Tajalápiz

Diciembre 16, 2009

Perder las palabras

Archivado en: Nuevos poemas — tajalapiz @ 3:42 pm
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fotografía de Celebes

Cada día pierdo palabras
Y tengo luego que buscarlas a solas
En secreto
Y traerlas a la fuerza
Arrastrarlas

Y es que se marchan cada día por el mundo
Se me escapan de los labios para ir por ahí de boca en boca
Libres
Sin escrúpulos

A la intemperie de la vida
Se encanallan

Por eso es tan difícil convencerlas del regreso
Y tengo entonces que emplear la fuerza
Arrastrarlas

Vuelven curtidas
Con un barniz ultramarino en el acento
Y tatuajes callejeros
En su equipaje
Pesan los aguinaldos de la aventura

Volveré a perderlas ya lo sé
Y no importa

Entre anécdota y anécdota confisco
con aplicado disimulo
algún talismán
la llave perdida de un tesoro

© leonardo torres londoño, obra en obra.

Diciembre 6, 2009

Presente lejanía

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 10:08 am
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Foto de Celebes

Presente lejanía

Buscas aquí lo que allí tenías,
no el pronombre, la persona,
su andar, sus brazos frescos y cada requiebro susurrado tras las puertas,
las mismas que fuiste cerrando, una a una, porque sabías que con ellas abrías la esperanza,
hasta no encontrar ya sus brazos ni la perfección en el secreto de sus besos y perdiste la irresuelta condición de las caricias…
no buscas el nombre de las frutas
sino el sabor todavía sazonado por el sol, la pulpa en flor deshaciéndose en tu boca desde la infancia, bajo la silueta de los árboles con sus cosechas y sus panales desafiando al viento, y la sombra de quien los sembró años atrás, acurrucado…
Eso buscas.
No el recuerdo que dejaste ya de compartir porque los otros lo mezclaron al olvido
sino el barullo que hacen las preguntas en las calles,
la incertidumbre de quien busca un lugar para el amor y no lo encuentra y tiene hambre porque hace tiempo no sabe a dónde ir y nadie le explicó lo que debía hacer en caso de tormenta, pero no te importa
porque es tu ciudad y sabes dónde acechan sus puntos cardinales y  te conoce…
es eso lo que buscas.
No quieres el relato horizontal de lo ocurrido,
los miles de kilómetros entre sus relojes, no,
quieres la muchedumbre tensa avanzando hacia la franja prohibida,
la estampida en que el instinto salva la dignidad del hombre   cuando
no tiene más remedio que ponerse de través frente a la inercia del
mundo, donde las balanzas nunca alcanzan el equilibrio, y quieren imponernos a todos las mismas ojeras, rejas, el mismo minutero…
Eso.
Y no el desorden catalogado de las ruinas ni la arrogancia de la Historia.
Lo que buscas aquí y no encuentras
es el barro blando de los hechos,
el caballo vadeando la creciente urgido por la desazón femenina de la noche, su jinete que responde con el eco de tu nombre si lo llamas…
es lo que buscas aquí,
agobiado por la escogencia de palabras que encubran la verdad y tapen los vacíos y limpien la herida purulenta;
agobiado por conocer su dominio en el arte de mentir y el espejismo pero incapaces de borrar el mar, los adioses, los años que viste pasar desde otras costas donde
la lluvia remplaza cada día al horizonte que un día fue tu punto de partida…
agobiado por el presente imposible de los verbos,
por la vehemencia que cobran en la distancia los colores y la hinchazón del sol que atribuye tu memoria a los paisajes en cuyas montañas de verdad, quizás más grandes que el trazo de tu mano,
los ríos inocentes son esclavos de la ignominia,
pero no eres tú el que siembra peces nuevos en sus aguas…
todo lo que buscas aquí y allí tenías…
la contemplación vertiginosa de las estaciones al caer la tarde, sin cuartel, sin previsiones,
la línea ecuatorial del calendario,
la muerte llana de los seres queridos,
o aquella forma de vibrar que llevan en los ojos las mujeres, capaces de desafiar todos los miedos hasta cruzar las líneas enemigas donde anidan los asesinos… para regresar indemnes con el secreto sangriento de sus cabezas…
Todo lo que ayer podías :
palpar el silencio de cada cosa sin nombrarla, quitarle el polvo a los objetos sin afectar la pátina que cubre por igual tu historia,
ponerle, a ciegas, un norte a los caminos,
salir de casa y echar de nuevo los números en la ruleta donde todos los demás apuestan sus quimeras,
cruzar los dedos como ellos,
mezclar tu voz con sus alientos cuando alguien pierde o alguien gana, antes de extraviarte en la muchedumbre paciente de las aceras, tan ignorante como ellos de lo que se dijo en los garitos,
a solas con tu propio rango…
decir nosotros, no allí ;
aquí, no ellos.
Todo lo que buscas aquí y allí y ayer tuviste,
cuando acariciabas la piel que sostenía en vilo tu destino.

