prescindir de la imagen
una vez
del espejismo equívoco que
pretende más que nada a la belleza
del son que apunta a la memoria
disponer el sintagma
escueto
frente a lo que nombra
reconocerse sin apelar al artificio
el temblor su epíteto
el palpitar su tiempo
y que otro se reconozca
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
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Leyéndote me acordé de un poema de un gran amigo, Emiliano Alvarez, mexicano, que acabo de leer. No trata el tema desde tu mismo lugar, no trata el tema con tus maneras, pero lo trata, y por eso lo he recordado. El poema que te transcribo es el último de un libro largo, llamado Nomen. Es el poema que da respuesta a la pregunta que se hace y desarrolla a lo largo de todo el libro.
(Epílogo)
Vuelvo a escribir tu nombre. De su simplicidad de tinta
se desprende algo como una verdad tangible.
Todo lo que he mencionado es su periferia,
la baba metafísica que irradia, como un estero turbio.
Todo lo que he mencionado es una pátina de polvo
hilvanada usando el cuerpo vacío.
Lo sé, cuando te siento respirar, como un arroyo, o cuando
pienso que sin estas líneas, tu nombre sería el mismo.
Ah, pero la quijada del nombre, su nerviosismo,
su fragilidad seductora que parece decir explórame,
dependo de tu tacto, su reino de mujer sonámbula,
de luz desmedida, su espera de vaso lleno.
Leo la partitura de tu nombre; es decir:
abro su baúl de tinta con mi voz:
Al fin y al cabo, lo único que importa
en este instante azul y evanescente
es que vuelves la cabeza si me escuchas.
Comentario por María Tabares — diciembre 7, 2011 @ 12:45 am
Gracias, María, por establecer estos lazos secretos y sin mares ni fronteras. Las palabras nunca alcanzan el meollo de las cosas, se acercan, esbozan, evocan, invocan, pero mientras algo se mueva, o se dé la vuelta o se reconozca cuando las sacamos fuera, vale la pena decirlas.
un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — diciembre 7, 2011 @ 2:50 pm
“reconocerse sin apelar al artificio
y que otro se reconozca”
otro poema se reconoce..El intento de prescindir de la imagen ensartada a la palabra, hasta que sólo quede el temblor y el pálpito,parece conducirte a este reconocimiento que pones en cursiva, a este nuevo poema gestado en el vientre del otro, allí donde pasas el tamiz para separar el oro de la arena,y así quieres devolver a la palabra la experiencia directa del ser que la alimenta. Despojarse de la imagen, ir más allá de ella es posiblemente una tarea del poeta que se sabe Otro, que se explora y no quiere entretenerse en la habilidad de la imagen para el atrapamiento, Propones que la poesía no se quede en la belleza, ni en la memoria , ni en la palabra misma, sino que se adelgace tanto que nos atraviese hasta sacarnos el poema que nos vive: (…hasta exprimirnos el zumo de la ferocidad, su transparencia, su infinitud…)
me gusta este poema que se despoja, estos versos-hojas que van cayendo con una lentitud de otoño …
un abrazo pálpito y temblor
Comentario por anamaría — diciembre 8, 2011 @ 3:56 am
…y tu verso prescinde y reconoce
el otro le abre el latido y lo pervive
le deja el agua germinada
el atributo
Comentario por anamaría — diciembre 22, 2011 @ 1:09 am
Ir hacia la palabra siempre sería ir hacia cierto despojo, aunque también puedo concebir el poema como un instante y lugar donde la palabra se vuelca sin medida, como una inundación, un flujo incandescente. Pero en ambos casos, se trata de evitar el espejismo, me parece, algo con lo que se ha relamido demasiado la poesía. No sé qué tanto lo logro, soy un aprendiz en cada verso; sin embargo, me preocupa también, paradójicamente, privar a la palabra de su capacidad para la sorpresa o para el hallazgo que, al fin y al cabo, es algo que el lector siempre ha buscado en la poesía, esa disponibilidad para apuntar hacia la belleza de la imagen justa, certera. Por entre esos dos caminos voy, a lo mejor, pero tratando (o esperando?), en ambos, que el reconocimiento de otro sea posible. Es ese reconocimiento que nos permite volver a ser el ser que somos, ya no el poeta.
Nunca agradeceré lo suficiente, tus maravillosas lecturas de las que no me siento digno.
pálpitos y temblores para ti
Comentario por Leonardo Torres — diciembre 22, 2011 @ 6:11 pm
¿Dónde estás este diciembre, querido Leonardo?Ojalá tengas una feliz Navidad con los tuyos. Y que la inspiración sean el regalo que te llegué dado por las musas. Un abrazo.
Comentario por María Tabares — diciembre 24, 2011 @ 1:19 pm
Como siempre encuentro un hermoso poema, el eco de algunas inquietudes. El escrito interpela a buscar incluso más allá del resplandor que tienen las cosas verdaderas.
Un abrazo y felicidades en el Año del Dragón.
Comentario por Niée — enero 9, 2012 @ 5:23 pm
Ser eco de tus inquietudes, Niée, le otorga cierta materialidad sonora a mi existencia y justifica mis palabras. La imagen puede no encerrar nada, puede ocultar la nada; y la tentaciôn de la belleza, de la grandilocuencia, siempre nos acecha. Es una lecciôn que debemos repetirnos. Todo resplandor encandila, es bueno esperar que la pupila, o el corazôn, o la inteligencia, se repongan del fogonazo.
Igualmente para ti, un abrazo y muchas cosas buenas para este recomenzar de calendarios.
Comentario por Leonardo Torres — enero 10, 2012 @ 6:53 pm
“pretende más que nada a la belleza”
¿Sólo la belleza? No descarto que sea así, pero a veces me planteo si también puede pretender reafirmar nuestra propia identidad mediante la búsqueda -en la imagen, de manera primaria, superficial y principal- de la diferencia con el otro.
Comentario por Celebes — febrero 6, 2012 @ 6:00 pm
Sin duda, Celebes, la imagen puede pretender a muchas cosas pero, a menudo, me parece, no escapa a esa aspiración a la belleza o a la sorpresa o al hallazgo brillante, pasando al lado del blanco que pretende alcanzar, fascinada por su propio encanto. Olvidando que el poema debe decir lo justo.
Gracias por tu lectura fiel y siempre interrogante
Un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — febrero 7, 2012 @ 9:59 pm
Sin duda. Y más hoy, que ansiamos ir de asombro visual en asombro visual, de fogonazo en fogonazo, olvidando que la lectura de un papel con unas letras escritas a la luz tenue de una vela puede ser maravilloso, revelador …
Menos mal que está la poesía.
Comentario por Celebes — febrero 9, 2012 @ 8:26 pm
Exactamente, Celebes. Creo que la poesía (y puede ser una foto también…) no tiene porqué participar de esos fogonazos, de esa necesidad del asombro visual en la que tanto se cae y que siempre está allí como tentación.
Un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — febrero 10, 2012 @ 4:54 pm