la ciudad no miente
en eso
se parece a la noche
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2012
la ciudad no miente
en eso
se parece a la noche
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2012
ser
en el umbral de cada jornada
su propia dirección
un nuevo paso
de quien nunca alcanza su destino
si el mundo brota alrededor
desde la flor ser el ramaje
desde el ramaje la flor
la estación venidera
conservar
siempre
el temor de llegar
ser en el umbral de cada vez
la nueva etapa
y el que busca en la sombra el horizonte
y el camino
prescindir de la imagen
una vez
del espejismo equívoco que
pretende más que nada a la belleza
del son que apunta a la memoria
disponer el sintagma
escueto
frente a lo que nombra
reconocerse sin apelar al artificio
el temblor su epíteto
el palpitar su tiempo
y que otro se reconozca
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
Hay un atrás que no es atrás
sólo geografía un antes
cascarón roto del que queda
su arenisca sola pasando sola por
el cuello estrecho de los años
aaa
cuando fuimos ojos
todo temblor y
todo ojos
y las palabras brotaban a tientas
del ramaje sediento del iris
pero seguras ya de su denuedo
aaa
antes del cómputo antes
aaa
ni siquiera el mañana cabía en la mirada
cubiertos como estábamos del pelaje azul de los cachorros
aaa
pero
aaa
mudamos
y abandonada la piel entramos en las máscaras
echándonos encima el tiempo
ataviados de por vida
aaa
hoy
pregunto
pregunto antes de dejar que la muerte selle los reencuentros
si no es este atrás otra dirección posible
y su huella un derrotero
una vigía
aaa
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2012
apretar desde todas las periferias
que las semillas regresen a la mano del sembrador
para esparcirlo
gritar desde el borde desmoronado de las hélices
hasta extirparles el desespero a los goznes y arrullar
preñada ya
su soledad reciente
que silben las preguntas por entre las tablas machihembradas
para deshacer la ensambladura de la mentira
atarse por los costados al horizonte borroso
que los puntos cardinales giren en las aguas de los aserraderos
hasta perderse en la humildad sin rango del serrín
recoger la cosecha de los cuatro vientos
que pasen por el puño
que soplen al revés
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
Abrete,
que la flor alcanza su diámetro solar para morir y muerta acompañar a los muertos.
Abrete
que sale de su cauce el río,
la puerta de su quicio.
Deja a la creciente cubrir tus pies,
hacerte gris con el fango y alga con el limo y cuando el aluvión deposite tus huellas en la vega,
ser un junco más, una oquedad posible para el canto o el secreto.
el puente está quebrado,
así lo curaremos.
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
se ha quedado el sol
hurgando entre la noche
ha calcinado los rieles por donde suelen
subir
—–cargados
———–los vagones
ha desecho las traversas
dejando la mera superficie de las cosas
los ojos abiertos
las inminencias
no hace falta interpretar la cercanía oscura de las voces
la soledad crece bajo la luz
como crece en su temblor la aguja imantada del instinto
como crecen los caminos
las disyuntivas
sólo el albedrío se encoge intenta
protegerse de tanto escándalo
pero el sol le ha quitado al cansancio su follaje
aquí están los jardines el desierto
los instrumentos de medida
el mediastino
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
es esto lo que sé
las palabras se habían quedado allí para cumplir su predicado
sometidas a la quietud reseca de su sentencia y
calcinadas casi por su propio impulso
no eran pregunta
en la página no cabía siquiera la gestación de un eco como sola descendencia
ni el viso de un reflejo
¿qué lengua entonces podía acercarse así de frente
a relamer sus asperezas ?
¿qué lengua podía darles vuelta, revestirlas ?
y otras palabras se allegaron
tan otras como si fueran mías
como si cóncavas piedras de amolar
esposaran el filo desmentido de la esperanza
como muslos ávidos de echar a andar fémures exhaustos
otras palabras como rojo de las bocas como
cuerpos que vinieran a buscar en sus penates
la parte que de sí mismas carecían
y deshacer los desahucios
y romper los veredictos
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
¿arrancar qué
para que mi decir no muera nacido ?
¿dejarle al ramaje raquítico de mi lenguaje
sólo las yemas fértiles
aún en sus ojales de silencio
pero abiertas ya al otro
al otro que escuchando las fecunda ?
¿con qué saber hermético escogerlas ?
¿arrancarle qué a las palabras
su sino su pasado
la escoria que las cubre ?
¿qué ?
¿alterar su orden, quebrar sus coyunturas,
devolverles la inocencia,
su imperfección acicalada ?
O
¿lo que debo arrancar es
la piedra que somete los temblores ?
¿Ha de ser en mi la poda ?
© leonardo torres londoño, obra en obra, 2011
Este blog hace una pausa de verano. Dejo algunos poemas viejos que he desenterrado y cuyas cualidades literarias pongo en duda, pero son de esas cosas a las que les tenemos un apego particular más allá de todo juicio crítico.
Cierro también los comentarios, pues no podré contestar.
hasta pronto.
iniciación
Para no mentir, para no correr el riesto,
contendré la temeridad que enseñan al soldado :
sólo mencionaré
cierto ensueño de tolda donde golpea, fuerte, el viento.
Luego,
hablando de la muralla china (es un ejemplo)
diría algo acerca de
la fortaleza, su fantasía.
Sin embargo
y para no mentir, para correr el riesgo,
después de un rato
construiría frases con la ternura.
canción
Otra mañana de abril se orilla en la ventana,
husmeando desde el aire
un recuerdo que el polvo matinal levanta.
La evancescente claridad evoca
el jardín donde la infancia, jineteando un cerezo,
preservó para esos años la inocente perfección del mundo. (1982)
« Señales de vida »
(título de una película de W. Herzog)
Aquel hombre, dicen, amaba las piedras
y el trajín de la dureza. Hablaba
de un sol que no da tregua,
refería historias de un corazón de aceite,
predicando hasta el cansancio
impasibilidad y certidumbre.
« irremediablemente confinado en mi fatal
soliloquio
soy un hombre que teme al tarot »
escribió en los últimos días, rayando las paredes.
Su contricción reclamó el estallido de la pólvora :
así lo atestiguan
los rasguños en la puerta
y la sábana que hallaron atada a la ventana. (para RA) 1981
algo de Francis Bacon
al mirarse en el espejo oval de la mañana
se pasó la mano por el rostro
dejando al descubierto los trazos íntimos de su desdicha
su visaje de hombre
nada quedaba de sus sueños
ni el oleaje del horizonte
ni la cresta acerada de sus ilusiones
ni la reverberación equívoca de los espejismos
un manchón apenas
un rastro de sí mismo
para un acto de fé
muchos ya lo dijeron creo
que el universo está lleno de cosas inéditas
y que no siempre el misterio es pariente de lo oculto :
la sencillez de la geometría
o la aparición de un ángel
son tan sospechosos de serlo como el acto de empuñar un arma
secretos sencillamente
que no se proclaman a sí mismos
y sólo la ignorancia puede hacerlos feroces
como es feroz el poder de los hombres
algún día
cuando el pánico quiera morar en nuestras casas
habremos de rendirnos ante tal evidencia
(1983)
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