Tajalápiz

abril 18, 2011

Poema mirando una fotografía

Archivado en: Nuevos poemas,poemas de emigrantes — Leonardo Torres @ 9:31 am
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En muchas de sus fotos aparecía el mismo hombre. Cambiaban épocas, edades, los trajes, el mar quizás. Se le veía en Novgorod, Addis Abeba, Mompox, Montevideo.
Los otros -¿qué otros?, decían que era él.
En efecto, a veces se detenía en alguna donde reconocía un aire familiar, una forma de mirar, algo vago que lo interpelaba en lo más íntimo, sin llegar a convencerlo.
Y seguía buscando una fotografía de la que pudiera decir, sonriendo :
-éste soy yo, en mi, durante el viaje.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011

marzo 29, 2011

Resignación del nómada

Pan seco
sin agua
La tierra
lejana

Sus montes
la niebla
las calles
lluviosas
borrándo-
lo todo

No busques
tus huellas
impresas
es duro el
asfalto

Lo muelle es
tu vida
Tus pasos
se imprimen
se imprime el
sendero

Tú fuiste
los pasos
ya eres
tu propio
destino

Te quedan
memorias
cenizas
de todo

Las viejas
canciones
formol del
pasado
Migajas
de todo
y truncos
los versos

Distancias
distancias
que crecen
en cada
regreso
distancias
que medran
en cada
palabra

Tu imagen
es otra
Son otros
los otros
Un pacto
que tejes
querer ser
el mismo
Engaño
imposible

El puente
quebrado
no tiene
remedio
¿curarlo
con qué?
¿soñando
retornos ?

No vale
la pena
Acoge en
tu pecho
el polvo
del nómada
Acoge
en tu vientre
la harina
reseca
tu nueva
bandera

Con ella
te cubra
la muerte

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011

marzo 8, 2011

Poema recurrente del retorno

El ferry empina su proa hacia Ioannina,
Atrás van quedando los castaños gigantes, los pequeños, antiguos monasterios de la isla.
Las aguas del lago sirven de camino al retorno,
No guardan huella, no hay senda, sólo un derrotero.

Yo vuelvo también pero quisiera conjugar el verbo
En un modo más íntimo,
Sin mayúsculas, tácito el pronombre.
Verdadero.
Y cambiar la isla y el destino.
Pero nadie regresa hacia su propia vida,
Por más que quiera, por poco que se aleje.

Otro es el río, otro es el mar por donde viajo
Y es aquí donde dibujo y las aguas desdibujan
Mi torpe trayectoria.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2008

noviembre 12, 2010

poema del mal inmigrante

años atrás todo fue extraño
subir en aquel tren
la línea de los álamos por la ventanilla
el cercado de la lengua
en la parada desconocida
años después
los vagones no han cambiado
la misma toponimia
el peaje diario de las palabras
todo íntimo
aún ajeno

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010.

octubre 2, 2010

Poema del regreso

Volver es lejos,
inconstancia del adverbio;
apagar un allá, un atrás,
como se apaga el sol del verano
cuando volver es aquí y es lejos
en voz baja,
donde el apuro de hoy por ser mañana
enmudece las brasas del horizonte,
el arco intenso de su latido.

Volver es a este ahora y este aquí -tan comunes-
y es lejos,
sin más alternativas.
Aceptar el sol cada tarde
poniéndose en el pecho.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010

mayo 30, 2010

Poema de la llegada

Un día sabes que has llegado
porque conocías el nombre de las cosas y
la sombra inerte de tus padres se confunde, en adelante, con la tuya.
¿Cuáles fueron tus hazañas, tus conquistas ?
Nada sabes de ti pero aun cuando los muebles han perdido su color
se ahorman en un instante a tus fatigas y
en cada punto cardinal hay algo como un viso de ti mismo,
la reliquia que fuiste tanto tiempo mientras fuiste ausencia,
atento a tu mirada.
No tienes por qué llamar a nadie, dar voces,
sólo es sentarte en la cocina y escuchar el canto cotidiano de las ollas sobre el fuego,
la leche derramándose,
sentir el olor del maiz crepitando en la parrilla como si quisiera
pronunciar un nombre que algún día supo decir  y ahora,
con la paciencia del calor, repite sus sílabas de repente familiares.

Y quisieras contar cómo es el mundo allá donde logran disiparse los caminos,
las orillas de esos ríos por donde subía antaño nuestro oro,
los palacios,
o jactarte de los labios que dejaron en los tuyos el sabor salino de las piedras viejas…
pero tu memoria ya lacró los cromos y las vistas,
no queda sino el rostro de otros hombres entre los cuales te perdiste,
viandantes sin penates y sin lengua,
y cómo contar el llanto si no es llorando,
porque es de veras lo que quieres, llorarlo todo de una vez,
vaciarte del viajero
para dejar que ocupe su lugar, por fin,
el hombre que había en ti cuando eras niño.

Poco importa entonces que hayan cambiado tu ciudad, que sea otra,
que en los patios rotos de las casas nacieran edificios de oficinas
por donde circula un aire sin traza alguna de tus muertos.
Poco importa que se halle a miles de distancias.
Lo que no sabías al partir el regreso te lo enseña
cuando dejas que los otros, también sobrevivientes,
también desconocidos,
se reconozcan en ese olor a herrumbre de herramientas que despides
a pesar de mares y Mistrales,
mientras van quitándote los antifaces, deshaciéndote los nudos, desnudándote,
abriéndote las puertas de sus ojos
para que veas en ellos, porque sólo en ellos se refleja,
la llegada a ti mismo que esperabas.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2010

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