Tajalápiz

marzo 9, 2012

señales de vida y muerte (16)

Archivado en: Uncategorized — Leonardo Torres @ 9:31 pm

brotan alrededor señales de vida y muerte
el eco rojo del corazón responde
tin marín de do pingüé
suena un disparo y
alguien calcula lo ganado en su guarida
la tierra cambia de manos no la guerra

si acorralada en el rincón de la rabia la congoja
no sabe aún dónde arrojar sus lágrimas
cada estallido dilata en la pupila
lo oscuro de avanzar por el presente

señales de vida y muerte

algo se hizo trizas
también deberían romperse las sintaxis
es urgente hallar en el
vacío que crece en el paisaje         mientras
va llenando las tumbas
el grito
con el que suelen nacer los nacimientos

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2012

abril 5, 2011

Homenaje a José Luis Zuñiga

Archivado en: Uncategorized — Leonardo Torres @ 9:11 pm
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José Luis Zúñiga falleció este domingo tres de abril. La poesía fue lo que nos permitió encontrarnos y la que alimentó dos años de intercambios y lecturas mutuas, que fueron para mi algo enriquecedor. Su blog : tiempo a destiempo era un poco como su taller de escritura para esos “poemables”, como él los llamaba, que iba colgando casi a diario, intensamente, cuando no nos proponía recordar, juguetonamente, algunos metros de la poética castellana, o colgaba textos que le habían gustado en sus visitas a otras bitácoras.

Como sé que a la vez que las amaba, desconfiaba de las palabras, no quiero extenderme aquí, sólo diré que hemos perdido uno de los buenos y que hay un poco más de silencio hoy.

Dejo un par de sus poemables que había guardado hace algunos meses :

paisajes perdidos
.
En las tierras del norte estará lloviznando.
En las tierras del norte el sol derrama astillas
mientras un cotidiano paraguas se pasea
ensimismado en nubes de nostalgia.
Sobre el salitre amigo de rocas que negrean
un sollozo distante recuerda a los ausentes.
Sólo un destello verde ilumina las noches
en las tierras del norte.

Hoy, sin asombro, porque nada ha pasado,
tu gente aspirará gotas de yerba
y verá transitar por las veredas una yunta de bueyes
camino de la cuadra, ajenos por completo a los romanos.

(Una estrella se posa sobre la espuma del acantilado.
Heráclito contempla perplejo el panorama
sin encontrar ni rastro de su lejana Éfeso.
Artemisa sonríe. El sacerdote humilla la cabeza
ante la mismidad clara del paisaje al cabo de los siglos.
Una humedad repleta de palomas da cobijo al maestro:
“Afirmo, amigos míos, que el río cuyas límpidas corrientes
contemplé es hoy el mismo río. Afirmo más: es un estanque inmóvil en el que se refleja la sombra de un camino. Mas todo permanece. Nada fluye”.

El cielo encapotado brinda la muerte al genio.
Einstein también recoge su melena ante el descubrimiento
de que el tiempo y la luz son absolutos, quietos,
en el norte).

Alberto guarda un deje de tristeza ante las matemáticas
y Heráclito destruye la dialéctica a cambio de un paisaje,
mientras tú te consumes entre tesis y antítesis perdidas
y tu corazón sueña un imposible vuelo de retorno.

Hoy, que adivinas lluvias en el norte,
el sol derrama azufre donde habitas.

Un haiku

Hay muchos huecos.

Habito una mansión de cuatro tenedores, diecisiete ventanas, doce puertas, catorce chimeneas y un par de aldabas tiesas que no sé cómo usar. Tiro de la cadena cada día. Tengo dos carcamales y una reja.

No vivo solo.

José Luis Zúñiga (1949-2011)

febrero 1, 2011

A la memoria de Ernesto

Archivado en: Uncategorized — Leonardo Torres @ 10:18 pm

Madera y manos
ornan la embocadura
de la vihuela

y desemboca
por el gesto redondo
la melodía

Ernesto fue una de mis primerísimos contactos en el mundo de las bitácoras y se convirtió en uno de mis más fieles lectores, al tiempo que animaba su bitácora Testigo, dando cuenta de sus lecturas, sus paseos culturales, sus rabias frente a la marcha del mundo y de España, dándole vida a ese barrio virtual donde acudíamos todos los domingos a ver y a escuchar sus regalos dominicales o a aprender algo de historia. Siempre generoso, abierto, respondiendo a cada comentario, y recíprocamente visitando los blogs de todos los parroquianos que acudíamos al barrio.
Dejo aquí este pequeño texto, publicado hace ya tiempo que fue el inicio de nuestra relación. Un haiku que Ernesto publicó en su bitácora, como lo hacía de tiempo en tiempo, y una prolongación que escribí y que él aceptó amablemente.
A la memoria de Ernesto.

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