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2009
La fotografía de Celebes "Desembocadura" (bajo Creative Commons)
fue sacada de su blog.
Agradecimientos.

Noviembre 29, 2009

Poema de guerra por la paz

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 10:33 pm
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La Quema

Al final, cansados de enarbolarla en el asta de los sueños, de llevarla a diario entre los labios como un santo y seña; hartos de gritarla y reclamar sus privilegios, escuchamos al  más joven: « si le diéramos forma y color de tal manera que ellos, que parecen sordos, pudieran verla… »

Pusimos manos a la obra. De concierto, el cielo y el manto vegetal nos prestaron lo mejor de sus colores. Todos estábamos allí, atareados, sin hacer caso del ruido en torno; el bosquejo avanzaba cuando alzamos la vista : faltaban las miradas más agudas, los rostros más sinceros habían caído…  y comprendimos que la empresa no era suficiente.

Nos dijimos: levantemos aquí una torre tan alta como la suma de nuestros anhelos: Todos vendrán a verla y entenderán. Comenzamos al instante, los nevados nos dieron el ejemplo por encima de las nubes. Nadie falló. Pero al ver que nuestros albañiles se desplomaban uno tras otro al son de los disparos, comprendimos que toda empresa era inútil.

Con los maltrechos maderos del dolor encendimos una hoguera donde fundir nuestras herramientas (el fuego les dio una boca a su imagen y semejanza); la atizamos con un aliento renovado hasta convertirla en esta Quema sin riendas.

Nos tiznamos el rostro. Nuestro grito auyentaba los animales. Regresaron el tambor y la danza.

Entonces, sólo entonces, dejaron de reír y vimos cómo empezaban a pertrecharse, pálidos, porque habíamos comprendido.

© leonardo torres londoño, obra en obra.
Para Mariel Manrique, por aquello de las escopetas.

Noviembre 8, 2009

Frente al mar

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« Yo no soy marinero »
La bamba
« Y el remo rema,
Interroga al agua »
Nicolás Guillén

Y ¿quieres que te hable yo del mar ?
No me lo pidas
Si lo tengo aquí
Frente a mis ojos

Dale que dale

Con todos sus azules y otros verdes
Y la espuma blanca
Blanca y deshecha
Y esas rocas rojas
Unas que surgen
Como buscando el aire enloquecidas
Cachalotes ariscos de granito
Y otras que parecen echarse en él
En busca de algún trozo de sí mismas
Con la nostalgia de los cataclismos

Todo es desorden
ausencia de dioses
Belleza que prescinde de preguntas
Si no es la cantinela impertinente
La copla regular del oleaje

El mar
Que compulsa sus transparencias
Con todas sus imágenes a cuestas
Como veleros quietos al abrigo
Del viento y de voraces capitanes

Yo no soy pescador ni marinero
Que sepa interrogar al agua
Sólo

Un hombre frente al mar y sin respuestas

© leonardo torres londoño, obra en obra, 2009
Agradecimientos especiales a Celebes por la fotografía.



