Tajalápiz

agosto 30, 2010

Poema de la sabana cundiboyacense


Almaguer

Primero está la casa,
roja,
lenta,
y su constante atardecer,
su amanecer, cada domingo,
sobre un ayer de ruinas que se ha quedado en la memoria
y otro ayer vernáculo y cobrizo,
vencido,
bajo los cimientos.

Y el nombre de Almaguer.

Pero antes ya estaba la tierra
reclinada en la huerta,
repitiendo su rosario de lunas y de arvejas,
sacándose del vientre tíbares, acacias desdentadas,
bosques de niebla y sietecueros :
la tierra negra y tenaz como al principio
con su manto de milagros cotidiano.

Y el nombre de Almaguer.

Y antes fue el agua,
la piedra y el agua,
la cascada bañándose desnuda,
coqueta, obcecada,
golpeando entre arcoiris de escarcha
la roca que pone fin a los silencios
del chusque mirón o del tachuelo.

Y el nombre de Almaguer.

Y antes la montaña,
irregular,
que tumbo a tumbo y retardando el infinito
da la espalda a la sabana
y coge el monte por saberse cordillera,
cumbre, cima, isla de cielo adentro,
donde las nubes más tozudas se amotinan
y abandonan, hartas, sus cargas de aguaceros.

Y el nombre de Almaguer.

Luego, sólo luego,
vino la herencia arborescente de los muertos,
en cuyas ramas la tarde cuelga
su hamaca y mece
intermitentes recordaciones.

Y el nombre de Almaguer.

Y un día, hoy,
un hombre, una mujer,
un soplo de vida a cuatro manos
y el milagro de nombrar
el nombre de Almaguer.

A P y Erre en su refugio.

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15 comentarios »

  1. Gran Poema Tajalápiz, que bueno volver a leerlo.

    Un saludo.

    Comentario por Tomáz — agosto 30, 2010 @ 7:35 pm

  2. Veo que vuelves con fuerza, es un bello poema el que nos dejas, que desborda pasión y añoranza de una tierra, y el recuerdo de los amigos lejanos. Un placer volver a leer tu obra.

    Un abrazo.

    Comentario por Ernesto — agosto 31, 2010 @ 10:30 am

  3. Gracias Tomáz, estoy sacando algunas cosas de los cajones porque llegó la hora de trabajar otra vez. A mí también me alegra volver y encontrar a mis fieles visitantes.
    Saludos

    Comentario por Leonardo Torres — agosto 31, 2010 @ 2:08 pm

  4. Ernesto, gracias. La verdad éste es un poema escrito para mi hermana y su esposo hace ya algunos años cuando compraron una casita en el campo (que se ve en la foto) y que, por personal y anecdótico, no estaba seguro de colgar en el blog, pero quería nombrar mi tierra y el poema alude a ese territorio Muisca donde nací y se encuentra la finquita cuya geografía y vegetación intento evocar, al occidente de la Sabana de Bogotá y camino del páramo de Guerrero.
    Un abrazo

    Comentario por Leonardo Torres — agosto 31, 2010 @ 2:13 pm

  5. El nombre de Almaguer… Bellos son los recuerdos que dan pie a tan hermosos, tan apacibles y rotundos versos.

    Y siempre esa palabra que se cuela precisa, la tuya, intransferible.

    Feliz regreso

    Comentario por Jose Zuniga — agosto 31, 2010 @ 3:05 pm

  6. Jose, gracias por estar. En efecto, a los recuerdos hay que trabajarlos para que perduren más allá de la memoria. Y como no tengo más que la palabra, pues hay que tratar de aproximarse lo más posible.
    Un abrazo

    Comentario por Leonardo Torres — agosto 31, 2010 @ 8:23 pm

  7. Lindo, lindo, poema. El ritmo, el verso que se repite y nombra “y el nombre de Almaguer”, el ir del ahora para atrás en un tiempo incontable para regresar.
    Desmenuzando:
    la primera estrofa es muy hermosa, lo lleva a uno de la mano y cae, como cuando una piedra ocupa su lugar exacto, “y el nombre de Almaguer”.
    La segunda estrofa, es aún más bonita y poderosa. Es perfecta. No se repite nada, no le sobra nada, no le falta nada.
    La tercera, abre bien. El agua… El segundo verso me estorba, creo que sin él no pasa nada, y lo que sigue fluye también en su belleza.
    La de la montaña, no sé…
    La que sigue viene bien y es como el corazón, puro, del poeta expuesto sin tapujo en el poema. “Intermitentes los recuerdos”, ¿no te suena mejor?
    Luego, el último, me sorprende y cierra bien, en el ahora:
    Y un día, hoy, (esto también es lindo)
    un hombre, una mujer,
    un soplo de vida a cuatro manos (muy bonito)
    y el milagro de nombrar
    el nombre de Almaguer. (también, pero humm. No sé…)

