al cabo, que me guste o no, aunque esté atento al destino de los pueblos indígenas, aunque me solidarice con ellos y defienda sus luchas, pese a todo ello, soy más heredero del español y formo parte del mundo que los aniquila. Pero bueno, me encantó que te haya encantado y que hayas dejado tus impresiones. Y esperemos que el porvenir de los pueblos autóctonos se mejore, tienen mucho que enseñarnos.

  7. Me ha emocionado leer el poema de María Elena . Mis hijos crecieron con sus canciones, allá en Buenos Aires. Años ha.
    Hermoso el contenido: El problema de los indígenas siempre me ha preocupado.De hacho, tengo algunos pequeños poemas relacionados con ello.
    Gracias por hacernos llegar estos.
    Y gracias también por tu visita a mi blog. Un abrazo poético.
    Soco

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