Hay un atrás que no es atrás
sólo geografía un antes
cascarón roto del que queda
su arenisca sola pasando sola por
el cuello estrecho de los años
aaa
cuando fuimos ojos
todo temblor y
todo ojos
y las palabras brotaban a tientas
del ramaje sediento del iris
pero seguras ya de su denuedo
aaa
antes del cómputo antes
aaa
ni siquiera el mañana cabía en la mirada
cubiertos como estábamos del pelaje azul de los cachorros
aaa
pero
aaa
mudamos
y abandonada la piel entramos en las máscaras
echándonos encima el tiempo
ataviados de por vida
aaa
hoy
pregunto
pregunto antes de dejar que la muerte selle los reencuentros
si no es este atrás otra dirección posible
y su huella un derrotero
una vigía
aaa
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2012
desarbolar el recuerdo y rescatar para el surco el ojo y el temblor, íntimo ejercicio necesario de repensar la infancia, de recobrarla, no como ejercicio proustiano de la memoria, sino como ejercicio de hurgar en las entrañas antes de la muda y volver a deshabitar el tiempo
“ni siquiera el mañana cabía en la mirada
cubiertos como estábamos del pelaje azul de los cachorros” : toda intemperie, todo inicio en estas imágenes tan hondas; se puede percibir entre las palabras la respiración acelerada y frágil del cachorro.
“y abandonada la piel entramos en las máscaras
echándonos encima el tiempo” ,estos versos me trajeron resonancias rilkeanas (octava elegía ) ese entrar en el espacio donde “todo es distancia ”
querido Leonardo, tu poema es piel que muda y tiembla desde esa vigía del final que invita a releerlo, a regresar al cascarón y acunar la arenisca e intentar esa otra dirección, otro atavío
me encantó
abrazos de pelaje azul
Comentario por anamaría — noviembre 24, 2011 @ 1:26 am
Leonardo, cómo me ha gustado este poema y emocionado. Tiene para mí mucho sentido lo de volver atrás, como un camino también posible, en el rescate de nuestra naturaleza auténtica. Un acto épico, el gesto más heróico que podríamos tener con nosotros mismos. Esa naturaleza de cuando éramos cachorros de hombre, de cuando éramos como dices “todo temblor, todo ojos”, es como un grial.
Un abrazo,
Comentario por Niée — noviembre 27, 2011 @ 2:55 pm
Leonardo, es.
¿Conoces a Yannis Ritsos? Yo he estado leyéndolo en un libro llamado Sueño de un mediodía de verano, a propósito del tema de la infancia. Tal vez, acercarse a él te aligere como un niño en este momento.
Comentario por María Tabares — noviembre 29, 2011 @ 2:41 am
anamaría. difícil responder a tan bella y, a lo mejor, inmerecida lectura. La infancia, el conservar su inocencia, siempre me han parecido esenciales para sobrevivir. La poesía forma, sin duda, parte de ese rescate. Que su pelaje azul no mude!
abrazos
Comentario por Leonardo Torres — noviembre 29, 2011 @ 5:54 pm
Sí, querida Niée, tenemos que beber de ese cuenco. Es una dirección que la edad adulta nos obliga tanto a borrar de nuestros portulanos! O a guardarla oculta como si fuera una terrible y vergonzosa debilidad! Nos vamos acorazando, hasta olvidarnos de esa blandura que correspondía a la blandura con la que el mundo estaba dispuesto acogernos. Blandura que es pálpito, impulso, curiosidad y, sin duda, una forma sutil de arrojo. Que prosiga el temblor!
un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — noviembre 29, 2011 @ 6:01 pm
He leído algunas cosas de él pero no éste que mencionas, María. Seguiré, pues, tu consejo. La levedad (en el buen sentido) nunca es mala compañía y por antónima que sea, tiene mucho de gravedad. Como los niños.
Un abrazo
Comentario por Leonardo Torres — noviembre 29, 2011 @ 6:05 pm
Vuelve atrás Leonardo… Tan sólo unos años atrás… y recuerda nuestras caminatas…
Y no me dejes en el olvido…
Comentario por Mafe — noviembre 29, 2011 @ 10:55 pm