    Comentario por María Tabares — septiembre 1, 2010 @ 2:02 am

  8. Bueno, María, es de esos poemas a los que uno les tiene cariño porque son una manifestación del afecto por los seres queridos y entonces les perdonamos ciertos pecadillos. El final, por ejemplo, es verdad que hace falta algo, a mí tampoco acaba de convencerme, siempre he tratado de rehacerlo, pero nada. La voluntad de nombrar la vegetación puede ser una de las debilidades por lo que tiene de ejercicio. La tercera estrofa tiene el problema de encontrar algo original que decir acerca del agua, el segundo verso es más un efecto rítmico aunque asocia dos minerales inseparables, y quizás hay cierto abuso de los adjetivos! la de la montaña, es un intento de reproducir su movimiento pero, en efecto, acaba siendo muy insistente. Las recordaciones, me gustó la palabra, hay como una connotación verbal, activa de la que carece el sustantivo recuerdo, así como un matiz añejo, desusado. Tu propuesta, es verdad, no cambiaría nada realmente. Es un poema quizás demasiado descriptivo y en el que el poeta no se implica completamente porque el contacto con el lugar que describe no es lo suficientemente fuerte, falta pertenencia aquí, entraña.
    Un abrazo

    Comentario por Leonardo Torres — septiembre 1, 2010 @ 9:45 pm

  9. ¡¿Qué?!¡¿Pues no estoy de acuerdo!: “es un poema quizás demasiado descriptivo y en el que el poeta no se implica completamente porque el contacto con el lugar que describe no es lo suficientemente fuerte, falta pertenencia aquí, entraña.”
    Estás como loquito. El poema vale mucho la pena.

    Comentario por María Tabares — septiembre 2, 2010 @ 2:11 am

  10. Leonardo, aprecio que compartieras con nosotros tus lectores un poema más personal que otros, y que además me ha gustado mucho.
    Un abrazo,

    Comentario por Niée — septiembre 2, 2010 @ 2:28 am

  11. Bueno, María, a mí me gusta, claro, y como lo decía es un poema destinado a seres cercanos y queridos, pero como tú misma lo apuntas, tiene sus flaquezas desde el punto de vista estrictamente literario; y como todo poema puede ser ‘mejorado’. Lo que digo acerca de la falta de implicación es que aunque es un lugar querido y añorado, no tengo una vivencia tan fuerte como puede ser con la finca de mi infancia en Villeta. Aquí intenté celebrar una naturaleza que me abruma cada vez, pero me parece que el poema no alcanza a penetrarla completamente, no entra en el alma de los tíbares por ejemplo; aunque no esté mal y lo lea con placer, a lo mejor se queda un poco corto.
    Y he apreciado mucho que le metieras el diente de esa manera franca y leal.
    Un abrazo.

    Comentario por Leonardo Torres — septiembre 2, 2010 @ 9:39 pm

  12. Niée, te lo agradezco. Mis lectores más asiduos, entre los que te cuentas, se han convertido en algo muy importante. Cada texto que cuelgo lleva un poco o un mucho de mí y porque cada vez tengo miedo de defraudarlos me esfuerzo en publicar poemas que puedan tenerse en pie. Y bueno, creo que escribir una poesía en la que esté ausente el yo, algo que me gustaría por momentos ser capaz de realizar, está fuera de mi alcance.
    Vayan treinta y tres abrazos

    Comentario por Leonardo Torres — septiembre 2, 2010 @ 9:45 pm

  13. Me sumo a todos los demás y le felicito por estas primeras líneas y por las segundas, terceras … etc.

    Abrazos,

    Comentario por Celebes — septiembre 6, 2010 @ 12:18 pm

  14. Yo lo leo, sin técnica, de la que carezco, y me gusta. Quizá porque toca el campo, el monte, el agua… quizá, simplemente, porque tú sabes hacerlo.
    Buena noche desde Madrid: PAQUITA

    Comentario por paquita — septiembre 7, 2010 @ 9:55 pm

  15. Gracias Paquita. Importa llegar, eso importa.

    Comentario por Leonardo Torres — septiembre 10, 2010 @ 9:32 pm


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