El canto del grillo
Canta el grillo
en el fondo de la huerta:
su canto tiñe
la noche entre los árboles
oscuros, sometidos
al dictamen de las sombras.
Monótona estridencia
de una eternidad que no nos dieron,
su lento repetir
repite el engullir de la clepsidra;
oírlo es, sin embargo,
abrir la puerta a un trance
donde el jinete del verano pone
sol, en vez de lastre,
en la barquilla
con la que hacemos quites a la muerte.
© leonardo torres londoño, alforjas de sombra.
El canto del grillo ¿hace cuánto que no escucho su música? Gracias por recordármelo. Un abrazo
comentario por Lauren Mendinueta — Julio 2, 2009 @ 11:19 pm
Me agrada mucho la forma en la que un buen poeta ve las cosas simples…
Un saludo y suerte.
comentario por Tomáz — Julio 3, 2009 @ 3:26 pm
Estar atento al canto de las cosas menudas es indicio de un alma grande que no se deja embaucar por los espejismos.
Escuchemos el canto del grillo.
Abrazos
comentario por Stalker — Julio 4, 2009 @ 12:26 pm
Lauren: Me alegra que hayas podido ‘escucharlo’ un poquito a través de estos versos. Un abrazo para ti.
Tomáz: Nunca debemos perder de vista las cosas simples, esto me recuerda la bella canción que canta Mercedes Sosa, un saludo.
Stalker : Bienvenido, me alegra sobremanera tu visita y gracias por el comentario. Estamos rodeados de cosas menudas y somos, probablemente, cosa menuda en medio de la naturaleza y la vida; estar atento a ellas es estar atento a nuestra propia humanidad, creo.
Un saludo agradecido.
comentario por tajalapiz — Julio 5, 2009 @ 8:28 am
Como que el tema de la muerte no nos abandona, ¿no? Yo por lo menos quiero explorarla a fondo. Una profunda curiosidad me da su silencio, la imposibilidad de conocerla y retornar, lo viva que existe entre nosotros, lo mucho que nos duele y nos salva, lo tanto que la han cantado tantos que ya se han ido y, con conciencia o no, ya la conocen. Trabajo por eso en poemario exclusivo sobre ella.
De tu poema, me gustó muchísimo la primera estrofa. Iba leyéndola y fluía línea a línea en la lectura descubriendo con cada verso una imagen y escuchando su sonido. Lindo “su canto tiñe la noche” Tiñe…, lindo, lindo. Árboles sometidos a la sombra. Lindísimo
La segunda, aunque sin defecto, me exigió usar el intelecto. Hubiera preferido no tener que hacerlo.
Abrazo.
María
PD: Ya escuché la poeta que me mandaste. Tuve que hacerlo rápido pues ya salía. Volveré a escucharla. Le sentí mucha fuerza y poco falso adorno.
comentario por María Tabares — Julio 6, 2009 @ 1:10 am
María, el tema de la muerte es un tema fatal en toda escritura, incluso fuera de lo anecdótico. Como lo dices tú, hay demasiado para explorar gracias a la palabra. Ya tendremos ocasión de leer el recuento poético de tus exploraciones.
En cuanto al poema, sí, sin duda se intelectualiza demasiado en la segunda estrofa, pero bueno, es lo que pasa entre el acto simple de escuchar y lo que se nos va ocurriendo. Aquí me trabajaba la idea de la eternidad animal (Rilke), frente a lo efímero de lo humano y la ligereza del verano (el sol, los días largos, la alegría solar, el canto del grillo) que hace la vida más ligera. Pero claro que tienes razón, la poesía debería fluir entera, sin tropiezos de esta índole, conservar una determinada línea, pero es el riesgo que se corre cuando, sin estar muy armados intelectualemente, tratamos de conceptualizar las emociones.
Un abrazo y espero que puedas escuchar a Maillard pronto.
comentario por tajalapiz — Julio 6, 2009 @ 4:06 pm