proseguir el balbuceo
hasta palpar en la yema del vocablo
el vestigio vivo la promesa de la
flor que afirmará mañana
con algo más que las palabras con la
fuerza impertinente de sus pétalos
aquello que
(desde siempre
repetido en la herencia del silencio)
nos precede
nos reintegra en la tribu
aaa
y vuela
y sangra
…
y nos define
…
leonardo torres londoño, obra en obra, 2012
Querido Leonardo, me encanta este poema, desde la utilización de las palabras, frases que penetran y sacuden, como la “yema del vocablo” , “la fuerza impertinente de sus pétalos” o eso “que nos precede nos reintegra en la tribu”, pasando por la musicalidad que le imprimes, un sonido de agua, casi “debussyniana”. El justo uso de las conjunciones, al final, le termina de imprimir fluidez y permite que el poema se desgrane y se deslice, y llegue así a lo que ahonda; vas apartando palabras y es la poesía la que llega y te alcanza en los últimos versos, en esas palabras que vuelan , que sangran, ya está ella ahí, uno, entonces siente ese desasosiego de lo que apuntas, uno siente el algo que penetra y casi duele porque sabe lo que es pero la palabra es rebasada, llegas a tu gran tema , al Das Ding, a eso que es herida, es muerte , es lo real y es el vacío, que es en última instancia, lo que acoge en el recipiente (como diría Heidegger o como se respira en la filosofía oriental), y paradójicamente, es lo que conforma la Vida y todo lo singular de saber que es imposible nombrarla en su totalidad. Lo humano, demasiado humano del poema, en tanto viene tocado por las tres heridas de Miguel Hernández: la del amor, la de la muerte y la de la vida. Lo que es tema permanente en la filosofía, tú lo susurras al oído, sabes que sólo puede balbucearse…
un abrazo que vuela
Comentario por anamarìa — febrero 16, 2012 @ 1:47 am
te dejo este fragmento de Hölderlin:
Lleno está de méritos el Hombre, mas no por ellos, sino por la Poesía ha hecho de esta tierra su morada
Comentario por anamarìa — febrero 16, 2012 @ 2:08 am
Gracias anamaría, sin duda, si no existiera algo de aquello que la poesía intenta atrapar, al gran predador le quedarían pocos méritos y para algunos de nosotros la estancia en el mundo sería más difícil aún.
un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — febrero 19, 2012 @ 11:19 am
Anamaría, yo sé muy pocas cosas en verdad. La ‘virtud’ del poema es, quizás, la de permitirnos divisar, a través de las palabras, de los encuentros que producen las palabras y el sentido que esos encuentros provocan, temas que la filosofía aborda, pero que son la simple materia de lo humano, la materia del poeta. En la búsqueda del vocablo justo hay cada vez algo que se nos escapa, nunca estamos seguros de su escogencia, no seríamos capaces de justificar la elección, el poema ‘se construye a sí mismo’, por decirlo de alguna manera, se va abriendo caminos a partir de lo que quiere decir en una primera intuición hasta las diversas interpretaciones a las que se abre finalmente, después de pasar por el bosque de las palabras y haber recogido sus hierbas, insectos, ranitas, piedrecillas y hojas y flores y aromas: el poema es ese ramillete en el que hay mucho de azar y un poco de oficio.
Hablas de cierta melodía, ya sabes que es una de mis debilidades, pero con el tiempo he descubierto que no se trata solamente de la búsqueda de una melodía; pienso que el poema, en un mundo desarticulado, en una vida donde nosostros mismos nos parcelamos constantemente, no puede contentarse con hacer un retrato sintáctico de esta situación. Me parece que el poema es el lugar donde podemos re-cogernos, articularnos, re-unirnos por un instante… que, por un instante, exista un flujo en el cual conciliarnos.
Somos todos los hombres.
Un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — febrero 19, 2012 @ 11:42 am