Tajalápiz

Mayo 17, 2009

poema del diario vivir

Archivado en: Nuevos poemas, poesía — tajalapiz @ 4:56 pm
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Cotidiana

Todos los días me levanto conmigo,
llego hasta la puerta y al abrirla dejo en casa el esqueleto que no supo en la noche resolver los enigmas.
En la jornada las olas zarandean la barca.
Avanza la hora, el quehacer cotidiano.
Lejos de mí mismo, el mascarón guarda su imperturbable apariencia.
No hay nada en las redes.
Vuelvo, me quito el abrigo.
Un saco de huesos me acoge en el quicio, me abraza,
Y después de lavarlos, en la luz de sus órbitas se pone mis ojos.
Me tomo la sopa.
El mundo me interroga por una ventana.
Las preguntas se acumulan en una pila de expedientes :
Las palabras no alcanzan.
Tampoco los avatares.
Llego, entero, yo mismo, hasta la cama.
Los sueños me pican, viva, la carne.

© leonardo torres l, obra en obra, 2009

14 comentarios »

  1. Cómo me ha gustado eso de la picazón de los sueños en la carne, imagino un cuerpo que se rebela, que desafía a su ánima a buscar más sentido.
    Siempre más.
    Cariños,

    comentario por Niée — Mayo 18, 2009 @ 4:25 am

  2. No está mal lo de dejar el esqueleto en casa y que a la vuelta te espere.

    Un saludo y buena semana

    comentario por bardinda1 — Mayo 18, 2009 @ 1:52 pm

  3. Intensa crónica de un día corriente, mostrando y transmitiendo tantas y profundas sensaciones. Lo más duro tal vez es el comienzo, perfectamente retratado por ti: “Todos los días me levanto conmigo”, lo más dificil, sin duda, y siempre necesario para afrontar la jornada.

    Un abrazo Leonardo.

    comentario por Ernesto — Mayo 18, 2009 @ 4:50 pm

  4. A mí también me gusta este último verso, que no escribí yo sino que fue escrito por el poema mismo, salió de él y quizás lo enriquezca, en todo caso, es lo que espero.
    Un abrazo para ti

    comentario por tajalapiz — Mayo 21, 2009 @ 5:05 pm

  5. Bardinda: Bueno, creo que el que anda por ahí figurando en las calles y en el trabajo no siempre es, para bien o para mal, el mismo que se va a dormir cada noche.
    Un saludo y gracias por pasar.

    comentario por tajalapiz — Mayo 21, 2009 @ 5:08 pm

  6. Ernesto, cuánta razón tienes. Eso de levantarse todos los días es bien difícil y volver a ser y a estar alerta y a ser eficaz, eficiente, a veces para nada, la vida no nos retribuye todos los días.
    Un abrazo

    comentario por tajalapiz — Mayo 21, 2009 @ 5:12 pm

  7. Me encantan, como siempre, tus relatos, el horror mezclado con la cotidianidad y encima en el marco del mar, cada uno de nosotros somos varios aunque sólo tengamos un cuerpo y un esqueleto. ¡A veces, es verdad, la vida no nos retribuye lo bastante, no nos compensa pero quizá nuestro deber es ese seguir dándonos a ella!, la historia, el mundo, al final se quedará con todo lo que aportamos y, en tu caso, tú nos das a nosotros que somos parte de vida.
    Felicidades de nuevo y ánimo porque das a diario, estás dando.

    comentario por Carmen Aliaga — Mayo 22, 2009 @ 8:33 am

  8. Con este lograste sacarme una sonrisa en el cierre. Después de la dureza del día, “Llego, entero, yo mismo, hasta la cama./Los sueños me pican, viva, la carne.” y todo se esfuma, por lo menos por una noche.

    “No hay nada en las redes…

    El mundo me interroga por una ventana…

    Las palabras no alcanzan.

    Un saco de huesos me acoge en el quicio, me abraza,
    Y después de lavarlos, en la luz de sus órbitas se pone mis ojos.”

    Esto último es misterioso pero muy hermoso. Dice algo por allá en el fondo; parece que cantara algo de econtrarse consigo mismo al calzar los propios ojos. ¡Lindo!

    comentario por María Tabares — Mayo 23, 2009 @ 2:41 pm

  9. Carmen: Todos vamos por ahí no siempre con nuestro esqueleto, no siempre nos llevamos consigo, ¿dónde dejamos a diario los sueños? Creo que sólo siendo completos podemos dar. Gracias. Un abrazo

    comentario por tajalapiz — Mayo 23, 2009 @ 5:41 pm

  10. De eso se trataba, has visto bien, te has calzado bien los ojos…
    Un abrazo

    comentario por tajalapiz — Mayo 23, 2009 @ 5:48 pm

  11. El durmiente del valle

    Un rincón de verdor donde un arroyo canta

    Emperchando a lo loco en la yerba rasgones

    De plata; donde el sol, desde altiva montaña,

    Reluce, un vallecito que hace espumas de luces.

    Boquiabierto, un soldado joven con la cabeza

    Descubierta y la nuca bañada en berro azul,

    Duerme; está tendido en la hierba, bajo nube;

    Pálido en verde lecho donde llueve la luz.

    Con los pies en los lirios, duerme. Sonriendo como

    Lo haría un niño enfermo, duerme un momento.

    Natura mécelo cálidamente. Tiene frío.

    Ya no agitan perfume las ventanas

    De su nariz; al sol duerme, la mano al pecho.

    Tranquilo. En su costado tiene dos hoyos rojos.

    Arthur Rimbaud

    Octubre de 1870

    (¿Ésta hermosura es de la que me hablas como el soldado muerto? Es muy triste)

    Mira que justo en este momento estoy frente al mar, cerca a Tolú, y desde acá, donde escribo, lo escucho y lo veo mecerse en vaivenes de plata. Al otro lado, me dices estás tú. Tal vez duermes. Descansa.

    Un abrazo.

    comentario por María Tabares — Mayo 23, 2009 @ 11:16 pm

  12. para algunos despertar es un tropiezo absurdo del camino

    comentario por marina — Mayo 24, 2009 @ 6:22 am

  13. Sí, éste es el poema. La mezcla entre el sueño y la muerte, ya está todo allí, y el contraste entre la naturaleza sonriente y el drama de la guerra al cual ella es completamente indiferente. La Guerra de 1870, precisamente.
    Tolú… un ya muy viejo recuerdo, que goces de los vaivens.
    Un abrazo

    comentario por Leonardo — Mayo 24, 2009 @ 3:00 pm

  14. Marina, tú lo dices, lo decía Segismundo. Muchas gracias por pasar, espero que tu bitácora se siga enriqueciendo con un mayor ritmo!

    comentario por tajalapiz — Mayo 24, 2009 @ 3:13 pm


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