Octubre 27, 2009

Relatividad del poema

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 12:14 pm
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relativismo

La poesía pasa como un vuelo de palomas
La escuchas
Gozas de su impecable aleteo
La formación en escuadra  el ritmo
El sabio usufructo de los vientos

por un instante
vuelas y
hasta tus ojos usurpan la vista vertical de la bandada

Un momento después
el cielo es sólo un silencio azul
No queda rastro

 

© leonardo torres londoño, obra en obra

Octubre 11, 2009

poemas de uno mismo

Desvelo

Despertar tantas veces, sin saber
cómo ponerle orden
(Un orden cualquiera)
A las horas que esperan como pichones hambrientos
Para devorarme.
¡Cómo quisiera creer entonces !
(Creer, así de sencillo),
Seguir una pancarta,
Enarbolar una bandera,
Poner un –ismo en mi carné,
Una utopía
Y, sin hacerme más preguntas,
Echar a andar con sólo
Un billete en el bolsillo
Y una sobredosis de presunta eternidad y certidumbres.
Todo en orden.

leonardo torres londoño, obra en obra, 2009

Agosto 28, 2009

poema para emigrantes

No es la tierra que está bajo pies por donde yo camino.
En ella estuve y la dejé, la envolví en los sueños; algo habrá quedado en mis zapatos.

Ignoro la dirección de mis pasos.
Pasa el sol al sur de las ventanas, el norte es mensajero del frío, y lo demás, alegaciones.

Las estaciones han suplantado a la montaña.
De oro son las horas, la prisa por llegar, no la paciente geografía.

El verbo es compañero de las nubes.
Cambia de color, cambia de forma. Nunca se anuncia, después desaparece.

¿Hablo yo aquí ? ¿Habéis oído mis pasos ?

© leonardo torres londoño,

Julio 16, 2009

Poema de la siesta

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 8:13 pm
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Siesta

Cerrar los ojos,

Y al abrigo del puro mediodía
Dejar venir por la penumbra
La onda íntima del sueño,

El canto que a la orilla irresistible de los párpados
Entona la sirena,

Llamándonos

Con el melisma oscuro
Donde manan, disonantes,
Los vértigos del alma.

© leonardo torres.

Junio 15, 2009

A la muerte de un amigo

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 5:18 pm
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Javier

En el ciego paisaje suspendida
La memoria repasa viejas cuentas.

Javier González Luna

Anoche murió un viejo amigo.
No sé qué más decir.
Llamé a su puerta,
Vino a abrirme la Muerte,
Muy señorona :
No dio explicaciones,
Me sirvió un dolor incómodo, amargo.
Los recuerdos maullaban alrededor.

Dejó pendiente alguna cuenta,
Dos o tres llamadas,
un reencuentro;
Quedaron también sedientos sus discípulos,
En borrador sus borradores;
A sus palabras les queda todo el tiempo :
Fermentarán entre el olvido y la lealtad de la memoria.

A la memoria de Javier González Luna (1954-2009)

Mayo 17, 2009

poema del diario vivir

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 4:56 pm
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Cotidiana

Todos los días me levanto conmigo,
llego hasta la puerta y al abrirla dejo en casa el esqueleto que no supo en la noche resolver los enigmas.
En la jornada las olas zarandean la barca.
Avanza la hora, el quehacer cotidiano.
Lejos de mí mismo, el mascarón guarda su imperturbable apariencia.
No hay nada en las redes.
Vuelvo, me quito el abrigo.
Un saco de huesos me acoge en el quicio, me abraza,
Y después de lavarlos, en la luz de sus órbitas se pone mis ojos.
Me tomo la sopa.
El mundo me interroga por una ventana.
Las preguntas se acumulan en una pila de expedientes :
Las palabras no alcanzan.
Tampoco los avatares.
Llego, entero, yo mismo, hasta la cama.
Los sueños me pican, viva, la carne.

© leonardo torres l, obra en obra, 2009

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